Aquellos otros viajeros por Jerez

El Rebusco

Siglos XIX y XX

Desde Irlanda y la Europa central pasando por Rusia

Illya Ehrenburg, su esposa y el alemán Enrst Toller en las bodegas de González Byass, 1931.
Illya Ehrenburg, su esposa y el alemán Enrst Toller en las bodegas de González Byass, 1931.

A lo largo de los siglos XIX y XX, Jerez de la Frontera no solo atrajo la atención del mundo anglosajón, sino que también despertó el interés de numerosos viajeros procedentes de la Europa continental. Visitantes llegados de países como Italia, Rusia, Hungría, Polonia, Bélgica, Dinamarca, Suecia e incluso Irlanda se sintieron atraídos, al igual que británicos, franceses y estadounidenses, por el carácter singular de la ciudad y su entorno.

Intelectuales, diplomáticos, comerciantes, artistas y eruditos llegaron a Jerez movidos por la curiosidad cultural, el clima meridional y el prestigio internacional de sus vinos, cuya fama había trascendido ampliamente las fronteras comerciales. En sus relatos, crónicas y anotaciones dejaron constancia de una ciudad luminosa y profundamente andaluza, en la que la tradición vinícola, la intensa vida social en torno a las bodegas, las fiestas populares y el paisaje agrícola conformaban una experiencia percibida como exótica y, al mismo tiempo, refinada.

Estas miradas, menos conocidas y estudiadas, aportaron una valiosa perspectiva estética, histórica y costumbrista de Jerez. Sus testimonios contribuyeron a consolidar en la Europa continental la imagen de la ciudad como un enclave cultural y vinatero de referencia, así como un símbolo del sur de España.

Italianos

Edición española de los 'Cuadernos de viaje', de Benedetto Croce,
Edición española de los 'Cuadernos de viaje', de Benedetto Croce,

El filósofo e historiador italiano Benedetto Croce (1866-1952) visitó Jerez de la Frontera el 22 de mayo de 1889, cuando aún era un joven intelectual en formación. Su paso por la ciudad quedó recogido en la obra Nella penisola iberica. Taccuino di viaggio.

Croce llegó a Jerez procedente de Sevilla y describió la ciudad como una “ciudad limpia”, destacando especialmente la fachada de la Casa Consistorial, que llamó su atención durante el recorrido. Sin embargo, no pudo visitar el Alcázar, ya que -según relata- su propietario, el duque de San Lorenzo, “estaba aún recogido”.

Ante esta circunstancia se dirigió a las bodegas del “señor González”, en clara referencia a González Byass, uno de los grandes nombres del vino de Jerez. Posteriormente tomó una carroza que lo condujo hasta la Cartuja.

Portada del libro 'Viajeros italianos por España: Cádiz en los libros de viajes del siglo XIX'.
Portada del libro 'Viajeros italianos por España: Cádiz en los libros de viajes del siglo XIX'.

Las bodegas jerezanas también impresionaron a otro viajero italiano de la época, el navegante y científico Enrico Alberto D’Albertis (1846-1932), paisano de Croce y autor de Crociera del Corsaro alle isole Madeira e Canarie, publicada en Génova en 1884. En el capítulo IX de esta obra, D’Albertis relata su llegada a Cádiz y su posterior desplazamiento a Jerez en ferrocarril, donde visitó igualmente las bodegas de González Byass.

Al abandonar las instalaciones bodegueras, alrededor de las dos de la tarde y en pleno calor estival, D’Albertis quedó sorprendido por la soledad de las calles, atribuida a la hora de la siesta. El autor recoge entonces un dicho popular que resume la escena: “solo los perros y los ingleses se atreven a transitar por la ciudad”.

Un ejemplar de esta obra se conserva actualmente en la colección Soto Molina de la Biblioteca Municipal de Jerez, testimonio documental de la presencia y las impresiones que la ciudad dejó en estos destacados viajeros italianos del siglo XIX.

Desde Rusia e Irlanda

'Cartas sobre España', de Vasili Petróvich Botkin.
'Cartas sobre España', de Vasili Petróvich Botkin.

De Rusia era el escritor, traductor, periodista y crítico literario y musical ruso Vasili Petróvich Botkin (1811-1869), considerado uno de los grandes hispanistas de su país. En 1845 publicó en la prensa rusa Cartas sobre España, donde recoge su estancia en Jerez en agosto de ese mismo año, tras cruzar la bahía desde El Puerto de Santa María. Botkin confiesa haber llegado movido por el deseo de probar el célebre vino en su lugar de origen, avalado por una carta de recomendación dirigida al señor Gordon. En sus bodegas degustó “los mejores vinos”, desde el amontillado seco y ligero hasta el dulce pajarete, culminando con un jerez de 60 años que había dado dos veces la vuelta al mundo, aunque los vinos no fueron de su agrado, al igual que los que ya conocía en Moscú de la mano de Depret y Rahoul.

Retrato ecuestre de Anatole Demidoff.
Retrato ecuestre de Anatole Demidoff.

Dos años después, en septiembre de 1847, sería el conde Anatole Demidoff (1813-1870), aristócrata, diplomático y experto en arte, quien recalara en Jerez. Sus impresiones quedaron recogidas en Étapes maritimes sur les côtes d’Espagne, de la Catalogne à l’Andalousie. Souvenirs d’un voyage exécuté en 1847, publicado en 1858. En el volumen II, capítulo XXII, titulado Cadix et ses environs, describe la “encantadora hospitalidad” que le aguardaba en la casa de John David Gordon, vicecónsul británico y uno de los principales comerciantes del vino de Jerez. Demidoff relata su visita a las bodegas, a las que define como imponentes edificios de gruesos muros y techumbres espesas, con escasas aberturas destinadas a preservar el frescor.

Ya en el convulso contexto político de 1931, Jerez recibió la visita del intelectual soviético Illiá Ehrenburg (1891-1967), quien llegó a la ciudad el 13 de noviembre acompañado de su pareja, Liuba Kozintseva, y del dramaturgo alemán Ernst Toller. Ehrenburg evocaría su breve estancia en varias páginas de sus memorias Gente, años y vida (1960), donde no falta la referencia a su paso por las bodegas de González Byass. Por su parte, Toller describió la ciudad y su industria vinícola en una serie de cinco artículos publicados en una revista alemana, uno de ellos bajo el elocuente título Jerez, mausoleo del coñac.

Portada de 'Don gitano', de Walter Starkie.
Portada de 'Don gitano', de Walter Starkie.

Desde Irlanda llegó también el hispanista, viajero y escritor Walter Starkie (1894-1976). En su obra Don Gipsy (1936), dedica el capítulo XXV, El Pied Piper en Jerez, a exaltar el atractivo de la ciudad: “De todas las ciudades andaluzas, ninguna posee para el viajero inglés el romántico atractivo de Jerez de la Frontera, la ciudad del dorado vino de jerez”. Starkie visitó Jerez por primera vez en 1928, como huésped del marqués de Almocadén, y encontró entonces una ciudad distinta a la que volvería a conocer en 1933. En esta segunda visita, volvió a recorrer las bodegas de González Byass y dejó constancia de personajes tan singulares como el capataz José Gálvez Buzón y sus célebres ratones.

Aventureras

De estas viajeras sabemos poco, pero sus testimonios resultan hoy de gran valor para comprender la mirada femenina sobre la España del siglo XIX y mediados del XX. Elena Mario destaca como la única mujer italiana que recorre el país en el siglo XIX y deja constancia escrita de su experiencia. En su obra Ricordi di un viaggio a Spagna nel 1882, publicada dos años después de su viaje, relata su llegada a Jerez procedente de Cádiz, antes de continuar camino hacia Sevilla. Al describir el paisaje vitivinícola jerezano, anota con asombro que “estos viñedos recuerdan a los de Champagne y Burdeos” y se pregunta cómo es posible que esta región sea capaz de producir vino para todo el mundo”.

La condesa Juliette de Robeesart.
La condesa Juliette de Robeesart.

Menos complaciente es la noble belga Juliette de Robertsart (1824-1900), que recoge sus impresiones en Lettres d’Espagne (1866). En la carta XVIII, dirigida a la señorita Charlotte de Grammont y fechada en Cádiz el 6 de mayo de 1863, relata su excursión a Jerez, que no le resulta especialmente grata. En su visita a las bodegas Domecq y González, cuya arquitectura le recuerda a los docks londinenses, degusta jerez seco y jerez dulce, dejando constancia de una experiencia más sobria que entusiasta.

'Sicksack I Spanien', de Gerd Ribbing.
'Sicksack I Spanien', de Gerd Ribbing.

Ya en el siglo XX, la escritora y viajera sueca Gerd Ribbing (1898-1979) narra su paso por España en Sicksack i Spanien (1950). Durante su estancia en 1949 se acerca a Jerez, donde visita varias bodegas -probablemente las de González Byass- y recorre espacios emblemáticos como la plaza del Arenal y la catedral, completando así un retrato más moderno de la ciudad y de su arraigada cultura del vino.

Del centro y el norte

El escritor belga Jean Gerimont, autor de Notes d’un flâneur en Andalousie (1924), recorrió Andalucía hacia 1923 y escribió parte de su obra en Jerez. En ella dedica varios apartados a la ciudad, a sus vinos, a los toros y al flamenco, sin olvidar una detallada descripción de la procesión de la Virgen de la Merced, que le causó una profunda impresión.

El escritor y viajero judío Max Nordau.
El escritor y viajero judío Max Nordau.

También dejó constancia de su paso por Jerez el pensador y escritor húngaro de origen judío Maximilian Nordau (1849-1923). En Spanische Eindrücke elogia el entorno que conduce a la ciudad con una afirmación rotunda: “La carretera que lleva de Cádiz a Jerez de la Frontera es la más hermosa de España y una de las más hermosas de Europa”. Nordau subraya además la relevancia del jerez, “ese precioso Sherry, vino favorito nunca destronado por los ingleses”, y concluye su experiencia tras visitar una bodega local: “Después de beber en la bodega del simpático don Pedro González una copa de sus más antiguos ‘Tío Pepe’ y ‘Soleras’, conocí lo más interesante que puede ofrecer Jerez”.

Desde Polonia, el médico J. Sawicki narró su viaje en Podróze po Hiszpanii (1880), donde recoge con tono humorístico su visita a una bodega jerezana. Describe su asombro ante las innumerables barricas alineadas sobre el suelo y relata cómo, tras probar un jerez viejo que había “viajado varias veces a América”, terminó perdiendo el conocimiento, hasta el punto de ser sacado “casi en brazos de aquel templo de Baco”. El episodio le obligó a renunciar a recorrer ese día los alrededores de la ciudad y regresar por la noche a Cádiz.

Otro médico polaco, además de aventurero incansable, fue Teodor Tripplin (1812-1881), quien recorrió España entre 1837 y 1838. En su obra Wspomnienia z podróży po Danii, Norwegii, Anglii, Portugalii, Hiszpanii i Państwie Marokańskim (1844), destaca el crecimiento urbano y económico de Jerez, señalando que la ciudad, con unos 40.000 habitantes, prospera de forma constante “porque es la capital de excelentes vinos y caballos famosos”.

El político y militar sueco Anders Robert von Kraemer (1825-1903) visitó Jerez a finales de noviembre de 1851, dejando constancia de ello en el capítulo IV de Två Resor i Spanien (1860). Le llamó especialmente la atención la indumentaria tradicional, conservada incluso por las clases acomodadas: trajes de terciopelo negro ricamente bordados, botas altas y sombreros con borla, con los que los propietarios de viñedos cabalgaban por las calles sobre espléndidos caballos andaluces. Von Kraemer coincide con otros viajeros al señalar que “lo más notable de Jerez son las grandes bodegas”, auténticas catedrales del vino donde reinan la penumbra, la temperatura constante y el meticuloso trabajo del capataz, probando y comparando botas hasta lograr “el sabor justo”.

Bodega de Jerez por Karel Capek.
Bodega de Jerez por Karel Capek.

El escritor checo Karel Capek (1890-1938), es el autor de Viaje a España, publicado en 1930. En el capítulo Bodega nos da su impresión de los vinos de esta zona: “Sabed que el jerez que se bebe in situ no se parece al que se bebe em nuestro país, este es dulzón, y aquel tiene un amargor ligeramente ácido, y es suave como el aceite, y a la vez salvaje, pues procede de cerca del mar. (...).Bebiendo manzanilla uno navega ligero, como un velero viento en popa”.

'Viaje por España', de Hans Christian Andersen.
'Viaje por España', de Hans Christian Andersen.

Cierra este recorrido de viajeros ilustres el célebre escritor danés Hans Christian Andersen (1805-1875), quien en I Spanien (1863) resume con sencillez y contundencia la esencia de la ciudad: “Jerez, digno de ser visitado para ver sus bodegas y probar sus vinos”.

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