Patrimonio

Se paró el tiempo en el asilo

  • La antigua residencia San José, en la calle Taxdirt, dejó de tener actividad el 8 de noviembre de 2011. Tras años de abandono y vandalismo, el Ayuntamiento estudia revitalizarlo.

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Un fabricante de carros fundó en 1485 el antiguo Hospital de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Lo fundó, vivió, murió en él y su centro dio nombre a unas de las calles más señeras del barrio de Santiago. En el siglo XIX siguió siendo hospital con tan sólo doce camas para la asistencia de mujeres con cualquier enfermedad que no fuese contagiosa. Los historiadores Antonio Mariscal y Joaquín Portillo así lo recogen en sus obras, relatando que ya en 1852 el establecimiento pasó a ser un asilo para ancianos, el conocido 'asilo San José'. Ahora, este hermoso edificio de portada barroca del siglo XVIII esconde una historia de abandono, de un adiós apresurado, dejando aún en las habitaciones corbatas en los armarios y fotos en las mesillas.

El 8 de noviembre de 2011, a la una de la tarde, las puertas del asilo en la calle Taxdirt se cerraron para no volver a abrirse. En menos de tres horas, los 110 ancianos que dormían en el viejo convento se trasladaron a unas nuevas y modernas instalaciones en La Granja. Dejaron atrás los techos color verde oliva para estar rodeados de un blanco impoluto. Dijeron adiós a los butacones marrones oscuros para ver la tele en unos sillones azul cielo. La mejoría fue notoria. Pero ¿qué se dejó atrás?

El tiempo se paralizó en el antiguo asilo San José ese 8 de noviembre. Y se paró de forma literal. De los pomos de los armarios aún hoy cuelgan adornos navideños y en el suelo hay trabajos manuales de los ancianos. Es desolador pasear por los largos pasillos de este impresionante edificio y ver a cada lado habitaciones con sábanas por el suelo, marcos de fotos, revistas del corazón, colchones amontonados, un gato muerto... La huida del asilo estaría programada para cuidar al máximo a los abuelos, pero en ningún caso para dejar, como merecía, una edificación de hace siglos.

La vida se paralizó en el antiguo asilo ese 8 de noviembre. Quedó muerto, como los recuerdos amontonados en una pequeña habitación de la tercera planta. Dicen, que cuando un anciano fallecía, sus enseres se guardaban 'allí arriba' a la espera de que sus familiares fueran a por ellos. Muchos, demasiados, no fueron. En un ala del edificio se amontonan decenas de sillas de rueda, algunas rotas y otras esperando una segunda oportunidad. En el suelo, jeringuillas sin usar hacen de alfombra y en el armario del salón comedor se guardan los platos y vasos.

Las neveras frigoríficas ya no tienen puertas, se lo han llevado todo, y en la pared sigue pegado un folio con los pedidos de cocina. Los techos están rajados, estratégicamente, para llevarse la instalación eléctrica y los aires acondicionados y hasta al más valiente le puede dar grima la sala de los empleados, con una rebeca azul colgada de una percha y zapatos de 'enfermero' tirados por los suelos. El asilo es un auténtico laberinto con marcos de puertas pintados de azul, amarillo y rojo, persianas rotas y baños sin grifería.

La hermandad del Prendimiento, que tiene cedida una pequeña parte del convento, hace las veces de vigilante y cuidador. En ningún caso es obligación de estos hermanos velar por el mantenimiento del edificio, pero, en la medida de sus posibilidades, evitan la entrada de ladrones y vándalos. Han tapiado ventanas, bloqueado puertas, colocado candados. Son testigos a diario del abandono y de la falta de inversión desde 2011. De hecho, un año después, la entonces delegada de Bienestar Social, Isabel Paredes, reconoció que el Ayuntamiento no podía asumir el coste de la rehabilitación del espacio. La adecuación para darle otro uso requería un esfuerzo económico inasumible para las arcas municipales en ese momento y las intenciones se quedaron en intenciones. Pero ¿puede cambiar este escenario?

Esta misma semana la alcaldesa, Mamen Sánchez, junto al teniente de alcalde de Urbanismo, Dinamización Cultural y Patrimonio, Francisco Camas, anunció un plan de revitalización del barrio de Santiago, teniendo como uno de los pilares del proyecto la recuperación del antiguo asilo San José. Sánchez acentuó que el objetivo es poner a disposición del barrio unos 8.000 metros cuadrados de tres equipamientos públicos, para darle el uso y el contenido que los vecinos de la zona consideren más conveniente y necesario para revitalizar Santiago.

Camas explica que esta antigua residencia tiene "sitio más que suficiente para hacer actividades sociales, de formación y vecinales. "Las demandas son muy variadas y ahora estamos en fase de estudio y evaluación de estas posibilidades. Queremos crear actividad pero moderando y racionalizando el gasto, porque el Ayuntamiento no dispone de dinero", declara el delegado, quien añade que "puede ser factible que en el edificio exista una parte asistencial y otra formativa". Camas reconoce que el edificio "se abandonó para que los usuarios pasaran a un centro mucho más moderno y acorde a sus necesidades. El problema es que se ha quedado dejado de la mano de Dios y tenemos que recuperarlo". Ya la alcaldesa aclaró que de intervenir en el centro se haría en fases, a lo que añade Camas que "la inversión dependerá de los usos que se decidan darle, pero creo que no será algo estratosférico". "El gobierno tiene un interés expreso en el eje de los barrios de Santiago, San Mateo y San Miguel y por ello vamos a actuar. Queremos poner en activo el corazón de estos barrios para darles contenido y revitalizarlos", remarcó el concejal.

Ahora sólo queda esperar que definitivamente se abran las ventanas para dejar salir el pasado del asilo, y la residencia resucite como el Cristo del autorrelieve que adorna el dintel de la portada del convento.

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