Educación financiera. Susana de la Puente hace una revisión de esta gran asignatura pendiente en España
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La banquera de inversión peruana y exvicepresidenta de J.P. Morgan para América Latina, Susana de la Puente Wiese, analiza cómo en un país donde millones de ciudadanos toman decisiones económicas trascendentales sin una formación básica en finanzas, la educación financiera sigue siendo una carencia estructural.
Para Susana de la Puente, banquera de inversión con más de dos décadas de experiencia en los mercados de capitales, uno de los grandes déficits estructurales de la economía española no está en la sofisticación de sus empresas ni en la capacidad técnica de sus profesionales, sino en algo mucho más básico: la educación financiera de sus ciudadanos.
Diversos informes del Banco de España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y la OCDE sitúan a España por debajo de la media de los países desarrollados en competencias financieras básicas. No se trata de formar expertos en productos complejos, sino de garantizar la comprensión de conceptos fundamentales como inflación, interés compuesto, diversificación, riesgo o endeudamiento responsable.
El coste de la falta de cultura financiera
La ausencia de educación financiera tiene consecuencias concretas. Familias que asumen deudas por encima de su capacidad real de pago, ahorradores que concentran su patrimonio en un solo activo, pequeños empresarios que confunden facturación con liquidez o jóvenes que retrasan indefinidamente el ahorro son situaciones frecuentes.
Tras la crisis de 2008, el foco del debate público se centró en la regulación y en la actuación de las entidades financieras. Sin restar importancia a esos factores, Susana de la Puente subraya que también existió un déficit de comprensión por parte de muchos ciudadanos que contrataron productos sin entender plenamente sus riesgos. La educación financiera no elimina la incertidumbre, pero sí reduce la asimetría de información y mejora la calidad de las decisiones.
Una carencia cultural. Susana de la Puente profundiza en las raíces del problema
Para Susana de la Puente el déficit no es únicamente técnico, sino cultural. Durante décadas, hablar de dinero ha sido incómodo en muchos entornos sociales, y la formación reglada ha relegado la economía doméstica a un papel secundario. Como consecuencia, numerosos jóvenes alcanzan la mayoría de edad sin saber elaborar un presupuesto, entender una hipoteca o planificar a largo plazo.
Esta laguna resulta especialmente preocupante en un contexto cada vez más digitalizado. Hoy es posible acceder a productos financieros complejos desde un teléfono móvil en cuestión de minutos. La democratización tecnológica ha ampliado oportunidades, pero también riesgos.
El auge de la inversión guiada por tendencias en redes sociales, la búsqueda de rentabilidades rápidas y la normalización del apalancamiento en productos de alto riesgo reflejan, en muchos casos, una cultura financiera superficial. Facilitar el acceso a los mercados es positivo, pero debe ir acompañado de formación y pensamiento crítico.
A ello se suma el desafío demográfico. El envejecimiento de la población y la presión sobre el sistema público de pensiones obligan a reforzar la planificación financiera individual. Sin conocimientos mínimos, resulta difícil anticipar necesidades futuras o complementar los ingresos en la jubilación.
Integrar la educación financiera en el sistema educativo
Tal y como apunta Susana de la Puente, la solución pasa por incorporar la educación financiera de forma estructural en el currículo escolar. No como actividad puntual, sino como aprendizaje progresivo desde edades tempranas. Conceptos como ahorro, riesgo, rentabilidad, inflación o fiscalidad básica deberían enseñarse con naturalidad.
Las iniciativas impulsadas por el Banco de España y la CNMV en el marco del Plan de Educación Financiera son pasos positivos, aunque todavía limitados en alcance. A su juicio, se necesita una estrategia coordinada entre administraciones educativas y organismos supervisores que garantice continuidad, evaluación y actualización de contenidos.
El objetivo no es promover una ideología económica concreta, sino dotar a la ciudadanía de herramientas objetivas para desenvolverse en un entorno complejo. Entender la diferencia entre renta fija y renta variable o saber interpretar una TAE forma parte de las competencias básicas de cualquier ciudadano.
El papel del sector financiero y de las empresas
La responsabilidad no recae exclusivamente en el sistema educativo. Según Susana de la Puente, el sector financiero también debe asumir un compromiso firme con la transparencia y la pedagogía. Durante años, el lenguaje excesivamente técnico y la documentación compleja han dificultado la comprensión por parte del cliente medio.
La digitalización permite incorporar simuladores, comparadores y explicaciones visuales que faciliten decisiones informadas. La relación entre entidad y cliente debería evolucionar desde la mera comercialización hacia un modelo más formativo y de acompañamiento.
Para la experta en inversión también es necesario reforzar la formación financiera en el ámbito empresarial, especialmente en pequeñas y medianas empresas. La correcta gestión del circulante, la planificación de tesorería y el acceso a financiación en condiciones adecuadas son factores decisivos para la supervivencia del tejido productivo.
Educación financiera e igualdad. Susana de la Puente pone el foco en lo social.
La educación financiera también tiene una dimensión social. Quienes cuentan con mayor acceso a información y asesoramiento tienden a tomar decisiones más eficientes y a acumular patrimonio de forma sostenida. En cambio, la falta de conocimientos básicos suele traducirse en mayores costes financieros o en exclusión de oportunidades de inversión.
Esta brecha informativa puede ampliar desigualdades preexistentes. Por ello, la educación financiera actúa como herramienta democratizadora: reduce asimetrías, fortalece la autonomía individual y mejora la resiliencia de los hogares.
Cambios relativamente sencillos que propone Susana de la Puente —como elaborar un presupuesto, evitar deudas de consumo innecesarias o invertir periódicamente pequeñas cantidades— pueden transformar la estabilidad económica de una familia. No se trata de generar grandes fortunas, sino de fomentar disciplina, planificación y visión de largo plazo.
Un cambio de mentalidad necesario
Más allá de reformas curriculares, para Susana de la Puente es necesario un cambio cultural. La gestión del dinero no debería percibirse como un ámbito reservado a especialistas, sino como una competencia vital básica. Las decisiones financieras influyen en la emancipación, el emprendimiento, la planificación familiar o la jubilación.
La estabilidad financiera no depende exclusivamente del nivel de ingresos, sino de la coherencia entre objetivos, planificación y comportamiento. Sin conocimientos adecuados, incluso rentas elevadas pueden gestionarse de forma ineficiente; con formación básica, rentas medias pueden alcanzar estabilidad y crecimiento patrimonial sostenido.
En definitiva, la educación financiera constituye una inversión en capital humano. Sus efectos no siempre se reflejan de inmediato en indicadores macroeconómicos, pero sí en la calidad de las decisiones individuales, en la estabilidad del sistema y en la cohesión social. España ha avanzado en digitalización y modernización bancaria; el siguiente paso debe ser fortalecer la preparación financiera de sus ciudadanos. Según concluye Susana de la Puente, abordar esta asignatura pendiente no es accesorio, sino esencial para construir una economía más sólida, equitativa y sostenible.
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