Tragar: III. Vecinos

M está en paro y por tanto tiene mucho tiempo libre para regodearse en su autodesprecio y también para descubrir la razón de que el doctor Relimpio no pueda seguir tratándolo: sus servicios están monopolizados por un joven concejal del Grupo Ciudadanos en el Ayuntamiento de Sevilla con TOC. Ahora M es consciente de que al doctor Relimpio le motiva más este nuevo paciente que los otros, y comprende que hay cosas más importantes que él mismo. Que la gente común es desechable. Sin embargo, no deja de haber excepciones, como Dodi, con quien M ya comparte sus laxantes.

Tragar: II. Recuerdos al concejal

M tiene problemas. No comprende el mundo en el que vive, ni a las personas que lo habitan, sus antiguos compañeros de trabajo, sus vecinos… Tampoco qué es ser adulto. M es carne de psicólogo. Su madre ha muerto y después de enterrarla ha ido derecho a darse un atracón para luego vomitarlo. Es entonces cuando concluye que la comida es su vida. Que su existencia está controlada por todo lo que traga. En consecuencia, M se decide a escribirle sucesivos correos electrónicos a quien una vez fue su terapeuta, el doctor Relimpio, con la necia esperanza de obtener respuesta.

Tragar

"Tenía razón, doctor: la comida es mi vida. Cada minuto que paso sin comer estoy pensando en qué puedo comer cuando llegue la oportunidad. Y pienso en que, con el último bocado, la mano te arroja una vez más a tu sitio y que en ese momento sabes que la única reacción lógica es vaciar el estómago. Para poder seguir comiendo".