Cristóbal Cantos. Ex secretario general de Asaja-Cádiz

40 años al servicio del campo

  • La historia de Asaja-Cádiz no se entiende sin Cristóbal Cantos, alma máter de la asociación agraria que repasa en estas páginas sus cuatro décadas de dedicación absoluta a los camperos

Cristóbal Cantos Cristóbal Cantos

Cristóbal Cantos / Pascual

Un alto técnico de la Junta lo bautizó en su día como 'La bestia negra' de la Reforma Agraria, y no le faltaba razón. Cristóbal Cantos fue lo que se llama una mosca cojonera contra la reforma ideada por el primer consejero de Agricultura de la Junta, Miguel Manaute, para el reparto de las tierras ociosas, un sistema intervencionista que chocaba de plano con los postulados del libre mercado a los que debía adaptarse el campo español para su incorporación a la Unión Europea.

Cuenta Cantos que el técnico en cuestión acabó debajo de la mesa de la vergüenza que pasó al demostrarse en una reunión con el consejero que había un error garrafal en el modelo ideado para determinar si procedía expropiar las tierras, fallo que convertía a agricultores muy humildes en víctimas de un sistema viciado.

Mis compañeros me decían que estaba un poco loco cuando entré en Asaja, y un poco sí lo estaba"La huelga de la Vid fue una patada de los sindicatos a las bodegas en nuestro culo; fue horroroso"El señorito era una especie en peligro de extinción; hoy es una especie extinguida que nadie osa reivindicar"

Corrían los primeros años de la normalidad democrática cuando Cantos se topó con el primer gran "disparate" en la carrera de fondo que por entonces iniciaba y esta anécdota describe a la perfección a este profesional como la copa de un pino, trabajador incansable y meticuloso que hace escasos días abandonaba la Secretaría General de Asaja-Cádiz tras 40 años al pie del cañón, al servicio del campo de la provincia y de la defensa de sus intereses. El anuncio, y esto también define su personalidad, lo hizo casi sin hacer ruido, como para no molestar y sin afán de protagonismo, porque Cantos es más de acción que de colgarse medallas.

La historia del asociacionismo agrario de la provincia no se entiende sin Cristóbal Cantos, alma máter desde 1978 de Asaja-Cádiz, casa a la que se incorporó pocos meses después de su fundación y en la que ha desarrollado toda su carrera profesional, salvo el periodo anterior en el que ocupó la gerencia de Mercajerez, también durante la constitución del mercado mayorista jerezano.

Sin la responsabilidad y la carga de trabajo que implica la Secretaría de la organización agraria, Cantos puntualiza que no es una retirada, porque a sus 67 años seguirá vinculado a la casa como asesor, con tiempo para pensar y puede que para escribir la historia de Asaja, que es también su historia.

-¿Le ha costado mucho dar el paso?

-Para nada, venía trazado desde hace algún tiempo. Los tiempos mandan y había que hacer una transición suave. Era algo pactado, un pacto de caballeros que se ha mantenido en silencio y no me ha costado absolutamente ningún trabajo.

-¿Es un paso al lado?

-Yo creo que son dos pasos atrás, no al lado, porque voy a estar vinculado a Asaja mientras que le interese a los agricultores y, lógicamente, a mí. Mientras que pueda ser útil en la casa, aquí estaré porque me gusta, como pasearme por los mercados, sobre todo por el de abastos, que es de donde vengo.

-¿Se refiere a Mercajerez, donde comenzó de gerente antes de incorporarse a Asaja?

-Participé en la construcción y la puesta en marcha de Mercajerez, y fruto de ello ya conocía a parte del sector. Cuando se constituyó Asaja, Asaga entonces, me incorporé al proyecto. La constitución la ejecutó en la Secretaría General Sixto de la Calle Vergara, que hizo una magnífica labor los seis u ocho meses que estuvo al frente, periodo tras el que lo dejó por que tenía una carga importante de trabajo en su despacho y vio que no podía compaginarlo. Pero hizo un muy meritorio trabajo jurídico.

-¿Queda alguien más de esa etapa inicial?

-Antes que al secretario general contrataron a otra persona que sigue conmigo de la mano, Manolo García Mata -responsable de los servicios jurídicos de Asaja-Cádiz-. Es decir, yo me incorporé ya con una pieza que ha sido clave en los cuarenta años de esta casa, y digo clave porque si no hubiese lo conocido a lo mejor habría dudado más para dar el paso. En el año 78, el sector agrario andaluz, el campo andaluz era un polvorín y Cádiz era horroroso. La imagen del campo estaba seriamente deteriorada, yo creo que injustamente, pero así era. Encima nos enfrentábamos con un mercado que estaba intervenido cuando la liberalización del mercado por la integración en Europa, que se produjo en el 86, era inevitable. La aventura era pasional, pero el riesgo había que asumirlo, y aunque entonces tenía edad para hacerlo, mis compañeros de Madrid me decían que estaba loco, y un poco sí que lo estaba.

-¿A qué se debía ese deterioro de la imagen del campo?

-Había muchos conflictos, los convenios habían sido tremendos y voy a poner una referencia, aunque es de época anterior. Las Comisiones Obreras del campo se habían creado en el Marco de Jerez y nuestros convenios eran referencia nacional de lo que no debe ser un convenio, porque no eran precisamente unos signos de calma y eran muy costosos. Aquello cambió y a lo largo de los cuarenta años se pueden contar con los dedos de una mano los conflictos laborales que hemos tenido, que no quiere decir que no haya habido tensiones, pero tenemos unas magníficas relaciones con los sindicatos. Pero no me voy a apuntar ese tanto porque no es mío, es de la impresionante capacidad de diálogo y de coordinación de Manolo García Mata. He contado una anécdota que ilustra cómo era la imagen del agricultor, nada que ver con lo que es hoy, porque la imagen actual del agricultor es la de un empresario. En esa época decíamos que el señorito era una especie en peligro de extinción y hoy es una especie extinguida que nadie se ha atrevido a reivindicarla. Eso es anecdótico, porque lo importante es que la provincia disfruta de un prestigio en todo el mundo agrario europeo, porque lo que se ha puesto en valor en estos cuarenta años es la capacidad de nuestros agricultores y ganaderos.

-Algo tendrá que ver en ese cambio su labor...

-No, yo tengo que ver exclusivamente en que con buena materia prima bien se elaboran los productos y en saber comunicarlo. Recuerdo a todo el que ha pasado en la casa con responsabilidades en comunicación, Begoña García González, Paco Aranda, Manuel Molina y ahora Rocío Fontán. Y ni que decir tiene que he tenido la enorme fortuna durante estos cuarenta años, en general de toda la asociación, pero en particular de los cuatro presidentes con los que he estado colaborando permanentemente: Eduardo Perea, Pepe Pravia, Manolo Vázquez y Pedro Gallardo. Pero por sentimiento permítame que destaque hoy a Pepe Pravia.

-Hablaba de los señoritos extinguidos, pero a Asaja siempre se la ha relacionado con...

-Con los grandes. Eso es así y voy a decir más. En los primeros momentos no sólo se la identificaba con los grandes sino que se la utilizaba incluso como referente político. Inicialmente era un rodillo completo con los socialistas, en realidad en estos 40 años en Andalucía sólo ha estado el PSOE, y en varias ocasiones en los debates que teníamos nos politizaban y nos argumentaban que nos tocaba el papel, porque en democracia había que tener un referente político, y Alianza Popular no lo era y UCD había desaparecido. Recuerdo una portada de ABC Andalucía con una fotografía de Pepe Bohórquez, presidente entonces de Fasaga (Federación de Asociaciones de Agricultores y Ganaderos de Andalucía), que tituló 'La gran esperanza blanca'.

-¿Cómo se lidia ese toro?

-Es complicado, pero se lidia fundamentalmente con profesionalidad y no entrando al trapo de esas consideraciones.

-Hablando de lidiar, menuda faena la de tener que adaptarse a un mercado libre desde un mercado intervenido.

-Pues sí. Nada más comenzar hubo esos dos temas que eran muy gordos: el regalito de la Reforma Agraria y la incorporación a Europa. Son dos temas que van en paralelo pero que entraban en una contradicción tremenda, y hubo que mover muchos hilos para componer la música. Sí hicimos desde el principio, y nos sirvió, un esfuerzo importante de conexión con Bruselas antes de la incorporación. Y recuerdo el hombre que teníamos en Bruselas, Leandro Mercader, que estuvo hasta los días casi de la incorporación. En cierta ocasión nos trajimos al comisario de Agricultura Andriessen -Fran-; lo invitamos a la feria de Sevilla y lo trajimos por sorpresa a Jerez para enseñarle nuestra agricultura y el disparate al que nos estaban sometiendo. Mientras Europa nos ponía un impuesto por sobreproducir, es decir, nos cobraban para destruir, aquí nos ponía Miguel Manaute un impuesto por infrautilización de la tierra.

-Os enfrentabais a un mundo desconocido. ¿A qué santo os encomendabais?

-La situación era que teníamos un mercado intervenido, no habíamos operado en los mercados y nos metíamos en Europa. A modo de anécdota, le decíamos a los europeos: "Para vosotros es fácil, porque sois once países, sabéis once idiomas y sólo tenéis que aprender uno, pero nosotros sabemos uno y tenemos que aprender once". Y la cuestión es que a Cádiz, menos el tabaco, le afecta todo lo que sale de Bruselas. Eso lo que evidencia es el magnífico equipo de profesionales que ha pasado por esta casa.

-El cambio ha sido sustancial. Nada tiene que ver el campo hoy con el de entonces.

-Está claro, pero a todo ha habido que adaptarse. Ahí hay un trabajo de permanente información, porque este sector es muy disperso y hoy se disfruta de más medios de comunicación y más facilidades. Al campo siempre llegaba antes la información con retraso, aunque teníamos un vehículo de comunicación que era radio macuto.

-En una provincia donde el vino ha sido y es tan importante, no puedo dejar de preguntarle por la huelga de la Vid.

-Recuerdo una frase que dije que creo que fue muy afortunada: La huelga de la Vid fue una patada que le dieron los sindicatos a las bodegas en nuestro culo. Nosotros éramos un sujeto pasivo, no teníamos capacidad de influir en el conflicto porque la provincia está el convenio del Campo, el de la Viña y el de la Vid, que es el que afecta a los trabajadores de las bodegas, pero padecimos la huelga como los que más. Fue horroroso. Yo tenía en mi mesa durante un tiempo las bolas de acero que tiraban con tirachinas contra los camiones. Se pasaron malos momentos, pero insisto en que no era un tema nuestro, era de las bodegas, aunque los sindicatos decidieron que se perdiera la cosecha, y se perdió.

-Siempre hay daños colaterales en estos conflictos.

-Sí, o beneficios incluso al que se quería perjudicar, porque ya teníamos excedentes en Jerez. Aquella cosecha se perdió íntegra y fue un alivio para las existencias. Por hacer un paralelismo, hubo otra huelga de cosecha en el campo. Hubo dos cosas en aquella huelga importantes. De un lado, siempre pensamos que iba a tener poca repercusión en el trigo porque se contrataban cosechadoras de autónomos para la recolección, pero las cosechadoras se quedaron en Sevilla y no hubo forma de que bajaran porque los dueños temían que se las quemaran. Eso nos trastornó, porque pensábamos que se podía resistir y no fue así. De otros lado, esa misma huelga tuvo un efecto muy negativo para los sindicatos, para los trabajadores, sin que se dieran cuenta, y es que entonces se castraba el girasol con cuadrillas, y como no se pudo hacer, se castró con los arados con los que se hacía el cultiveo entre líneos. Desde entonces, no se ha vuelto a castrar más a mano.

-¿Deja algo pendiente?

-Claro que se quedan cosas pendientes. Le cuento cómo me despedí del personal, les dije que esta casa es una nave que hay que reparar siempre navegando. Otros sectores pueden repararse en un puerto o un astillero, pero el campo, no.

-¿Cambiaría algo de estos 40 años?

-En la casa no, pero a título personal disfrutaría más de la familia, aunque no estoy quejoso porque tengo una familia maravillosa. La pena es que hemos dado en esta provincia algunos pasos atrás y algo que no llevo bien es que mis hijos -tiene tres- estén todos fuera.

-Cuatro décadas dan para muchas alegrías y muchas penas; ¿qué destacaría?

-La pena es que en 40 años se ha ido gente que eran como hermanos, por ejemplo el ex alcalde de Grazalema, Sebastián Vázquez, y su mujer Virtudes. Todos los que se han ido, me da un pellizco cada vez que me acuerdo de ellos. También he tenido muchas satisfacciones, entre ellas las amistades excepcionales que conservo incluso con algunas de las personas de las Administraciones con las que he tenido más enfrentamientos. Me gustaría mencionar a Pepe Cabral, ex delegado de Agricultura con el que tuve roces tremendos porque nos cogió en plena reforma agraria, y el ex alcalde de Trebujena Manolo Cárdenas, con el que hice una gran amistad profesional defendiendo las vías pecuarias y con el que tengo anécdotas muy simpáticas.

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