El tanteo abierto de Jesús Carmona

XXX Festival de Jerez

El Premio Nacional de Danza presenta en Jerez el estreno en Andalucía de Tentativo, su última propuesta

Imágenes de Jesús Carmona con Tentativo en el 30 Festival de Jerez

Jesús Carmona durante la representación de Tentativo en el Villamarta.
Jesús Carmona durante la representación de Tentativo en el Villamarta. / Manuel Aranda

05 de marzo 2026 - 06:01

Decía Jesús Carmona acerca de su espectáculo que “cuando la danza es verdadera lo dice todo sin necesidad de explicar nada”. En un mundo de sobreinformación y ruido, con una sociedad del cansancio en auge, también la danza y sus creadores necesitan tomarse sus tiempos, parar y confiar más en el cuerpo por el cuerpo y el baile por el baile, sin necesidad de argumentarios o dramaturgias excesivas. Y aunque este punto de partida me parece tan válido y coherente como los pretextos más armados, en Tentativo me han entrado ganas de preguntar. Me he sorprendido varias veces con un sentimiento de pérdida, y es que aunque un espectáculo pueda ser inexplicable y laberíntico, también necesita sus puntos de apoyo.

Escenario a caja descubierta y un complejo puente de luces para recrear una sala de ensayo donde Carmona y su elenco van entrando en materia. Primero con el bailaor esparciendo decenas de panderetas, luego con él mismo intentando recomponerlas. En estos primeros minutos intuyo ver a un artista que en algún momento de su proceso creativo ha intentando sostener lo insostenible, con una torre de panderetas que él sujeta pero que se derrumba a cada paso. Conocemos aquí su cansancio, gente pululando a su alrededor y él aguantando. La estridencia del sonido provoca una sensación de ruido más que de música, ese tipo de ruido molesto y persistente que tantas veces acompaña nuestros días. En esta primera etapa del espectáculo el protagonista trata de tomar aire y sus bailarines de insuflarlo. Cuando la torre cae, aparece el flamenco.

Estas visiones son las primeras que me llegan, y digo visiones porque la iluminación crea un estado sensorial más cercano al sueño que a la vigilia. Las luces son potentes a nivel escénico, pero ofrecen un espectáculo muy oscuro la mayor parte del tiempo. Entiendo que precisamente esta será la intención, pero me parece algo más estético que conceptual. Si el espectáculo cuenta una historia oscura yo no consigo verla, ni en sentido real ni figurado. Sin embargo, todo el envoltorio, con dirección escénica de Luis Luque, parece llevarme a eso, a través de ciertas estridencias, de un sonido muy alto pero poco claro y de una música, dirigida por Manu Masaedo, que aumenta esta sensación de colapso. Quizás sea por toda esta propuesta musical y escénica que empiezo a perder el hilo, y no sé muy bien dónde queda la intención, donde la coreografía y donde Jesús Carmona.

Las estupendas voces de Teresa Hernández y Gabriela Giménez no suenan con la claridad que me gustaría, y eso que cuando pueden, demuestran un cante que fugazmente me atrapa. En Tentativo volvemos a ver en Jerez a Lucía Campillo y a Aitana Rousseau (habitual de la compañía de David Coria). El baile de ellas, junto al paso a dos con Juan Bravo, me conectan con su propia danza, que es sobresaliente, pero no al propio desarrollo del espectáculo.

Jesús Carmona protagoniza en la recta final una escena de una belleza admirable que hubiera funcionado de maravilla como cierre, con su baile calmado, los ropajes blancos que va quitándose a modo de capas, las luces que se van apagando y él que por fin consigue respirar. En este punto se cierra el hilo con el principio y encuentro la salida al laberinto. Sin embargo, la energía vuelve a cambiar. Y sí, entendemos que tras este impás en su proceso creativo, de nuevo encuentra el goce y el baile, su elenco lo espera con un “Jesús, ¡estamos aquí chiquillo!”. Carmona entonces se muestra sincero bailando, entregado a la velocidad de su zapateo, a los giros infinitos y a ese cosquilleo que se le mete por el cuerpo, aunque para ese momento, ya no consigo ubicarlo dentro de su propio tanteo.

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