Cultura

Currante del flamenco

  • El cantaor jerezano Jesús Méndez habla de su nuevo disco, de añoranzas, de grandes artistas y bellas ciudades, de sus futuros compromisos, de una boda y de una guitarra

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Como un tesoro, una Caja de Pandora de las bondades, así tenía Jesús Méndez o Jesús Ruiz Cabello (Jerez, 1984) guardado el cante en su interior. Una suerte de animal salvaje que, al acecho de la presa, sólo sale de su guarida en el momento justo. Y ya no hay vuelta atrás. Es entonces cuando se desata la tempestad en el flamenco. Un nuevo ciclón hecho de aires del pasado, de lo más jondo, de la tradición. "Ni mi padre sabía que yo cantaba cuando con 18 años me subí a un escenario por primera vez, en la peña Antonio Chacón", recuerda. Cuando su amigo Miguel Salado le llamó para ofrecerle este debut, el chaval estaba fregando platos con su padre, Francisco Ruiz Méndez, (hostelero prejubilado y cantaor) en el mesón 'El Coto'. "¿Pero tú cantas niño?". Entonces no esperaba todo lo que vendría después. Cuenta que una vez se arrancó en una fiesta familiar. Todos se le quedaron mirando y alguien, como temiendo que fuera a hacer una locura, preguntó: "¿Qué va a hacer este niño?". Nadie pensó que fuera a cantar. Y salió la fiera.

Nació en la barriada de La Granja, y a mucha honra porque es "uno de los barrios con más buena gente que hay". Ahora vive en la zona de Hipercor, aunque ha tenido mucha relación con la gente de la Plazuela, por su familia, su novia... Y a la vez que crecía el muchacho, crecía el flamenco dentro. No lo podía evitar. Ya desde niño veía a su padre hacer compás con la mano en la ventanilla del coche mientras conducía, con la música puesta. Lo ha mamado. Las fiestas privadas con los Moneo... y la sangre que baila por sus venas: Jesús forma parte de una de las sagas más señeras en el flamenco, los Méndez, encabezada por Francisca Méndez Garrido, Paquera de Jerez.

Aficionado a la pesca, no hay tiempo para echar la caña este verano, el más intenso de su carrera, con una completa agenda de conciertos que concluirá el 11 de septiembre en la Bienal de Sevilla con la presentación de su nuevo y segundo trabajo discográfico, 'Añoranza'. "Sí, porque añoro a los grandes artistas, por todos los que se nos han ido, sobre todo, de Jerez. Porque en la última época de Moraíto estuve mucho con él y le echo muchos de menos. Luis de la Pica, El Mono, La Paquera... Tenemos que fijarnos en el legado que nos han dejado, tenemos que estudiarlo". Un disco que no ha tenido "un productor fijo", sino que se ha hecho entre todos los artistas que han participado en él. Diego del Morao, Manuel Parrilla, Miguel Salado, Manuel Valencia, Antonio Rey y el pianista gaditano Miguel Ángel López.

Un trabajo abanderado por Miguel Poveda y su sello 'Carta blanca'. "Un privilegio enorme. Un impulso". Si el cantante catalán pone en Twitter: "No se pierdan a Jesús Méndez", al segundo le salen al jerezano 200 seguidores. "¿Esto qué es lo que es'", se pregunta entre risas. Y de camino recuerda su última actuación con Poveda en la plaza de toros de Jerez, el pasado 21 de julio, "una noche memorable. Hace años que no veía el coso así, desde que actuó El Torta en la Fiesta de la Bulería".

Y El Torta, de hecho, también está entre las colaboraciones de este disco, con una bulería compuesta por David Lagos. "Es un homenaje que le hago porque para mí ha sido un ídolo desde que era pequeñito. Son personajes que son un sueño hecho realidad, igual que cuando tocó Moraíto en el disco conmigo, en el primero ('Jerez sin Fronteras'). Son cosas que no tienen precio, sólo el que tú le quieras poner".

Se emociona cuando hace recuento de la gente que ha confiado "en mí para este trabajo, que han apostado. No quiero decepcionar a nadie". Y tiene sentidas palabras para Gerardo Núñez, con quien tanto ha trabajado. Dice que se rodea de artistas grandes, que sí, pero que son también grandes en humildad. "No me ponen pegas ninguna ni por llamarlos ni por el dinero. Como es una producción que estoy pagando yo pues a veces no quieren ni coger lo que les doy. Me están echando un capote muy grande. Es un lujo". Y ya que se rodea de lo más grande, pues lo hace del 'to', con una zambra compuesta por Antonio Gallardo, "muy bonita". "Tú tienes que ver a ese hombre, en su sofá, tan mayor y cantándome con un hilo de voz. Me emocioné mucho y está ahí para lo que yo quiera", dice.

Avanzan las nuevas tecnologías en los estudios de grabación, a la vez que los guitarristas aportan nuevas ideas a Méndez para 'Añoranza', "porque los tiempos corren, pero el cante, lo que es el cante, lo dejo como el clásico, jondo, aunque haya percusiones para darle un clima diferente, que guste de primera". Al disco, que está casi terminando, "sólo le queda grabar un fin de fiesta con mi familia, para que la gente de fuera sepa el flamenco que hacemos aquí. Tenemos muchas ganas de presentarlo ya". Y como a Sevilla, a Jerez le tocará el turno de conocer 'Añoranza', aunque aún no están cerradas las fechas, en principio será en noviembre, en el Teatro Villamarta. Y seguramente estarán ese día todos los artistas que han colaborado, "porque aquí en mi tierra quiero hacerlo a lo grande y disfrutar ese día", adelanta Jesús.

También está a punto el disco 'Flamenco Rojo y Gualda', en el que se han adaptado letras populares de la milicia al flamenco, como cartas de soldados a su mujeres. El proyecto, avalado por el Instituto de Historia y Cultura Militar, tiene previsto extrapolarse a otras músicas populares españolas.

Inquieto, Jesús no para de darle vueltas a la cabeza a nuevas creaciones, a su tercer título, incluso. "Me falta 'na' y menos para casarme y todavía no tengo el traje", bromea. Y es que los artistas no cesan de llamarle y proponerle, "y entonces así es que no se puede uno dedicar a sus cosas" (ríe). Porque cuatro días después de su presentación en Sevilla, tiene el cantaor quizás la cita más importante de su vida. Se casa en la iglesia de San Francisco. Asegura, sin embargo, que vive en un mundo complicado. Cuando hay mucho trabajo porque hay mucho trabajo, y cuando hay poco porque hay poco. "Es inestable. No sabes si mañana vas a tener mucho curro o nada. Es algo delicado, pero el artista tiene que correr ese riesgo si quiere ser artista".

Y en ese mundo, ¿es un orgullo o un peso ser sobrino de La Paquera? "Pues creo que las dos cosas. Aunque también intento apartarme de ello porque también ella hizo su carrera y cada uno tiene que tirar por la suya. Sería un error si fijara toda mi carrera en ella. Pero nunca olvido que ha sido mi base". Y recuerda cuando estuvo Jesús trabajando dos meses en el tablao Cordobés de Barcelona. Un día que fue ella, la Paquera, al Mercado de las Flores, aprovechó para aparecer en plena actuación del niño y le dijo: "¡Ay, mi sobrino!", levantando los brazos. "La gente se quedó impresionada. Mi padre la mandó para que me echara un vistazo, para ver si comía bien o no. Cuando la vi me quise morir, era algo inexplicable e inolvidable". Y otra carga y responsabilidad es mantener vivo el cante jondo. "A veces hago temas compuestos por Gallardo que ya cantaba la Paquera. La gente me dice "esto es nuevo, ¿no?". Y yo digo que no, que este tema tiene ya 40 años".

Jesús ha elegido el flamenco como forma de vida, "que es total. El que es flamenco, que no significa ser gitano, se levanta flamenco y se acuesta tal cual. Es un sentimiento tan grande". Y se tiró al cante, pero podría haber sido el toque, porque no se le da nada mal. "Los guitarristas me dicen que menos mal que no me dedico a la guitarra, que si no les hubiera dejado sin trabajo", bromea. De hecho, en la guitarra busca la relajación en momentos de estrés.

Él ya sabe lo que es pero, ¿y qué entienden los demás por flamenco? "Por lo pronto quitaba eso de flamenquito, ¿acaso al blues se le dice bluesito o al jazz jazzito? La palabra flamenco es muy grande. Te puede gustar Marchena, Manuel Torre, pero estás hablando de flamenco. Me gusta las cosas que se hacen ahora en Jerez, y me divierte, pero el error es cuando se le empieza a llamar flamenco, aunque yo sé que ellos no lo hacen. A veces en la radio te venden flamenco y sale alguien con una batería y me pregunto ¿esto qué es? No suena a flamenco". Como un guerrero, está dispuesto a defenderlo, "pero en Jerez lo deberíamos hacer todos porque es una ciudad única en este arte. Fuera ya se reconoce".

Habla Jesús de los recortes de la Junta de Andalucía a la Bienal, "mal camino. Se le reconoce como Patrimonio de la Humanidad y ahora restamos. No lo entiendo. Deseo que el flamenco sea respetado como la música con más riqueza. Si aportamos todos podemos engrandecer este arte".

Poco queda de aquella timidez en Jesús, cuando se levantaba el telón en el Royal Albert Hall de Londres o en el City Center de Nueva York, ante la inmensidad del público, con tan sólo 20 años. Le temblaba todo. Ahora ya ha recorrido el mundo entero, excepto Australia. El escenario ya es su casa, se convierte. Las oportunidades le han permitido desarrollar eso que con tanto celo guardaba, el cante. Confianza y seguridad son ahora las claves. "Porque todo aporta para aprender, hasta lo negativo. Al cuerpo y a los sentimientos les tienen que pasar cosas". Y de las vivencias más emotivas, no olvida su estancia en la India, bonita y triste a la vez. "Me quedé en un hotel de cinco estrellas con jacuzzi y desde mi ventana veía a gente tirada en la calle esperando la muerte". Y aunque no le importaría vivir una temporadita en el extranjero, "Jerez me aprecia y yo a ella. ¡Qué tierra más grande y con más luz! Es mi ciudad favorita".

Amable, sincero, tranquilo, alegre..., la negatividad la deja Jesús en su casa. "Hay que estar de buen rollo con la gente, con buen punto y disfrutar de los momentos y dar lo mejor de uno y es algo que también se nota cuando actúas". Y la humildad, ¿cómo la conserva uno con tanto reconocimiento? "No sé, creo que es algo natural. Es complicado de explicar. Me siento así, como un trabajador más. Hago mi trabajo y la gente me lo reconoce. Un currante del flamenco. De hecho a la playa voy los domingos que puedo, como un dominguero más (ríe). Con trabajo se consigue todo. Hay que confiar en uno mismo".

Pocos deben ser los sueños que le quedan a Jesús por cumplir. "Ser primera figura del flamenco, actuar con Paco de Lucía... De todas formas, tal como están los tiempos hoy, comer de esto es un privilegio y tirar 'pa'lante' sólo con el arte ya es un milagro".

Acaba la charla. Jesús se relaja para la sesión de fotos callejeando por Jerez. Se echa un cante, toca las palmas. Calle Francos, Damajuana, Juana de Dios Lacoste, una Cola cero en la taberna de Segura y vuelta a las calles. ¡Ops!, la Ciudad del Flamenco se derrite en un solar. Posa junto a la valla de metal que la rodea. "¡Si Jerez ya es la ciudad del flamenco!". El Zoco, El Carmen, Plateros, una foto más. "Y entonces, ¿cuando saldrá esto?".

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