La crónica

Arteta y Jordi ponen voz a la Ciudad Europea del Caballo

  • Ainhoa Arteta se convirtió en la verdadera conductora de la Gala, con su voz, elegancia e imponente figura, metiéndose al público jerezano en el bolsillo

Imágenes de la Gala de la Real Escuela del Arte Ecuestre, sublime Ainhoa Arteta bailando con los 'Caballos Andaluces' Imágenes de la Gala de la Real Escuela del Arte Ecuestre, sublime Ainhoa Arteta bailando con los 'Caballos Andaluces'

Imágenes de la Gala de la Real Escuela del Arte Ecuestre, sublime Ainhoa Arteta bailando con los 'Caballos Andaluces' / Miguel Ángel González (Jerez)

En un espacio escénico diferente, aunque con cierta reminiscencia del concierto de año nuevo de Viena, por lo rectangular del recinto, Jerez celebró su Gala Extraordinaria, con ocasión de haber sido designada este año, en Bélgica, Ciudad Europea del Caballo.

La tarde, metida en agua, no impidió que el público acudiera a la cita, que comenzó con las disculpas, pedidas al respetable por parte de la representación de Paco Cepero, ante la imposibilidad de cumplir con su breve e inicial compromiso artístico del programa. Los caballos que acompañarían al guitarrista, sí que salieron e hicieron sus vistosos “pasos de dos”, y rompieron elegantemente el hielo inicial de todo espectáculo.

Y a partir de ese momento, Ainhoa Arteta se convirtió en la verdadera conductora de la Gala. Con su elegante e imponente figura, la soprano utilizó su decisivo carácter y su capacidad seductora, para meterse al público jerezano en el bolsillo, no solo con la voz, sino con su persona. Cantó, bailó, se bajó a la arena, valiente, entre los caballos y fue anfitriona, presentando a todos los que actuaron en la Gala, incluido a su gran y jerezano amigo Ismael Jordi.

Apareció en la arena de la Escuela, en una preciosa calesa, conducida por dos corceles andaluces que la situaron frente al escenario, y desde donde abordó, pie en tierra, una de las arias más frecuentes de sus recitales: La Habanera de la ópera Carmen. Fantástica, como siempre, aunque es cierto que con micrófono, la voz de una excepcional cantante de ópera, como lo es Ainhoa, pierde calidad, aunque también es cierto, que las características del recinto hacen necesario el uso de amplificadores y altavoces. Una pena, pues una de las grandes cualidades de Ainhoa, es precisamente su potencia vocal, que le permite cantar junto a las más grandes orquestas, sin perder un ápice de calidad. El público, aplaudió su valentía cantando entre los caballos. Decisión no le falta a la tolosarra.

El siguiente tema, también de la ópera Carmen, La famosísima Seguidilla, la brindó al público, con manzanilla incluida, ya desde el escenario, presentando el espectáculo, como la Gala de las Escuelas Ecuestres de toda Europa. Según Ainhoa estas dos arias de la ópera Carmen simbolizaban una visión europea de España, y su Carmen Sevillana, mientras que los temas que cantaría a continuación, “Por el aire van”, “De Cádiz a Gibraltar” y “A la flor, a la flor, a la pitiflor” simbolizan la Carmen de Lorca, reflejada en su poesía, cantada con la música de J. García Leoz.

No faltaron las conocidísimas Canciones Españolas Antiguas, con letra y música del propio Federico García Lorca. Son las canciones que en el primer tercio del siglo XX popularizara la inmortal “Argentinita”: “El café de Chinitas”, “Los cuatro muleros” y “Sevillanas del siglo XVIII”.

Extraordinaria la interpretación de Arteta, y también la de la bailaora Mercedes Ruiz, con castañuelas. Entre ambas consiguieron de manera extraordinaria, desdoblar el personaje original de la Argentinita, que en su espectáculo cantaba las canciones, a la vez que las interpretaba al baile.

Y a continuación, Arteta presentó a Ismael Jordi y a Juan Pérez Floristán. Este último relevó a Marco Evangelisti al piano llegando el turno a uno de los músicos andaluces por excelencia: Turina. Entre Ainhoa e Ismael, interpretaron el Poema en forma de canciones. Muy bien los dos.

Luego hubo más caballos, a cargo de la Real Escuela Ecuestre, y vuelta de nuevo en calesa de Ainhoa, quien afrontó una complicada interpretación de tres temas de las Goyescas de Enrique Granados, ya que cantó con cuatro caballos evolucionando a su alrededor. La verdad, en mi opinión, fue un momento de mucha tensión, donde incluso la soprano dudó con la voz fugazmente. Y no era para menos, aunque es cierto que los caballos se comportaron ejemplarmente.

Sin embargo Arteta insistió y pidió que en el siguiente tema, un caballo (insistió, uno solo) le acompañara en la interpretación de “Io son l’úmile ancella” de la ópera Adriana Lecouvreur de F. Cilea, rememorando sus intervenciones, también con un caballo, en el Metropolitan Opera House, aunque en esta ocasión, la canción se la dedicara al caballo y no, como entonces, cuando lo hacía a su amante Marcello…

Para mi gusto, lo mejor de la noche vino de la mano del Ainhoa e Ismael, cantando el dúo de Hanna y Danilo, de la opereta alemana La viuda alegre de F. Lehár. Incluso dieron unos pasitos de vals. Extraordinario.

Ya en la recta final, una interpretación soberbia de Ismael, del aria Asch so Fromm de la ópera alemana Martha de F. von Flotow, dio paso al cambio de color musical, que trajo Pérez Floristán al piano, donde destacó “Caños de Meca” del compositor jerezano Gerardo Núñez.

Un fantástico dúo de Soleá y Rafael, de la zarzuela El Gato Montés, cantado a pie de arena por Arteta y Jordi puso la anécdota graciosa, al no querer salir el carruaje que los conducía fuera de la arena. Quisquilloso y Fresero, son los nombres de los caballos que tiraban de la calesa. No sé cual de los dos tuvo la culpa…Pero al final todo se resolvió en clave de humor. Ainhoa despidió el programa oficial, como suele hacerlo en muchísimos de sus recitales: Reivindicando sus 32 apellidos vascos, y su españolidad al cien por cien, entonando La Canción Española de la zarzuela El Niño Judío.

Y hubo fin de fiesta, con Pérez Floristán por bulerías, Arteta cantando La Tarántula, de la zarzuela La Tempranica, y a dúo con Jordi, entonando el Dúo de la Africana, fenomenalmente, pese a tener que improvisar la letra…Un Gran Gala, que casi llenó la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, para poner voz a la importancia del caballo en Jerez.

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