Obituario

Fallece Ana Romero de Carrasco, la ganadera de los santacolomas

  • Nacida en Jerez hace 88 años y casada con Fernando Carrasco, tenía su finca, Las Cobatillas, en Alcalá de los Gazules

Ana Romero de Carrasco, en 2014, cuando recogió un premio de Caja Rural del Sur en Sevilla. Ana Romero de Carrasco, en 2014, cuando recogió un premio de Caja Rural del Sur en Sevilla.

Ana Romero de Carrasco, en 2014, cuando recogió un premio de Caja Rural del Sur en Sevilla.

En la madrugada del miércoles y rodeada de los suyos, en su casa de El Puerto de Santa María, falleció a los 88 años la ganadera jerezana Ana Romero Reguera, esposa de Fernando Carrasco y titular de la ganadería del mismo nombre radicada en Alcalá de los Gazules.

Muy aficionada a los toros, a finales de los años cincuenta del siglo pasado con su marido formó la ganadería que radicó en la finca alcalína de Las Cobatillas. En un principio adquirió el ganado a Antonio Pérez López de Tejada, pero poco después cambió el encaste, se deshizo de aquel pie y compró vacas procedentes de las ganaderías de Alipio Pérez-Tabernero a las cuales cubría con sementales “santacoloma” del hierro de Joaquín Buendía.

Fue la única ganadería de sangre santacolomeña en la provincia de Cádiz, un encaste muy peculiar y favorito de espadas como Paco Camino, Antoñete o los Oliva de Chiclana, muy asiduos a esta casa.

A la vez que la vacada adquiría renombre con tardes muy importantes en la zona, e inolvidables festejos en ferias como la de Algeciras, Ana Romero y Fernando Carrasco rehuían todo protagonismo pues siempre gustaron de disfrutar de la ganadería en el campo, y con la máxima discreción en la plaza.

En su ideal ganadero creó una vacada de camada corta, que lidiaba pocas corridas al año, pero con la maxima pureza de la sangre de Santacoloma. En esta vacada padreaban sementales de Buendía y machos de la propia vacada que se echaban a las vacas por reata y que luego, alguna vez de cuatreños y cinqueños, eran lidiados.

En los úlimos tiempos también contaban con ejemplares de rehuelga, la otra ganadería de sangre Santacoloma que se radicó después en Cádiz.

La finca ganadera, La Cobatilla, muy cerca del santuario de la Virgen de los Santos de Alcalá, gran devoción de la ganadera, es un solar de mucha tradición y raíces en la época musulmana, se convirtió en uno de los hitos del campo bravo español y de la Ruta del Toro, y ello por el juego encastado y el motor de estos toros en los que se volcó esta familia ganadera contando con su hijo Lucas Carrasco Romero al timón y un querido mayoral muy popular en el mundo del oro como es Paco Gómez.

En esa conjunción de la familia ganadera, el encaste santacolomeño y un solar de leyenda como La Cobatilla, los éxitos de la vacada se vivían sin alharacas, con una modestia que huía del protagonismo y de los brillos del planeta del toro.

Éxitos como los del legendario”Marquito”, número 14, de capa cárdena, de 478 kgs, lidiado por José Ortega Cano en la plaza de toros de Granada el 3 de junio de 1994 que por sus cualidades fue indultado y padreó en la ganaderia hasta los 18 años, quedando inmortalizado en un azulejo en la casa ganadera.

O el de “Cacerolito”, número 26, de 526 kilos, lidiado en sexto lugar por el diestro Alberto Álvarez Navarro en la corrida concurso de la plaza de toros de Zaragoza el 26 de abril de 2009; premiado con el 'Premio al Toro más bravo' y vuelta al ruedo, triunfo significativo porque el tamaño del toro de este encaste se pensaba que no era para las plazas de primera del siglo XXI, mito destruido por esta ganadería.

O el premio taurino Pepe Luis Vázquez de la Fundación Caja Rural del Sur en su edición de 2013, que la propia ganadera recogió con su hijo Lucas, el responsable de la ganadería, remontando el ánimo tras el percance de Padilla en Zaragoza en 2011 con un de toro de la casa.

Hoy es día de quitar las esquilas en esta casa y la vecina “Isla Verde” –que también labraba la familia– está de luto. La misa funeral tendrá lugar este jueves 16 de julio a las 11 de la mañana en la Iglesia Nuestra Señora de las Nieves de Jerez. Nuestro pesar.

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