El renacimiento de Sara Calero

XXX Festival de Jerez

La bailaora, considerada una de las principales referencias en la renovación de la danza española y el baile flamenco, evoca en El renacer texturas, ambientes y luces de su anterior creación, La finitud

Imágenes de Sara Calero 'El renacer', 30ª Festival de Jerez

Sara Calero, en el Teatro Villamarta.
Sara Calero, en el Teatro Villamarta. / Miguel Ángel González
Valeria Reyes Soto

26 de febrero 2026 - 07:18

Sara Calero quería para este espectáculo “soñar con una transformación que la llevara a otra vida”. Para plasmar esta idea ha contado con la guitarra de Javier Conde, el contrabajo de Pablo Martín Caminero, el bajo de Juanfe Pérez (que ya acompañó a Olga Pericet en La materia) y el cante de Sergio ‘El Colorao’ y José Guerrero ‘El Tremendo’. Un buen elenco para dar respaldo musical y vocal a esta propuesta de la bailaora, que debutó en Jerez en 2014, ganando el premio revelación. El renacer suponía para Calero “un giro, un camino nuevo” que surge de una crisis donde todo se recompone y da lugar a algo diferente “con más sabiduría si cabe”.

Esta exploración coreográfica ha llevado a Sara Calero a presentar un espectáculo dividido en dos partes, una primera marcada por un ritmo y una estética tenebrosa y otra segunda parte donde dejaba paso a una fase menos estridente. La sensación es que el espectáculo a nivel estético ha resultado ser desfragmentado y poco unitario, con un gran uso de recursos escénicos que no han terminado de conectar entre ellos. Había resonancias anticuadas en el uso de las proyecciones y la iluminación. Había intención y propósito, era evidente (incluso demasiado) que El renacer quería llevar al público por un estado emocional de oscuridad y profundidad, pero se ha quedado en un intento más superficial que real. El inicio a nivel escénico estaba dominado por una enorme túnica que ocupaba prácticamente la totalidad del escenario, mientras que una voz en off recitaba palabras relacionadas con el estado emocional que ya se estaba tratando de sugerir mediante el baile, las luces o el vestuario. Una redundancia que podría haberse atenuado. A buen entendedor, pocas palabras bastan, como se suele decir. De este inicio de intención monumental, daba lugar a un pasaje por martinete y seguiriya, donde Calero repliega su técnica y dominio con las castañuelas, con reminiscencias de la danza española.

Como contrapunto excepcional, la soleá con el bajo eléctrico de Juanfe Pérez, la malagueña de Javier Conde, el acompañamiento de Pablo Martín Caminero al contrabajo y el cante de Sergio El Colorao y José Guerrero El Tremendo. La composición musical dejaba respirar a un espectáculo que ha oscilado entre la oscuridad de un mal sueño y la alegría de un buen despertar. Entre otros pasajes, ha destacado la coreografía ‘therian’ protagonizada por los cantaores y la propia Sara Calero, unas bulerías con ritmos africanos. Para la segunda parte del espectáculo, alegrías y tanguillos de Cádiz para contrarrestar los pasajes previos. Sara Calero no ha escatimado en el empleo de elementos teatrales, con un momento final techno-templario en el que la música electrónica y las túnicas medievales se mezclan con Carmina Burana y el O Fortuna.

El renacer de Sara Calero demuestra la inquietud de la bailaora por crear un universo propio, por seguir llevando a su danza las transformaciones vitales y artísticas que la encienden. Hace gala de su baile, de su fuerza y de su gusto por la danza española y el flamenco, de su criterio para la selección musical. Como espectáculo, este renacimiento queda empañado por la confusión en el empleo de recursos, que como suele ocurrir en otras muchas propuestas, el menos pudo ser más.

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