Fernando de la Morena. Cantaor

"El lugar que el cante de Jerez tiene en el mundo del flamenco no se debe perder, eso es importantísimo"

  • Muchos dicen de Fernando de la Morena que ha sido capaz de crear hasta un estilo propio, algo de lo que pocos pueden presumir

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En pleno barrio de Icovesa, no da tres pasos sin saludar a alguien. “Es que yo me llevo bien con todo el mundo”, dice orgulloso de su forma de ser y de la vida que ha querido vivir. Casado con el compás, muchos dicen de Fernando de la Morena que ha sido capaz de crear hasta un estilo propio, algo de lo que pocos pueden presumir. 

—¿Cómo lleva la crisis?

—La cosa está tomatosa, como diría el otro. Está cortita con sifón, pero espero que esto se acabe pronto, ya se sabe que no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista. Por algún sitio se tiene que desfogar. El problema es que el pastel para repartirlo entre todos es chiquitito, pero bueno ojalá la cosa vaya mejorando y se estabilice la situación.

—¿Está ahora más difícil el cante?

—Ahora mismo es súper importante ser profesional, porque para dedicarte a esto hay que ser profesional. Eso conlleva el cuidarte, investigar, estudiar y estar siempre en boga. En mi caso, gracias a mi constancia y a la personalidad cantaora que tengo estoy ahí, pero ya se sabe. Yo soy de los que pienso que teniendo condiciones es como se triunfa, si no es más complicado.

—Al menos ahora se mira al artista de otra manera, ¿verdad?

—Hombre, eso ha variado mil por mil. Me acuerdo que cuando era taxista he bregado con esa generación anterior y antes era Don Servando, Don Pepe, Don San Silvestre..., y a mangar y a salir a la calle a buscarse la vida... Entonces no había peñas ni nada eso. La doctrina anterior era ésa, ir a la calle, ir a La Rosaleda o a Benjamín y cantarle a los señoritos, que querían artistas y que les pagaban lo que querían. Me acuerdo de una anécdota muy graciosa de Tío Vicente Pantoja, el padre de Picoco y Diego Pantoja. Don José Cantos Ropero, ése del que habla El Borrico en el disco, los ponía a todos en fila y les  iba pagando, pero cuando llegaba a Tío Vicente no le daba ná por escucharlo. ‘Don José, a mí no me va a dar ná. Te den con los apellios en lo arto, canto y ropero’ (risas).

—¿Ha cambiado mucho Fernando de la Morena?

—¿No ves lo viejo que estoy (risas)? Sí que he cambiado, mi cante es ahora más reposado y sobre todo más añejo, con más cuajo.

—Viendo los pocos jóvenes que cantan por derecho en su barrio, ¿se siente con más responsabilidad por llevar el peso de la tradición?

—Que duda cabe que cuando te desplazas a algún sitio a cantar tú vas representando a tu tierra. Eres Fernando de la Morena y de Jerez. Esa solera hay que expenderla por donde quiera que vaya y eso implica una responsabilidad. Así es como se forja la credibilidad que tiene Jerez en el flamenco, a través de sus representantes en el cante.

—¿Le preopcupa que no se vea el relevo generacional?

—No, creo que a la nueva generación se le debe dar un margen de confianza. Nosotros con esa edad tampoco habíamos hecho nada. Teníamos atisbos, afición y quizás el eco, pero el cuajo, como yo digo, y la experiencia vienen con el tiempo. Espero y deseo que en esta nueva generación que está apareciendo alguno salga y fluya y ocupe ese lugar, porque el lugar que tiene Jerez en el flamenco no lo debe perder.

—Pero, ¿no es una pena que la mayor parte de la juventud se agarre a otras músicas?

—Yo cuando hablo con muchos de ellos se lo comento. Además se lo digo claro ‘no quiero ser un Séneca de esto, para nada es mi intención, pero ruego a ustedes que aunque estemos en una era moderna no se pierda lo puro’. Algún día se darán cuenta y seguirán con el cante de verdad.

—¿Usted cree que tiene un estilo propio como dicen algunos?

—Considero que mi cante es personal, no me parezco a nadie. Cuando abro la boca para cantar, mi voz y mi forma de decir el cante es diferente. Tengo mi propia personalidad y creo que con los años se ha acentuado. Es que para mí eso es fundamental, si eres una fotocopia no vas a ningún lado.

—Ahora hay mucho robot, ¿no?

—Puede ser. La pureza hay que mantenerla, porque, aunque seamos minoritarios, por los siglos de los siglos eso será imperecedero. Siempre habrá quien se emocione, eso sí, siempre que haya alguien que emocione cantando.

—¿Desde cuando no se emociona?

—Yo me emociono muy poco, ésa es la verdad. Ahora mismo hay pocos cantaores que me ericen el vello y que me transporten.

—Dice alguna gente que después de oír a Tío Borrico, Chocolate o Terremoto ya nada tiene interes...

—Es que como cantaban esa gente no canta nadie hoy día. Bueno, salvo Agujetas, que es el único que nos queda. Tú vas a un festival y te emocionas poco. La juventud prefiere otras cosas y eso ha hecho que el artista de primer nivel que grabe un disco o dé un recital tiene que hacer dos partes, una más tradicional o pura y otra para la juventud. Yo, en cambio, de mi raíz no me bajo, y no es que sólo sepa cantar flamenco, porque sé cantar baladas y todos, estoy al día, pero prefiero emocionarme con lo mío.

—O sea que usted cantar coplas como que no....

—(Risas) Prefiero que mis palabras no ofendan a nadie. Hombre, hago mis cuplesitos y mis cosas, ya está.

—¿Las barriadas han hecho mucho daño al flamenco?

—Yo creo que sí. Añoro esas fiestas que se formaban en la Calle Nueva. El progreso es inevitable y gracias a Dios ya no se vive en una sala y una alcoba como viviamos antes. Ahora, en la Calle Nueva veía yo de niño una fiesta por tó y por ná, pero una y veinticuatro. Cuantas más carencias tenías de tó, más fiestas. Era la válvula de escape que tenía esa gente. Eso se ha perdido y como las nuevas generaciones han nacido en las barriadas, ya todo es diferente.

—¿Qué le da más nostalgia?

—Esos dichos y esas bodas que duraban tres días con sus tres noches y ver cantar a las gitanas y los gitanos viejos, al más joven y a todo Dios. Era una gama entera de generaciones implicada en una misma fiesta.

—¿A quién tiene más que agradecer en el flamenco?

—Quizá a mí mismo por mi esfuerzo y mi constancia. De cualquier forma, no me quiero dejar atrás a Moraíto, que me dio la oportunidad de grabar por primera vez en solitario, con cincuenta años.

—¿Se siente profeta en su tierra?

—En mi tierra creo que soy bien acogido y mi nombre está ahí, pero fuera me lo reconocen más. En Madrid tengo yo un público muy fiel y cuando voy me lo reconocen. En Barcelona también, pero en Madrid más y gracias a Dios voy muchas veces.

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