El vino de Jerez en las novelas de Elizabeth Jane Howard
Un vino muy presente en Crónica de los Cazalet
La bebida que marcaría una época en Inglaterra
EL vino de Jerez está presente en muchas de las obras de la escritora británica Elizabeth Jane Howard (1923-2014), no tanto como motivo explícito o recurrente, sino como símbolo discreto de una cultura, una clase social y una forma de estar en el mundo.
En sus novelas —especialmente en la saga de Los Cazalet— el jerez es una bebida habitual en el ritual doméstico de la Inglaterra de entreguerras y de la posguerra: una bebida asociada a la tradición, la cortesía y la contención emocional.
Esta bebida funciona como un marcador cultural y de clase, reflejo de un tiempo y de unos códigos sociales precisos. La propia autora dejó constancia de esa presencia en su propia biografía, 'Slipstream. A Memoir', publicada en 2002, donde evoca con naturalidad uno de esos momentos donde nuestro vino se recuerda de forma especial: “Then we had wonderful light aromatic sherry”.
Elizabeth Jane Howard se suma así a la amplia nómina de autoras anglosajonas cuyas páginas quedaron impregnadas —podemos afirmar que también aromatizadas— por la presencia del jerez: Agatha Christie, Mary Higgins Clark, P. D. James, Ruth Rendell, Martha Grimes, Rosamunde Pilcher, Barbara Pym, Anne Perry, Edna O’Brien o Barbara Cartland, entre otras.
La autora
Elizabeth Jane Howard fue una de las grandes narradoras británicas del siglo XX, reconocida por su prosa elegante, su aguda observación psicológica y su capacidad para retratar, con delicadeza y hondura, la vida íntima de las familias y las mujeres de su tiempo.
Nacida en Londres, Howard inició su trayectoria artística como actriz de teatro y cine antes de dedicarse plenamente a la literatura. Esa formación escénica dejó una huella visible en su obra: diálogos precisos, escenas muy visuales y una notable atención a los gestos, silencios y tensiones emocionales. Publicó su primera novela, 'The Beautiful Visit', en 1950, y desde entonces desarrolló una carrera literaria constante y exigente.
Su consagración llegó con la saga de los Cazalet ('The Cazalet Chronicles'), una serie de cinco novelas ambientadas entre los años treinta y cincuenta del siglo XX, que sigue a una extensa familia de la burguesía inglesa antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. A través de múltiples puntos de vista —especialmente femeninos—, Howard construye un fresco íntimo y social de enorme sutileza, en el que la guerra, las convenciones sociales, el matrimonio, la maternidad y la búsqueda de la identidad ocupan un lugar central. Esta serie se ha convertido en una referencia imprescindible de la narrativa inglesa contemporánea y ha sido comparada, por su ambición y profundidad, con grandes sagas familiares europeas.
Además de novelista, Elizabeth Jane Howard fue poeta, ensayista y editora. Durante años trabajó como lectora para editoriales y colaboró estrechamente con otros escritores, entre ellos Kingsley Amis, con quien estuvo casada, y con el que compartía la afición al jerez.
Aunque durante décadas su obra fue valorada sobre todo en círculos literarios especializados, en sus últimos años experimentó un notable redescubrimiento crítico y popular, especialmente gracias al éxito internacional de los Cazalet. Las dos primeras novelas de los Cazalet fueron adaptadas por la BBC como serie de televisión de 6 episodios que gozó de un enorme éxito en 2001
La escritura de Howard se distingue por su tono contenido, su sensibilidad moral y su mirada compasiva, nunca complaciente, hacia las fragilidades humanas. Hoy se la considera una autora fundamental para comprender la evolución de la novela inglesa del siglo XX y una voz clave en la representación literaria de la experiencia femenina.
El jerez entre líneas
En el universo narrativo de Howard, el jerez suele aparecer en momentos de transición: antes de la cena, en visitas formales, en reuniones familiares donde las palabras importantes se retrasan. Así, el jerez se convierte en un marcador de educación y pertenencia, un signo de la burguesía acomodada que ha heredado hábitos victorianos y los mantiene incluso cuando el mundo empieza a resquebrajarse.
Que sea precisamente jerez —vino andaluz profundamente vinculado al comercio británico desde el siglo XVIII— no es casual. En la narrativa de Howard, su presencia remite a una Inglaterra imperial que ha naturalizado lo extranjero, integrándolo en su vida cotidiana sin cuestionarlo. El jerez es un producto exótico convertido en costumbre doméstica. En ese sentido, funciona como metáfora líquida del Imperio, presente en la mesa incluso cuando el poder político y moral comienza a declinar.
Elizabeth Jane Howard es una autora de emociones reprimidas, de tensiones soterradas y afectos que rara vez se expresan de forma directa. El jerez acompaña ese clima: se bebe despacio, en copas pequeñas, sin excesos.
A medida que avanzan sus novelas y el tiempo histórico se impone —la guerra, la pérdida de privilegios, la transformación del papel de la mujer—, el jerez queda como residuo de un mundo que se desvanece. Sigue sirviéndose, pero ya no garantiza estabilidad. Howard lo utiliza así como símbolo de continuidad frágil, de una elegancia que persiste más por inercia que por convicción.
En la narrativa de Elizabeth Jane Howard, el vino de Jerez no necesita protagonismo para ser significativo. Es detalle revelador, signo cultural y eco histórico. Una bebida que, como muchos de sus personajes, aparenta serenidad mientras encierra una compleja red de memorias, jerarquías y nostalgias. El jerez, en sus novelas, no se bebe solo: se hereda, se representa y se despide lentamente, como una forma de vida que sabe que su tiempo está llegando a su fin.
El jerez aparece de forma recurrente en la obra narrativa de Howard desde su primera novela publicada, 'The Beautiful Visit' (1950), donde ya se registra una referencia explícita a este vino generoso. A partir de ahí, las menciones se multiplican y adquieren matices diversos, hasta convertirse en un elemento reconocible dentro de su universo literario.
En algunos relatos, el autor no solo alude al jerez, sino que llega a precisar la marca preferida por sus personajes. Así ocurre en 'The Long View' (Una larga mirada, 1956), donde la señora Fleming acepta una copita de Tío Pepe. En una de las historias breves de Mr. Wrong (1975), el protagonismo recae inevitablemente en el Bristol Milk, subrayando la naturalidad con la que el jerez se integra en la vida cotidiana de los personajes.
También se describen distintos tipos de jerez, como en All (2008), donde se menciona un “sickly sweet sherry” (empalagoso jerez dulce). En otras ocasiones, el vino adquiere incluso una presencia visual y simbólica, como en The Sea Change (Cómo cambia el mar), donde se presenta en una licorera adornada con una pequeña hoja de parra plateada colgada del cuello, en la que se lee simplemente: “jerez”.
El jerez aparece asimismo como alternativa natural a otros vinos fortificados. En 'After Julius' (Después de Julius), uno de los personajes comenta con naturalidad: “Supongo que habrá oporto en una casa como esta… aquí hay un poco de jerez”.
Finalmente, la obra de Howard refleja el arraigo social y cultural de esta bebida en el ámbito doméstico, especialmente en fechas señaladas. En 'Falling' (1999) se recuerda una costumbre navideña reveladora: “A mi padre le regalaban cada Navidad una botella de jerez y una botella de Johnnie Walker”.
Los Cazalet
Las Crónicas de los Cazalet, la célebre saga familiar de la escritora británica Elizabeth Jane Howard, retratan con minuciosidad la transformación de la vida inglesa durante los años de la guerra, con especial atención al papel de las mujeres. A lo largo de sus páginas, la autora sigue a tres generaciones de una familia de clase media alta, en una narración profundamente marcada por sus propias vivencias y recuerdos personales.
La serie se inaugura en 1990 con 'Light Years' (Los años ligeros), primera entrega de un ciclo literario que, más allá del retrato social y emocional de sus personajes, ofrece una valiosa crónica de las costumbres cotidianas de la Inglaterra del siglo XX. Entre ellas, ocupa un lugar destacado el jerez, convertido en un símbolo de distinción y ritual social.
En escenarios emblemáticos como el restaurante Savoy, la etiqueta dictaba que se sirviera jerez seco antes de la comida y oporto con el queso. No obstante, en las traducciones al español de estas novelas se deslizan imprecisiones recurrentes: el uso de “vaso” en lugar de “copa”, como en la expresión “un delicioso vaso de jerez”, que desvirtúa la precisión cultural del original.
El jerez aparece también como ingrediente culinario en 'Marking Time' (Tiempo de espera), publicada en 1991, donde se menciona explícitamente una “bottle of cooking sherry”. En 'Casting Off' (Un tiempo nuevo), Gerald propone añadir un poco de jerez a la sopa para realzar su sabor, confirmando su uso como condimento habitual en la cocina doméstica.
Tampoco falta en los momentos solemnes: en un funeral, los invitados se reúnen en una pequeña sala alrededor de un refrigerio compuesto por té, sándwiches y jerez. En 'Confusion' (Confusión), el vino se presenta como signo de estatus y orgullo social: Maud reserva una botella de jerez para ofrecer una copichuela a vecinos y amigos, consciente de su valor simbólico. Otra de las jóvenes protagonistas no oculta su preferencia: “Me gusta el jerez marrón oscuro. Me encanta”.
La saga se cierra en 2013, un año antes del fallecimiento de la autora, con 'All Change' (Todo cambia), quinta novela protagonizada por la familia Cazalet. En ella, las tradiciones familiares se mantienen vivas, como la preparación navideña del clásico trifle, que a la señora Cazalet gustaba se empapara con Grand Marnier y jerez, una tarea elegida para el día de San Esteban, el 26 de diciembre.
Así, a través de gestos cotidianos y referencias aparentemente menores, Elizabeth Jane Howard convierte al jerez en un discreto hilo conductor que atraviesa la vida social, gastronómica y emocional de toda una época.
También te puede interesar
Lo último
Contenido Patrocinado