Por la "carretera del Calvario" (II)

En torno a Jerez

Merece la pena que nos desviemos momentáneamente de nuestra ruta para disfrutar de los paisajes y la historia de este hermoso rincón de la campiña.

José Y Agustín García Lázaro

08 de junio 2014 - 01:00

DESDE Jerez, siguiendo la "carretera del Calvario", el paseante ha hecho un alto frente a la Casa del Higuerón donde en 1893 se descubrió una importante inscripción romana del s. IV. Retomando el camino, en un recodo que se abre a la derecha, encontramos algo más adelante la entrada de la Cañada del Amarguillo. Merece la pena que nos desviemos momentáneamente de nuestra ruta para disfrutar de los paisajes y la historia de este hermoso rincón de la campiña.

La Cañada del Amarguillo corre paralela al arroyo del mismo nombre cuyas aguas, de carácter salobre, forman pequeñas charcas en muchos puntos de su cauce donde se adivina una pátina blanca de sal. Este arroyo se abre camino por los bajos que se forman entre el Cerro Pelado y el del Hinojal y los cerros de Macharnudo y Santiago, para cruzar después la carretera del Calvario junto al Rancho de los Cedros y continuar hacia Las Salinillas. Aguas abajo, ya cerca de Jerez, cambiará su nombre por los de La Loba y Guadajabaque, alimentando la Laguna de Torrox y desaguando en el Guadalete a través de un aliviadero subterráneo.

En su primer tramo, la cañada deja a sus lados los célebres pagos de viñedos de Cerro Pelado, Tizón, Macharnudo Bajo y Santiago, donde aún se conservan antiguas casas de viña como las de La Gallarda, Santa Teresa, La Palma, Santa Petronila…. Una de las más singulares es la del Dulce Nombre de María, que domina el Cerro de la Carpintera rodeada por la frondosa arboleda de su jardín. A lo lejos, coronando las lomas de Macharnudo, despunta la torre de la viña El Majuelo una de las más antiguas y célebres de la campiña. Más modesta, la Casa del Barco, queda alejada del camino y desde ella se nos ofrecen los dilatados paisajes de la marisma de Tabajete y las Mesas de Asta. Otra de estas antiguas casas de viña, la de San Isidro ha sido remodelada hace unos años, y nos muestra su blanco caserío en la ladera del Cerro del Hinojal, en un paraje conocido desde antiguo con el curioso nombre de Puerto Escondido.

En este rincón, y sin pasar por alto estos llamativos topónimos, distintos autores han planteado la existencia de un posible canal natural que pudo comunicar en tiempos pretéritos los cursos del Guadalete y el Guadalquivir. Esa es la hipótesis que plantea el profesor Genaro Chic García. Dejemos que él nos lo explique: "Estudiando el mapa geológico de la provincia de Cádiz, publicado por el Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas en 1971, hemos podido comprobar la existencia de una única estrecha y larga franja de carácter diluvial (cuaternaria) que, partiendo de la zona del Portal, al sur de Jerez de la Frontera, continúa hacia el Noroeste siguiendo la Cañada de la Loba y bifurcándose poco más arriba de Jerez en dos brazos: uno, por la derecha sigue unos tres kilómetros por la Cañada del Moro para morir a la altura del km 4 de la carretera de Jerez a Trebujena. El brazo izquierdo sigue la dirección de la Cañada del Amarguillo para terminar a dos km del extremo sur de las marismas de las Mesas de Asta, pertenecientes al Guadalquivir. El tramo intermedio está ocupado por el llamado Cerro del Barco, al que rodea la Cañada Ancha, continuación de la del Amarguillo por su parte Sur y cuyo último tramo por el Norte discurre ya por la zona de la marisma antes citada en la que tiene su directo final. En el corto tramo de esta Cañada encontramos nombres tan sugerentes como Casa del Barco, Cortijo de Puerto Escondido y Puerto de los Olivos. La altitud actual sólo supera la cota 20 m en el paso comprendido entre los cerros Pelado y del Hinojal, las únicas elevaciones destacadas en todo el trayecto; paso que fácilmente se ha podido ir colmando, tanto por los aportes de las aguas marinas, como, sobre todo, por los materiales que arrastran hacia abajo el viento y las lluvias al incidir sobre ambos cerros." (1)

Apunta el profesor Chic García que esta tesis, por razones geológicas y de altura de los terrenos, es más verosímil que las de otros autores como Martín de la Torre (que propone la unión por la marisma de Asta, Cañada Ancha y Caulina) o Chocomeli (quien la traza a través de los Arroyos de Tabajete y Salado de Rota). De esta misma opinión es también Alberto M. Cuadrado Román, quien en un interesante estudio sobre "Los Canales de Jerez" denomina a esta posible unión a través de un estero existente en tiempos pasados entre Guadalete y Guadalquivir, como "Canal de Guadabajaque". Este autor aporta la altimetría de los diferentes lugares por los que pudo trazarse este estero, y plantea la existencia de "una estructura meándrica entre los cerros de Santiago y del Canónigo, que sería un vestigio del antiguo recorrido del canal. La longitud total del recorrido es de 23 km desde Asta al paleo estuario del Guadalete" (2). Se trata del curso actual del arroyo del Amarguillo que puede recorrerse por la cañada del mismo nombre.

De nuevo en la carretera, dejando atrás la Cañada del Amarguillo, continuamos nuestro camino para llegar al cruce de la carretera que conduce a Las Tablas (a la izquierda en sentido de la ruta) y por la que podremos enlazar con la carretera de Sanlúcar pasando por el pago de Añina. Algo más adelante, a la izquierda, se encuentra el cortijo de El Barroso, en la explanada de un antiguo descansadero de la Cañada de Maricuerda y Tabajete que, procedente de las Tablas, nos conduce en dirección a Mesas de Asta atravesando parajes que lo fueron de marismas.

Frente al cortijo, un camino escoltado por cipreses sube hasta la cercana Casa de la Viña del Barrosillo, una antigua construcción de finales del s. XVIII, acondicionada y reformada para eventos, que conserva aún el sabor de las tradicionales casas de viña. A sus pies, la cañada se dirige hasta el Cortijo del Barrosillo y continua luego, más desdibujada, hacia Tabajete y Mesas de Asta. Diferentes autores llevan por este mismo lugar el trazado de la romana Vía Augusta que desde Portus Gaditanus (El Puerto de Santa María) conducía a Hasta Regia (3).

Desde El Barroso (cuyas tierras tuvieron como ilustre propietaria ya en el S. XIII a doña María Alfonso Coronel, esposa de Guzmán el Bueno) la carretera abandona las tierras de viñas e inicia un suave ascenso hacia el Cerro del Cuco y las Lomas de Cestelo. A ambos lados del camino se extienden sembrados de cereal (trigo, cebada, cebada cervecera…) y girasol, que sirven de cobijo a una interesante avifauna. Estas tierras de la campiña cerealista comprendidas entre Mesas de Asta, Trebujena, Lebrija y El Cuervo, próximas a las marismas, fueron el último enclave documentado de nidificación de la avutarda en la provincia de Cádiz, siendo en la actualidad zona de cría de diferentes especies de aves de gran interés faunístico. Estos hábitats esteparios, que constituyen medios abiertos y desarbolados, como las extensas zonas de cultivos de secano que aquí vemos, acogen a no pocas especies singulares como sisón común, alcaraván, canastera común, terrera marismeña o curruca, entre otras, muchas de las cuales hacen sus nidos en el suelo. Es fácil también ver sobrevolar estos sembrados en busca de sus presas al cernícalo primilla o al aguilucho cenizo. Para contribuir a la protección y conservación de estas especies de aves esteparias, la Junta de Andalucía ha firmado convenios de colaboración con los propietarios de fincas agrícolas en estos parajes colindantes con las marismas de Tabajete.

Continuando nuestro camino, podremos ver a la izquierda, a lo lejos, las tierras del cortijo de Alijar, donde se instaló el primer parque eólico del término de Jerez. A la derecha se adivina la pequeña planicie de las Mesas de Asta, sobre la que se asentó la ciudad de Hasta Regia, que nos delata un bosquete de eucaliptos. Frente a nosotros, a la izquierda del camino, una construcción singular se alza en un pequeño cerro. Es el cortijo de San José de Prunes, en el que llama la atención, a medida que nos acercamos, la peculiar fisonomía del sobrio edificio de dos plantas de su señorío, que nos recuerda por su aspecto a un viejo cuartel y que, lamentablemente, se encuentra semiderruido. En su fachada, de gusto decimonónico, se abren de forma simétrica los huecos de puertas y ventanas, recercados con ladrillos pintados en rojo. Sobre el balcón de la puerta principal se conserva un curioso panel cerámico con la imagen de San José, de posible origen valenciano, que se ha deteriorado en los últimos años (5). Un pretil oculta el tejado, contribuyendo así a la apariencia de "edificio urbano", de este cortijo que se nos antoja extraño en medio de las viñas. Como se señala acertadamente en el estudio Cortijos Haciendas y Lagares de la Provincia de Cádiz, "Por la contundencia de su volumen y su composición, se alza desde su posición elevada con una clara vocación de dominio del paisaje." (4)

En relación con este lugar, el arabista M.A. Borrego Soto (6) plantea la posibilidad de que el topónimo de Prunes (que también aparece como Brunes o Prunas, según distintas fuentes) pueda estar relacionado con la alquería árabe de Bunas, vinculada al territorio jerezano en la Cora de Sidonia. De esta aldea era originario el "sabio jerezano" Abu Ishaq al-Bunasi al-Sarishi (1177-1253). Su localización geográfica no se ha confirmado y distintos autores "adjudican" este mismo topónimo a Bonanza o Bornos. A nosotros nos gusta suponer, de acuerdo con este autor, que en estos parajes de Prunes, camino del Guadalquivir, pudo estar situada la citada alquería. Otros autores (Galmés de Fuentes), apuntan también a que el topónimo Prunes, puede corresponder al plural femenino de pruno (ciruelo), forma característica de los dialectos mozárabes meridionales. (7)

Dejando atrás este cortijo y, tras superar un puertecillo que se abre entre el Cerro del Cuco y la Loma de Cestelo, la carretera inicia un suave descenso y el paisaje se abre hacia los extensos horizontes de las tierras de marismas, que se intuyen a lo lejos, junto a los invernaderos y el pinar de la Algaida, ya en las proximidades del Guadalquivir. En este lugar se encontraban en tiempos pasados las casas de Cestelo Alto y Bajo. De esta última sólo permanecen los restos de un pozo y una reducida arboleda (en la que aún persisten viejos olmos) que se adivina a la izquierda de la carretera, tras el cortijo de San José de Prunes. Conviene recordar que las lomas de Cestelo Alto o la colindante Loma de La Cartuja, donde se levanta hoy el parque eólico "El Olivillo", cuentan con diferentes yacimientos arqueológicos con adscripción cultural a la protohistoria (bronce final) y a la época romana. La cercanía de la marisma de Ébora, en el ámbito del antiguo "Lacus ligustinus", la gran paleo ensenada del Guadalquivir en la antigüedad, justifica en buena medida esta presencia de restos arqueológicos en los lugares citados (8).

Desciende ahora la carretera hasta el llano en el que se enclava el caserío de El Olivillo. A la izquierda, en la ladera de una loma, veremos las Casas de San Francisco, conjunto de construcciones para viviendas de los trabajadores del cortijo. Al poco, el camino pasa junto al Cortijo del Olivillo, que deja a la derecha, en las tierras de Ventosa y Ventosilla. Estos antiguos topónimos apuntan lo acertado de la instalación en estas lomas de un parque eólico. Este cortijo presenta una singular fachada, presidida por un gran olivo, en la que llama la atención el edificio del señorío -con una curiosa campana sobre el tejado- así como una capilla sobre cuya entrada hay un notable panel de azulejos con escenas de temática religiosa. Las explanadas que se encuentran frente al cortijo, así como las cercanas del de Ventosilla, son utilizadas como lugar de parada y descanso por las carretas que realizan la Romería del Rocío.

Algo más adelante, poco antes de llegar al cruce con la carretera de Trebujena a Sanlúcar, llegamos al cortijo de Ventosilla, muy reformado en la actualidad. El antiguo tentadero y las viejas naves en las que se encerraba el ganado estabulado, han sido restaurados y habilitados como restaurante y locales para fiestas y celebraciones. Lejos quedan los tiempos en que estas tierras de La Ventosilla (como las de Prunes) formaban parte de uno de los donadíos de Alfonso X, en el siglo XIII, contándose entre sus primeros propietarios a Don Alfonso Pérez de Guzmán, "Guzmán el Bueno" que lo fue también del cercano Donadío de Alixar (Alíjar). Más adelante, y hasta su desamortización en el siglo XIX, fueron propiedad del Monasterio de San Jerónimo de Bornos.

Al llegar al cruce, seguiremos la carretera hacia Sanlúcar, y ya a la derecha, el paisaje nos mostrará la inmensidad del antiguo estuario del Guadalquivir, las tierras de La Algaida, el cerro en el que se encuentra el cortijo de Ebora, tan vinculado a Tartessos, las lomas de Martín Miguel… Y seguiremos así, camino ya de Sanlúcar, de Bonanza, de Bajo de Guía…, hasta el Guadalquivir.

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