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Rebote generalizado
Uno de los mejores propósitos para empezar el año es poner orden las finanzas personales. Y esto ha de ir más allá del simple ahorro. Debe hacerse con criterio para poder dar forma a proyectos personales y alcanzar, así, nuestros objetivos vitales. Y aquí surge la gran pregunta: ¿por dónde empezar?
Los ahorradores deberían tener presente, en todos los casos, que antes de tomar cualquier decisión relacionada con sus finanzas es más que recomendable contar con un asesoramiento imparcial que los acompañe a lo largo de toda su vida financiera.
Ese seguimiento continuado y personalizado es clave para transformar metas que, a priori, pueden parecer ambiciosas en objetivos perfectamente alcanzables. Porque un asesor profesional ayuda a guiar y ordenar la toma de decisiones, no solo en materia de ahorro e inversión, sino también en aspectos patrimoniales y fiscales gracias a una metodología adecuada, disciplina y constancia.
Recuerdo el caso reciente de un cliente que había heredado el plan de pensiones de su padre fallecido. Desconocía que se le terminaba el plazo para beneficiarse de una importante reducción fiscal. Afortunadamente, y gracias al acompañamiento profesional, logró ahorrarse más de 20.000 euros en impuestos. Un ejemplo claro de cómo un buen asesoramiento marca la diferencia.
La eficiencia fiscal es, sin duda, uno de los grandes argumentos para trabajar con un asesor financiero, pero no es el único. Como los 12 meses del año que estrenamos, me gustaría compartir otros tantos objetivos vitales con los que nos encontramos habitualmente y que ponen en valor nuestra labor:
En realidad, hay tantas razones para contar con un asesor financiero como necesidades, circunstancias y sueños personales. Lo ideal es disponer de un acompañamiento integral a lo largo de toda la vida, aunque en determinados momentos también puede precisarse una orientación puntual. Por ejemplo, si has tenido un golpe de suerte con la Lotería de Navidad o El Niño.
En cualquier caso, el primer paso siempre es el mismo: tener una visión completa de la situación económica familiar, analizar ingresos y gastos —presentes y futuros— y, a partir de ahí, diseñar una hoja de ruta personalizada y clara para cada objetivo. Y para ello es fundamental contar con el apoyo de un profesional imparcial que sepa orientarnos de cara a lograr nuestros objetivos.
Quizá, por eso, entre los buenos propósitos financieros de este año no debería estar únicamente ahorrar más, sino planificar más y mejor. Dedicar tiempo a ordenar las finanzas, a pensar en el largo plazo y a tomar decisiones con mayor perspectiva. Porque, al final, los propósitos que de verdad se cumplen son aquellos que se trabajan con método, constancia y un rumbo claro.
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