Crítica de ópera | El último hechicero

Un hechicero cenizo, una música fascinante

  • La Ópera de Cámara de Sevilla llevó al Teatro Villamarta 'El último hechicero' de Pauline Viardot: una opereta que no se había vuelto a representar desde el XIX

Un momento del montaje de 'El último hechicero', en el Teatro Villamarta. Un momento del montaje de 'El último hechicero', en el Teatro Villamarta.

Un momento del montaje de 'El último hechicero', en el Teatro Villamarta. / Manuel Aranda (Jerez)

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El viernes 23, dentro del XVI FMEC, tuvimos la suerte de asistir a un estreno mundial de otra opereta de salón de Pauline Viardot. Se trata de El Último Hechicero. Si la sorpresa de redescubrir a Viardot, fue mérito del XIV Festival en 2016, con Cendrillon, ahora el gran mérito del XVI FMEC ha sido poner en escena esta nueva opereta, que no se había vuelto a representar, según su partitura original, desde que se estrenara en el siglo XIX, en los salones de la casa parisina de Viardot.

Una labor encomiable, pues no es nada fácil sacar adelante una producción sin referentes previos, la producción de El Último Hechicero, ha sido posible gracias a la colaboración de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales, Ópera de Cámara de Sevilla, Teatro Villamarta y GNP Producciones. Pero el esfuerzo de producción no hubiera servido para nada, sin la previa y decisiva participación del sevillano Francisco Soriano, verdadero artífice de la recuperación de la obra, y de su resultado musical final, como Director artístico y musical de todo el proyecto.

Y se trata de una cuidada y elaborada producción, en varios sentidos: Para empezar, la escenografía, responsabilidad de Marta Eguilior, ha aportado una correctísima iluminación y proyecciones, que han conseguido transformar el teatro, dándole la atmósfera de un verdadero cuento de hadas. El vestuario también es muy original, contribuyendo a transportar la escena al corazón del cuento escrito por el libretista de Pauline Viardot: Ivan Tourgeniev. En la instrumentación, también hubo agradables sorpresas, con la incorporación de elementos acústicos electrónicos, que han complementado, con pinceladas de color actuales, la partitura del piano, único instrumento original de la opereta de Viardot, interpretado excelentemente por Francisco Soriano. E importantísimo ha sido también la elección del elenco, que ha supuesto la elevación del nivel artístico, tanto de cantantes como de coro.

Alberto Arrabal, bajo-bufo, es el “patético hechicero Krakamiche”, al que no le sale bien ni uno solo de los intentos de usar sus caducos conocimientos de magia y nigromancia. Una buena parte de la dinámica de la obra de Viardot descansa sobre este personaje, que encarnado por Arrabal, logra convencer al público, gracias a su estupenda capacidad dramática. En lo canoro brilló especialmente en el segundo acto, sobre todo en el dúo con Stella, su hija en el libreto de Tourgeniev.

Ruth Rosique, soprano sanluqueña asidua del Villamarta, encarnó el papel de Stella muy bien, en un personaje muy diferente de los que solemos verle interpretar. Vimos en ella una estupenda actriz, desenvolviéndose por el escenario con gran soltura y naturalidad. En lo canoro, su fraseo, como siempre, espléndido. Y tuvo en el dúo del segundo acto con Lelio, su climax. Brava.

El papel de Lelio, el príncipe del cuento, le correspondió a la mezzosoprano vienesa Alexandra Rivas, quien ya visitara el Villamarta este año en el papel de Siebel, de la ópera Fausto. Alexandra puso carácter con su voz de mezzo lírica al personaje, y tuvo, además del dúo del segundo acto con Ruth, una estupenda actuación en la escena III del primer acto. Muy bien.

Francisco Sánchez, polifacético tenor, encarnó la parte más cómica de la obra, dando vida al criado del hechicero: Perlimpimpin. Su intervención estuvo cuajada de originalidades cómicas, como lo fue la imitación de Serrat en medio de un aria, con una salchicha en la mano a modo de micrófono. A mi, particularmente, me convenció.

Susana Casas, soprano, es la única (junto a Carolina Gilabert, integrante del coro) del elenco que participó en 2016 en Cendrillon. Esta vez encarnó a la Reina de los elfos, y con su tesitura de soprano ligera, fue el contrapunto del Krakamiche. Bien Aurora Galán en el papel de Verbena.

Destacar la estupenda labor del coro de Elfos, sopranos y contraltos integrantes del joven coro que, bajo la Dirección de Ana Rioja, tuvieron momentos verdaderamente brillantes.

Una deliciosa historia de elfos, hadas y hechiceros, para todos los públicos, contada con una música genial de Pauline Viardot, donde se pueden apreciar las influencias de grandes compositores contemporáneos, como Offenbach, Meyerbeer o Gounod. Esperemos que la producción encuentre respaldo en otros teatros y que ello sea motivo de recuperación del patrimonio musical de la saga de los García, comenzada en Sevilla con Manuel García, y que ha llegado hasta nuestros días. Y aprovecho para recomendarles que lean el libro de Andrés Moreno Mengíbar: Los García, Una familia para el canto, presentado en Jerez durante este FMEC, donde de manera completísima y muy amena, nos narra toda la vida de esta importante familia musical española.

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