Luis Rayo, el héroe olvidado del accidente ferroviario de 1971 en Jaén
El Gobierno franquista concedió a este sargento días después del accidente la medalla de la Beneficencia por su intervención, pero nunca llegó a recibirla.
La investigación apunta a la rotura de la vía como principal hipótesis del accidente de Adamuz
La madrugada del 12 de septiembre de 1971 la colisión de un tren Talgo que cubría la línea Málaga-Madrid contra un convoy de mercancías dejó seis personas fallecidas y 25 heridas cerca del apeadero de Marmolejo, en la provincia de Jaén.
El número de víctimas en el que fue uno de los principales accidentes ferroviarios del siglo XX en España podría haber sido aún mayor de no ser por las rápidas tareas de rescate que realizaron numerosos vecinos de los pueblos limítrofes.
Al frente de ese dispositivo se encontraba el sargento Luis Rayo Olmo, que era el comandante del puesto de Marmolejo, que, en compañía de los guardias del cuartel y de un buen número de voluntarios que se fueron sumando, llevaron a cabo un operativo de ayuda y rescate que permitió salvar vidas humanas.
Días después del accidente, el Gobierno franquista concedió a Luis Rayo la medalla de la Beneficencia para reconocer una intervención "tan rápida y eficaz como arriesgada y meritoria", según decía en la carta recibida desde el Ministerio de la Gobernación.
Sin embargo, el agente, fallecido en 2002 siendo ya capitán, no llegó nunca a recibir tal distinción, algo que sus familiares creen que se debió a que Luis Rayo no era una persona afecta al régimen franquista.
Carta al ministro Marlaska
"Mi padre murió sin recibir ese reconocimiento y yo llevo muchos años reclamando esa medalla porque me parece que es un gesto de reparación histórica", comenta a EFE su hija, Montserrat Rayo, que esta semana ha enviado una carta al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, exponiéndole el caso de su padre.
Rayo asegura que su padre "no era un guardia civil al uso de la época", sino que "mostraba cierta predilección hacia la instauración de la democracia y tenía un comportamiento más propio de las personas con ideología progresista".
De hecho, recuerda que en uno de los pueblos donde estuvo destinado, Mancha Real, los vecinos lo conocían como el "teniente rojo". Y aquí también, rememora, no tuvo inconveniente en abrir las puertas del cuartel a los miembros del Partido Comunista una vez legalizado el partido.
Luis Rayo sí que recibió, a título póstumo, en 2003 la medalla de oro de Marmolejo, aunque su hija no la recogió hasta un emotivo acto en 2022, dos décadas después de su muerte. Y el capitán Rayo también cuenta con el nombre de una calle en su pueblo natal, Noalejo.
"Creo que su audacia y entrega, más allá del deber, lograron salvar vidas y evitar un mayor sufrimiento entre las víctimas", evoca Montserrat Rayo, que recuerda cómo, siendo una niña, vio salir a su padre del cuartel para dirigirse, veloz, a ayudar a los heridos del accidente ferroviario.
La colisión entre el Talgo, que entonces era la alta velocidad de la época, y un tren de mercancías se produjo en el paraje conocido como Puente Quebrado, curiosamente el mismo trayecto de uno de los trenes accidentados esta semana en Adamuz (Córdoba).
Según las crónicas de la época, el choque se produjo en una curva pronunciada y visibilidad reducida, y el Talgo alcanzó por detrás a un tren de mercancías que circulaba por la misma vía y que se encontraba reduciendo su velocidad para realizar una maniobra de apartado en el apeadero de Arjonilla, próximo a Marmolejo.
Los heridos fueron evacuados inicialmente a los hospitales de Andújar y Jaén, mientras que los casos más graves fueron trasladados posteriormente a centros sanitarios de Madrid, como el Hospital de La Paz y la Ciudad Sanitaria Provincial.
Sin camillas ni ambulancias
Recuerda Montserrat Rayo que si ahora, en Adamuz, era lo más demandado la noche del accidente, en Marmolejo las camillas se tuvieron que improvisar con chapas y restos del tren siniestrado. "Solo tenían las manos y las primeras ambulancias fueron los coches de los vecinos", expone.
Las crónicas de los medios de la época también destacan la rápida actuación del personal sanitario, así como la colaboración de vecinos de Marmolejo y Arjonilla, las dos localidades más cercanas al siniestro, que acudieron de inmediato a prestar ayuda y a donar sangre.
El rescate se prolongó durante horas, especialmente debido a la necesidad de liberar a pasajeros atrapados entre los hierros (especialmente dificultoso resultó el rescate de una mujer malherida que perdió a su niño) y asegurar la zona para evitar nuevos riesgos.
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