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Currito, como pez en el agua de Chapín

  • Brillante Sarmiento remató la faena regalando su camiseta a la grada y bailó en su gol una mezcla de bulería y cumbia

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El día en el que Esteban acertó con los cambios -supongo que esta semana habrá unanimidad- y la grada de Chapín adoptó a Brian Currito Sarmiento como hijo predilecto, el argentino se mostró como tal: un auténtico canchero. Ni el agua por el piso -tradicionalmente enemiga de los artistas del cono sur y que ayer amilanó y a más de un compañero y atenazó al equipo- pudo empantanar el arte del menudo xerecista, que salió a por todas. Y todas fueron suyas: las ganas y la gloria.

Ratonil, vivaracho y encendido, Sarmiento entró como Currito y salió como Curro. El faraón de Camas y el de Chapín. Brian encendió la mecha en un partido que se apagaba, y la mecha prendió por toda la grada hasta explotar de alegría con otra victoria -una más, y van once- del Deportivo. Hasta entonces, el ex xerecista Ismael mandaba en el audímetro, y eso que la tarde empezó con minuto de silencio en memoria de aquel que García llamaba 'Pablo, Pablito, Pablete' y del padre de Manuel Gil, jefe de seguridad.

Amenazaba lluvia, pero antes del partido escampó y un operario achicaba agua de la banda derecha de Tribuna, carril de Ismael primero y Carlos Calvo después. Vaya contraste. Typical Spanish.

Otro Calvo, José Manuel, lucía brazalete por última vez, y en el Fondo Sur una pancarta recordaba que 'Marta, te esperamos'. Salió el sol y salió el Xerez, pero se ahogó entre el césped mojado y el Alicante: los futbolistas parecían con miedo a perder la verticalidad, a caerse, a resbalarse... El campo estaba rápido, pero el Xerez jugaba lento. Así, a la grada le costó calentarse pero un centro y un remate a bocajarro de Antoñito avisaron que esto no es como empieza, sino como acaba.

Entre resbalones y caídas, bronca a Ismael, al árbitro y sus asistentes, el partido avanzó gris, como la tarde, y algo plomizo, como el cielo -hasta David Malo hizo honor a su apellido y cometió infracción en un saque de banda-, y la primera mitad murió con casi todo el estadio cantando a Ismael lo que le suelen cantar al portero visitante cuando saca de puerta, esa retahíla de adjetivos descalificativos y recuerdos para toda la familia propia y la bovina ajena.

Un paradón de Chema confirmó a poco de empezar la segunda parte que el Alicante iba a ser como el turrón, del duro, pero en esas el Romario del Polígono dejó su sitio a Currito de Jerez. El argentino tenía ganas de armarla y para empezar, provoca tarjeta. La grada acabó de uñas con Ismael, que se pinta las uñas, y muchos de los que hace poco le invitaban a copas acabaron gritándole borracho mientras el ex azulino salía del campo aplaudiendo al estadio.

Otros gritos, más constructivos, pedían a Bermejo que saliese al campo y metiese un gol. Relevo de Calle, una falta a Bermejo la convirtió Brian en arte de magia: arrancó como un cohete, Viqueira le echó el ojo y sacó rápidamente y le mandó el balón en largo, Currito se lo puso en el pié, encadenó tres pases a dos contrarios y en el tercero acabó en la hierba tras chocar con una Torrecilla. Penalti buscado y trabajado y gol de Momo, otro más.

Brian se creció, acaparó protagonismo, dijo aquí estoy yo y se echó el ataque de su equipo a sus espaldas. Y para rematar la faena llegó la sentencia, que Sarmiento celebró con un nuevo baile, mezcla de cumbia y bulería, y comenzó la fiesta en la grada: desde Fondo Sur se saludó a Fondo Norte, Preferencia y Señoritos, se pidió que botase Chapín, porque el que no hiciera es gaditano. Al final, Currito regaló su camiseta a la hinchada, más hinchada que nunca, y es que el xerecista anda más ancho que alto con su equipo.

Y todo esto, con Altidore -ya le llaman el Obama de Jerez- en el palco y Abel en la grada. Dos refuerzos de lujo para un equipo de lujo. Jugar se va a poner caro y Esteban va a tener un problema para escoger once.

Bendito problema.

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