Arquitectura · La belleza intangible

La mano que piensa

"Una mano que se posa en el hombro o en el muslo de otro cuerpo, ya no pertenece del todo al cuerpo del que procede", Rainer María Rilke.

Hace unos días, viendo en La2 un programa de televisión que recordaba la grandeza del guitarrista Paco de Lucía, tan admirado fuera y dentro de nuestro país, genio para los que tuvimos la suerte de escucharle alguna vez, dios para sus colegas, estrella brillante que nos iluminó con su música y con su pensamiento, con su purismo y su honestidad, me quedé pillado con el movimiento de sus manos fuertes y veloces pero dulces y sensibles al mismo tiempo, que parecían tener vida propia, se movía cada una de ellas con precisión, sin que en la cara del guitarrista se reflejara el complejísimo y rápido sistema de movimientos que producía. Explicaba el maestro que al principio la posición de la guitarra era más vertical porque tocaba cuatro acordes y eso era posible en esa posición pero que cuando supo más, cuando creció su conocimiento de la música y de la guitarra, necesitó apoyar la guitarra en horizontal para poder desarrollar todo cuanto sus manos habrían de extraer del sonido de sus cuerdas, para lo cual tuvo que cruzar las piernas, posición entre relajada y erguida en la que siempre le recordaremos.

Esa visión de las manos del artista me hizo recordar un libro escrito por el arquitecto finlandés Juhani Pallasmaa titulado La mano que piensa, un ensayo sobre el importante papel de la mano en la evolución de las destrezas, la inteligencia y las capacidades conceptuales del hombre. Este bellísimo libro es un compendio de sabiduría al que acuden de la mano de Pallasmaa muchos admirados artistas y pensadores, investigadores y médicos, del pasado y del presente, para ayudarle a extraer la esencia de lo que nuestras manos han representado en el pasado hasta conducirnos a los seres humanos que hoy somos. Nuestras manos que parecen estar al servicio de nuestros deseos, aunque a veces toman el mando y reclaman su propia libertad.

Hay una relación directa entre nuestras manos y nuestro pensamiento pero existen científicos que defienden que nuestro cerebro no sólo vive dentro de nuestra cabeza sino que se prolonga en el cuerpo y desde este al mundo. Tocamos las cosas y captamos su esencia antes de ser capaces de hablar sobre ellas. Las manos nos representan, la levantamos en señal de juramento o saludo, imprimimos nuestras huellas dactilares como prueba de nuestra identidad. La mano es la metáfora de la creación artística, de los cocineros, de los tolerantes, de la amistad.

Uno de los primeros trabajos de estudiante en la escuela de arquitectura fue dibujar mi propia mano dibujando. Eso me hizo tomar conciencia de la importancia de la herramienta del dibujo para el aprendizaje de la arquitectura. Utilizo mis manos para dibujar, lo que me ayuda a pensar en la arquitectura, en el espacio del edificio que en ese momento tengo en la cabeza, ya sea un proyecto o alguno que dibujo para aprender de él, para tratar de entenderlo. También utilizo mis manos para muchas cosas más. Con frecuencia para hablar, me ayudan muchísimo a contar mis pensamientos. A veces, cuando estoy muy concentrado en lo que trato de explicar, toman su propio camino y quedo atrapado en ellas.

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