Jerez

El negocio de la inseminación

  • La designación de la Real Escuela como centro autorizado para la recogida de esperma le abre nuevas vías comerciales, en especial en Sudamérica y toda la zona de Estados Unidos

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Desde principios de abril, la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre ha abierto una nueva vía de comercialización gracias al reconocimiento por parte de la Dirección General de la Producción Agrícola de la Junta como centro autorizado para la recogida de esperma para la especie equina. Esta decisión, que se logra tras un proceso laborioso que ha rondado los dos años, permitirá a partir de ahora a la Fundación buscar nuevas vías de financiación que complementen las habituales fuentes de ingresos tradicionales.

Para su director, Juan Carlos Román, este hecho supone "dar un paso más en cuanto a lo que es la difusión del pura raza española, que es uno de los objetivos fundacionales de la Real Escuela", y también "porque se abre una nueva línea de negocio importantísima para la gestión y financiación de la Escuela", apunta su máximo responsable.

Durante el arduo procedimiento previo, "hemos estado haciendo análisis a los caballos constantemente para comprobar que aquí no hay ninguna enfermedad, hemos tenido que adecuar las instalaciones a la norma y bueno, no es algo que se dé de la noche a la mañana. Está claro que no ha sido fácil, pero ha merecido la pena", continúa.

A partir de ahora, la Real Escuela se une a la Yeguada del Bocado y Sementales, las entidades que gozaban de este reconocimiento en Jerez, y su mercado, según explica Juan Carlos Román, se ciñe principalmente "a las peticiones de ganaderos particulares que quieren seguir unas líneas a partir de nuestros sementales".

Del mismo modo, esta posibilidad "nos abre la vía de la exportación. Obviamente el mercado sudamericano y el norteamericano son hoy día muy importantes para la cría del pura raza español, por tanto ahí creemos que vamos a crecer. De cualquier forma, también hay puertas abiertas a nivel europeo", prosigue.

Pero para llegar al final del proceso se suceden una serie de situaciones que requieren una gran especialización y que "han evolucionado muchísimo en los últimos años", relata Joaquín Cantos, Jefe del Área de Explotación de la Real Escuela.

"Las extracciones comenzaron a llevarse a cabo en la década de los 80, y entonces todo era muy rudimentario. Recuerdo que para congelar semen debíamos producir algunos nutrientes con yemas de huevo, hoy día no, ya viene todo preparado, la alquimia se ha dejado a un lado", prosigue mientras repasa los inicios de la inseminación artificial.

A la hora de conservar el semen se utilizan dos formas, la refrigerada, pensada para un uso inminente, es decir, "no más allá de las 36 horas para inseminar" tras su extracción, explica Luis Feijó, Jefe de Clínica, y uno mucho más prolongado, el congelado, cuya conservación no tiene tope definido al mantenerse en bombonas nitrógeno líquido. "Eso se mantiene para siempre, porque además lleva un control exhaustivo para que nunca se rompa la cadena de frío", destaca Joaquín Cantos, también veterinario de la institución.

Previamente, resulta fundamental "adaptar ese semen a un ambiente idóneo para conservar el mayor número de espermatozoides", y para ello debemos trabajar de una manera "rápida y controlada, tratando de estresar lo menos posible el esperma. Para ello hay que evitar los cambios de luz y sobre todo los cambios de temperatura".

"Tanto cuando se refrigera como cuando se congela, debemos pensar que ambos procedimientos deben estar a la misma temperatura. Tenemos que poner todos los medios necesarios para que esté a 37 grados, así iremos bajando la temperatura de manera gradual pero sin ocasionar ningún cambio", relata.

Llama especialmente la atención la ausencia de yeguas. "Aquí de yeguas nada", explica Cantos, "para que no haya contaminación", mientras señala un potro de cuero al que el semental monta.

Tras efectuar la extracción, se pone en funcionamiento un proceso veloz que se inicia con un minucioso proceso de recuperación del semen, que seguidamente y tras ser examinado con el microscopio para corroborar que todo está ok, es trasladado en unas cajas térmicas hasta el piso superior de la clínica de la Real Escuela, donde se encuentra la sala en la que se realiza el proceso de congelación.

Allí, comandados por el Jefe de clínica, el semen queda empaquetado en las denominadas pajuelas. "Mediante un termómetro vamos bajando gradualmente la temperatura con el nitrógeno", destaca Joaquín Cantes, hasta alcanzar los -186º" a los que a partir de entonces quedará conservado.

Actualmente son diez los sementales con los que la Real Escuela trabaja en este programa, diez pura raza española que forman parte de la cuadra de la Fundación y que pasan generalmente por estas instalaciones "en primavera y en otoño. Quizás la época ideal es la primavera, aunque en otoño los animales dan una calidad de esperma muy buena", comenta Joaquín Cantos.

Por regla general, la vida sexual de un caballo tiene una edad media de 25 años, si bien es verdad que lo ideal "es que tengan seis, siete u ocho años. El problema es que con esas edades apenas tienen descendencia y los ganaderos se lo piensan".

Del mismo modo, y según explica el Jefe de explotación de la escuela, "los caballos con cierta madurez necesitan que se les dé un centrifugado a sus extracciones, se le meten unos diluyentes para conservar mejor el semen".

De momento, ilustres como Invasor, aquel caballo que brilló con Rafael Soto en los Juegos Ecuestres Mundiales de Jerez y en olimpiadas como la de Atenas 2004, ya han levantado el interés de ganaderos y criadores de diferentes partes del planeta que buscan esa línea ganadora del que muchos han definido como uno de los mejores Pura Raza Española de los últimos años.

En definitiva, estamos ante el nuevo reto de la Real Escuela, una vía de negocio que en palabras de su máximo responsable, Juan Carlos Román, "es un grano de arena más para nuestras optimistas previsiones de futuro", concluye.

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