José Maya, el expresionismo hecho baile

XXX Festival de Jerez

La obra del artista Mark Rothko, máximo representante de la abstracción americana, ha servido como inspiración para Color sin nombre, el espectáculo del bailaor madrileño

Imágenes de José Maya 'Color sin nombre'

José Maya, en el Teatro Villamarta.
José Maya, en el Teatro Villamarta. / Miguel Ángel González
Valeria Reyes Soto

07 de marzo 2026 - 08:58

La pasión de José Maya por el arte y el coleccionismo no es casual, ya que proviene de una familia de intelectuales gitanos que han acercado a Maya a grandes referentes de las letras, el teatro y la pintura. El arte y la espiritualidad guían la vida del bailaor, por lo que no es de extrañar que haya fijado su atención en Mark Rothko, un artista profundamente vinculado a la expresión de emociones y a la contemplación espiritual, siendo reconocido por las obras pictóricas que compuso en 1971 para la Capilla Rothko (Texas, Estados Unidos), lugar de peregrinaje para todas las creencias y religiones.

Y es así, con el interior de la Capilla Rothko proyectada en grandes dimensiones a modo de telón de fondo, como José Maya aparece en escena. La integración de ambos mundos, el del pintor y el del bailaor, es algo que está presente fundamentalmente por la exploración emocional de José Maya, rodeándose para ello de voces tan interesantes como las de Delia Membrive, José del Calli y Gabriel de la Tomasa.

Insistía Maya en que esta interacción con la obra del expresionista no consistía simplemente en bailar con cuadros de fondo, sino en que era una conjunción real. Entiendo después de haber visto este Color sin nombre que la obra del pintor eleva lo suficiente el alma de Maya, que ha bailado con presencia, fuerza y conexión durante todo el espectáculo. Si la obra de Rothko se distingue por el uso de grandes campos de color que encierran en sí emociones de alta intensidad, el baile de Maya también destila esta sensación de ser compacto, bien armado y dotado de gran capacidad expresiva. Pensando en una analogía entre el baile flamenco y la pintura, bien podría ser Negro sobre gris José Maya por soleá.

La escenografía digital en la apertura es sobria, como sobrio es el estilo de Rothko, aunque pronto empieza a derivar por otras estéticas. Los visuales que acompañan la propuesta destacan por su gran ejecución técnica, algo remarcable teniendo en cuenta el nivel de otras proyecciones vistas en esta edición, aunque el estilo rompe con la obra más representativa del pintor americano de origen letón. Proyecciones de templos, gigantes y colosos se alternan con mares, relámpagos y aves, resaltando en todo ello el obelisco flotante de la Capilla Rothko.

No obstante, este ambiente visual no consigue sacarme del poderoso baile de José Maya, que al final del espectáculo ha dejado al público boquiabierto con su cante, y es que no ha sido una breve pincelada como suele ocurrir, el bailaor convertido en cantaor se ha recreado con gusto y ha rematado por unas bulerías a paco seco, acompañado únicamente por la percusión de su propio cuerpo o por los nudillos en el banco, y que ha supuesto un punto final elegante y bello para Color sin nombre.

Y no puedo terminar sin destacar al joven guitarrista jerezano Marcos de Silvia. Esta era su primera vez en el Villamarta por el Festival de Jerez y tengo la sensación de que se ha coronado de gloria, acompañando con maestría toda la propuesta y realizando un paseo, guitarra en mano, para saborear las tablas del teatro, derrochando gusto y una ejecución limpísima llena de matices. Una sorpresa verlo con José Maya en este viaje por las expresiones del flamenco.

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