Jerez

El hombre que 'inventó' el circuito

  • Francisco Pacheco, el 'culpable' del tinglado que, cada año, revoluciona y proyecta a Jerez en el mundo

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No ha sido el Rossi jerezano ni un Bahamontes cualquiera. Es el alma anónima del motociclismo en Jerez, pero siempre pasará para todos nosotros como el promotor y artífice de la afición por el motociclismo en Jerez e impulsor del actual circuito de velocidad. Un buen día, entrados los ochenta, Francisco Pacheco Romero, Paco, le explicó sus planes a un jovencísimo alcalde Pacheco: "Pedro, esto puede ser la mejor publicidad de tu vida, para ti y para Jerez".

Y así fue. Francisco había chocado siempre con la negativa de los alcaldes de turno. Se necesitaba mucho dinero para levantar un circuito estable. Además, Sevilla podría adelantarse. Al principio, Perico puso muchas pegas, pero su ambición le pudo y se entregó a la iniciativa de Paco. Ahí empezó todo. Y acertó en la apuesta.

Unos cincuenta años antes de todo esto, Francisco Pacheco trabaja en un pequeño taller de reparación de bicicletas que, con sólo mil pesetas prestadas por su amigo Pérez Quiñones, abrió en la calle Morenos. Paco ha nacido en la plaza de San Miguel en 1917; tiene, por tanto, 91 años, pero su aspecto es absolutamente envidiable y la edad apenas ha mermado su gran memoria. Cuarto hijo de catorce de una familia media de agricultores, vivió en Jerez y Lebrija. Acabada la guerra, se volcó en su pequeño negocio. El negocio prosperó y, años más tarde, Francisco montó un taller de reparación de bicicletas y motos de más categoría en calle Arcos. En la Albarizuela, donde Paco mantiene ahora un negocio de hostelería, nació también el piloto Antonio Sánchez Garrido, Peluqui, uno de nuestros héroes locales, que levantaba a las masas con sus hazañas sobre la moto en las primeras carreras urbanas en Jerez y que hoy cuenta con curva propia en el circuito de velocidad.

Peluqui, padrino de Perico Pacheco, acudía con asiduidad a sus 13 años al taller de Paco como aprendiz. Francisco siempre presume de haber hecho motorista al recordado Peluqui como también hizo ciclista a otro de nuestros paisanos, Domínguez Doña, Lecherito, que fue de la quinta del mismísimo Bahamontes. El final del Peluqui fue trágico, como el de todo héroe. El 22 de septiembre de 1963 se encontró con la muerte en el Gran Premio de La Merced, en las calles de La Constancia. "Un día antes de la carrera, fue a mi tienda, cogió una Bultaco y le dijo a la encargada que era para darle un repaso de pintura; le puso un motor preparado y salió a correr en la prueba de 125".

Años antes a esta fatalidad, en 1954, Francisco se reúne en 'La Cepa de Oro' con otros dos tortas por las motos, Pepe Torrent y José García Cauqui. Entre copa y copa, surge la idea de crear el Motoclub de Jerez. Cuando se funda la entidad, Paco ya había creado afición con sus motos en Jerez. Desde su establecimiento del número 33 de la calle Arcos, 'Casa Pacheco', y con la exclusividad en las ventas provinciales de las primeras marcas de motos españolas bajo el brazo, siembra la ciudad de bicicletas, motos y velomotores. "Cuanto más vendía, más afición había. La respuesta de la gente fue una de las cosas que a mí me hicieron luchar por el motociclismo en Jerez".

Luego vinieron las primeras carreras de motos en la playa de Valdelagrana, después en la Avenida y La Constancia. Fuerte olor a aceite de ricino y valientes hombres sobre sus motos vistiendo la negra indumentaria de la época. Se pasó más tarde a un trazado urbano en el polígono de San Benito, pero las quejas del vecindario (como hoy aún ocurre en otros lares) trasladaron las competiciones a El Portal, que desde 1963 tuvieron carácter internacional con la celebracióndel 'I Trofeo Nuestra Señora de la Merced', como exigió el alcalde García-Figueras a cambio de apoyo económico. Para estos menesteres, Paco iba de aquí para allá buscando patrocinadores, cosa difícil. Muchas casas bodegueras aportaron lo suyo, especialmente Valdespino, pero Paco dice "haber ganado y perdido mucho dinero". Los militares de El Tempul también colaboraron. El comandante Prado y el capitán García-Morato eran unos entusiastas de las motos. "Nos ofrecían los camiones, coches, soldados... que montaban el circuito como si fuera una maniobra militar: alambraban el perímetro, colocaban las balas de paja..." José Pacheco Millán, hijo de Paco, y un puñado de amigos aficionados también se prestaron para todo lo que fuera necesario.

Pero los problemas de seguridad asustaban a Francisco. "Antes, sólo nos protegía Dios. Le dije entonces a Pacheco: O haces un circuito permanente, o no organizo más trofeos". Paco se puso manos a la obra. Empezaron a buscar terrenos y una comisión se encargó de ir a Madrid para trasladar la iniciativa al Consejo Superior de Deportes. La idea salió adelante. El 8 de diciembre de 1985 el circuito permanente de velocidad se inauguraba con una prueba del Campeonato de España de Automovilismo.

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