Pasión artística
Diario de las artes
Francisco Domecq - Álvaro Altozano
Palacio del Virrey (Jerez)
SIEMPRE he sentido una especial predilección por los que abrazan la pasión por lo artístico sólo con el mero interés del arte por el arte. Pasión que no se consigue en las Facultades de Bellas Artes, ni en los talleres de artistas de contrastada solvencia, ni en los cursos de maestros de campanillas.
Aquellas son, sobre todo, factorías de títulos que acaban, en el mejor de los casos, en manos de posibles profesores de Institutos sin el menor apego por la plástica y sus infinitas circunstancias; los talleres y academias enseñan mínimamente a copiar la realidad o son espacios que acogen niños con mamás equivocadas que creen tener futuros nuevos picassos o refugio de aficionados que esconden necesidades terapéuticas.
El entusiasmo por lo artístico se lleva inscrito a fuego en el alma y está al margen de los intereses que ansían simples logros y reconocimientos. La pasión artística sólo lleva el deseo imperioso por expresarse, por dar forma plástica a la ilusión desmedida por el arte; esa que se aleja de anhelos ficticios y glorias efímeras abocadas a fracasos manifiestos. Pasión que no ansía nada más que realidades creativas, posicionar desarrollos que patrocinen argumentos de verdad, conciencia artística y testimonios correctamente planteados. Son las fórmulas que disponen los autores enamorados, aquellos a los que sólo anima el máximo sentido por hacer realidad lo que les dicta su alma henchida de amor por lo artístico.
Francisco Domecq y Álvaro Altozano son apasionados de la creación, aman el arte y lo ejercen con entusiasmo desmedido. Pintan, cada uno a lo suyo, lo que sienten y como lo sienten.
Francisco Domecq ejerce de paisajista, conocedor de una pintura sobria en su conformación, contenida en su ejecución y acertada en su planteamiento pictórico. Pintura que nos lleva a recordar, en la distancia del tiempo, a los bellos, poderosos y contundentes gestos expresivos de aquella Escuela de Vallecas, con el dominador magisterio de un Benjamín Palencia como válida referencia.
Álvaro Altozano plantea una pintura de posiciones más abiertas contenido ecléctico y expresión diversa. Pintura de amplio espectro que entronca, con buena mano, desarrollos y desenlaces distintos para alcanzar un espacio escénico donde tiene lugar una variada formulación estética válida y comprometida con lo más esencial.
Dos autores que aman la pintura, que crean convencidos, que plantean los esquemas pictóricos con apasionamiento, con un claro sentido artístico, con una desmedida ansia de querer y de poder, sabiendo que el arte si no es con ese entusiasmo se queda en una fría realización sin trascendencia.
Francisco Domecq y Álvaro Altozano dejan entrever que sus credos artísticos, distinto el de uno al del otro, desencadenan la verdad de una realización donde cada una de las fórmulas creativas manifiestan la fuerza que las hace posibles, los gestos formales que suscriben obras llenas de sentido y autenticidad. Pintura que sale de un ejercicio más allá de lo que se dicta en Facultades y Academias estrellas.
Son las posiciones de dos pintores que, sin estar en los máximos circuitos, sí desentrañan la fuerza desmedida que patrocina eso en lo la que creen con firmeza y convicción..
También te puede interesar
Contenido ofrecido por Consorcio de Bomberos de Cádiz