Nuevos espacios creativos
Diario de las artes
WILLIE MÁRQUEZ
WMHouse. JEREZ
ESCRIBO esto, hoy que es cinco de enero con los ecos de la Cabalgata de fondo y los niños anhelando un despertar ilusionante, y me acuerdo mucho de Willie Márquez, ese artista, ahora, importante, reconocido, mediático y siempre orlado de un estigma de total particularidad. Me acuerdo de él porque en cierta ocasión me contó que, de niño, a él nunca los Reyes Magos le traían nada. Eran tiempos de carencias y había que conformarse con lo poco que se tenía. Algo que, a pesar de todo, le serviría para ser en la vida totalmente diferente y poseer una acusadísima personalidad. No tenía juguetes, pero era feliz haciendo otras cosas; le entusiasmaba escribir páginas y páginas de caligrafía. Algo que, con el paso del tiempo, sería una de sus señas de identidad como artista. Y es que Willie Márquez, desde niño, ha tenido una existencia casi de leyenda -pronto saldrá un libro sobre su apasionante trayectoria artística y vital que atestiguará tal afirmación-. Y la pintura de Willie es como él, diferente, única, apasionada y apasionante. Tiene un sello muy propio que es, indiscutiblemente, personal e intransferible. Es Willie Márquez en estado puro.
Desde un primer momento su obra se ha caracterizado por la acción desenfrenada, por una especie de espíritu actuante que se organiza desde dentro hacia fuera, creando unas formas gestuales que van extendiéndose y desarrollando una argumentación plástica definitiva donde la caligrafía posiciona una realidad mediata desde la que todo puede ser posible -o no-. La obra de Willie es un recorrido gráfico continuo. Una línea ondulante de signos inconexos pero conectados a una retícula que se va desarrollando con absoluta libertad. Línea gráfica que adopta manchas de color, trazos contundentes que conviven con ella y acentúan un poderoso ejercicio donde lo abstracto deja entrever una presencia gráfica evocadora a modo de inquietante juego visual.
En estos días, ha presentado en su taller una colección de obras donde lo orgánico y lo artístico se yuxtaponen. Gracias a un proceso creado por la empresa asturiana Mush Mycontechnology mediante el cual los residuos de la naturaleza, en este caso el sarmiento, se transforman en un biomaterial con inmensas posibilidades. Esta nueva realidad material sirve a Willie Márquez para un nuevo soporte donde encauzar su abierto ideario plástico. El artista jerezano desarrolla el trazo de su caligrafía en un lienzo vivo que hace una función integradora capaz de argumentar nuevos sistemas creativos. Si su obra ha planteado siempre un relato activo, ahora, con una superficie natural, viva, se acentúa esa realidad artística actuante que abre nuevas perspectivas y que experimenta novedosas proposiciones plásticas. El nuevo soporte crea una entidad artística poderosa, un escenario procesual que abre nuevas vías de actuación. La realidad del material es, de por sí, un activo formal, un medio que desarrolla una marca abstracta donde el artista ejerce su postulado creativo. Las caligrafías se integran en el medio, interactúan, formulan planteamientos integradores que abren perspectivas en un campo visual de poderosa manifestación plástica, se acondicionan en unos espacios que sirven de base a un estamento artístico superior.
De nuevo, la obra de Willie Márquez aparece exultante. Su realidad creativa vuelva a expandir su contundente personalidad. La rotundidad de la caligrafía se abre un estamento plástico nuevo; los soportes juegan un papel importante, son elementos que suman, que aportan, que dan vida a ese desarrollo único que fundamenta la apasionante realidad artística de un autor que va generando mayor actividad creativa.
Willie Márquez da un paso adelante en su personalísima obra. Las grafías actuantes se yuxtaponen a un nuevo e inquietante proceso artístico; un horizonte apasionante con el marchamo de Willie Márquez, más Willie Márquez que nunca.
También te puede interesar