Breve narración de la 'tormenta perfecta'

  • Medel describe una crisis más potente que la del 'crack del 29' pero menos devastadora

Desde la crisis de los tulipanes, originada en la Holanda del siglo XVII por la especulación con los bulbos de la flor, hasta la crisis de las punto.com, en los años 90 del siglo pasado, todas las crisis son iguales. Una exuberancia económica en la que los activos suben y suben de precio hasta que estallan. Si en una de estas crisis confluyen varios factores, si no se debe a un solo factor, sino a una confluencia explosiva, nos hallamos ante la 'tormenta perfecta'. Esto ha sucedido esencialmente en dos ocasiones, en el crack del 29 y en otoño de 2008 tras la quiebra de la banca de negocios Lehman Brothers. Braulio Medel hizo un recorrido por esos factores que nos han abocado a una crisis que, para él, en su origen, era mucho más destructiva que la del 29, pero que ha resultado ser menos devastadora en el escenario mundial "por la determinación y fuerza de las administraciones públicas". Además, situó el escenario a la perfección, recordando que en el crack Estados Unidos y Europa significaban más del 80% de la economía mundial. En la actualidad, el papel de potencias emergentes de Asia y Sudamérica, muy ahorradoras, hace que las previsiones de la economía mundial se muevan en torno a un crecimiento del 4%. Esto no sucedió en el 29, lo que no evita que la vieja Europa, y en especial países como España, abandonada durante años a "una comilona" auspiciada por los créditos baratos que cocinó el euro, se haya adentrado en un agujero negro del que el presidente de Unicaja ofreció un año de salida con resonancias bíblicas: el sueño del faraón interpretado por José como siete años de abundancia y otros siete de hambre. "Si podemos fijar esta crisis en el verano de 2007, sumando otros siete años nos situaríamos en 2014... sí, pudiera ser". Y esta situación acaba en hechos conocidos, como sucedió con el New Deal tras el crack: "A grandes épocas en las que se predica la libertad de los agentes, siguen otras en las que se clama por un mayor control de las administraciones públicas".

Pero esta crisis también es una crisis de soberbia. "Se llegó a escribir que habíamos logrado acabar con los ciclos económicos, que nunca volveríamos a vivir una gran crisis, una contracción como la que estamos padeciendo. Los analistas pensaron que teníamos administraciones los suficientemente fuertes y métodos de control solventes para que esto no sucediera. Pero sucedió". Y la causa no es sólo una causa. "Las crisis económicas no son propiamente económicas. De hecho, son más una consecuencia de grandes cambios que una causa". En este caso, el desplazamiento del eje a los países emergentes está en el origen de un descalabro alimentado por el primer pecado de un sistema financiero: la falta de control del riesgo. Recordó a aquellos ingenieros que construyeron el Titanic y proclamaron que habían construido un barco que ningún accidente natural podría hundir. Nadie pensó en un iceberg, igual que los ingenieros del sistema financiero nunca pensaron en un 'bosque' de icebergs.

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