La crianza y solera de Salomé Ramírez
XXX Festival de Jerez
La bailaora, premio Desplante en el pasado Festival del Cante de las Minas de la Unión, ha presentado en el Festival de Jerez el estreno absoluto de Palo Cortao, su primera producción propia
Imágenes de Mercedes Ruiz, Leonor Leal y Salomé Ramírez 'Jerez con nombre de mujer'
Salomé Ramírez, primera jerezana en ganar el prestigioso Desplante, recurrió al enigmático vino para guiar su reciente propuesta, la primera en solitario. Tras actuar junto a Mercedes Ruiz y a Leonor Leal en la gala del 30º aniversario del Festival de Jerez, había expectación por este Palo Cortao, un espectáculo de corte sencillo pero muy bien resuelto y con algunos destellos de gran belleza en el que Ramírez ha podido lucir su baile y visión artística.
El vino palo cortao encierra un aura misteriosa en su proceso de producción, generando mucha literatura asociada, pasando por documentales, conferencias y, por supuesto, una buena dosis de brilli brilli publicitario. Lo importante aquí para entender la propuesta artística que Salomé Ramirez presenta es que este vino inicia su crianza biológica bajo velo de flor, pero en algún punto del camino (antes de forma espontánea, ahora provocado por los maestros enólogos), cambia sus propiedades y entonces se decide continuar con crianza oxidativa. Al símbolo dibujado con tiza en la bota se le añadía un palo atravesado, indicando así que se presentaba una rara avis. Lenguaje de capataces bodegueros. Con esto tenemos la base: a veces las cosas parecen ir por un camino pero la vida hace de las suyas y da un revés, alterando el principio proyectado y muchas veces mejorando lo soñado.
No sabemos cuál sería el camino que imaginó Salomé Ramirez, pero nos llega ahora este delicioso palo cortando la raya. La bailaora se amparó en el cante (y pincelada de baile en un paso a dos) de Miguel Ángel Heredia para darle más empaque al espectáculo, y aunque la fuerza del artista jerezano es evidente, supo equilibrar la propuesta, aportando a la suma pero sin restarle peso a la protagonista. Para conseguir este efecto se apoyaron en un recurso de gran belleza, como fue esa Salomé Ramírez sentada en el escenario admirando a su compañero. Me encanta hallar en el escenario complicidad real entre artistas, y aquí me pareció que a ella le brillaban los ojos de verdad. El juejo de la admiración y el respeto.
Palo cortao tuvo además dos aspectos a su favor, las voces de José del Calli y Manuel Pajares y la guitarra de Manolín García, que sonó maravillosamente bien y supo aportar ritmo y concepto musical, con toques muy frescos y originales, y unos arreglos que sorprendieron, como las sevillanas rematadas por bulerías o seguiriyas. En el festival de las Minas bailó unas alegrías en la semifinal y unos tarantos en la final, por lo que tenía especial ganas de verlas por estos palos. En ambos demostró solvencia y suavidad a partes iguales. Me pareció que Salomé Ramírez es más contundente en su expresión que en su cuerpo, con una energía templada en sus movimientos. Sin embargo, detecté musicalidad, presencia y un lenguaje propio, un baile que sin ser apabullante en su fuerza, tiene otras cualidades, manifestando además manejo del escenario.
La bailaora supo también hacer una cosa que parece complicadísima, a juzgar por otras propuestas que pasan por la Sala Compañía, y es ser minimalista. El final me resonó a María Moreno y su More(no)More, en el que se despedía del público encaminada a la luz trasera entre bambalinas. Ya supo, con gesto mínimo, sacarle rendimiento al complicado escenario. Son pocos los artistas jerezanos que se dedican al flamenco sin tener dinastía, gitanería o barrio, y Salomé Ramírez demuestra talento pero también trabajo, pues esto no le viene de cuna. Una artista en búsqueda de su solera, con una crianza orgánica bajo velo de flor y flamenco.
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