Un nuevo pincel para el cineasta

TRIBUNA DE OPINIÓN

Cada innovación en el séptimo arte ha sido recibida con una mezcla de asombro y escepticismo, hoy, una nueva herramienta llama a la puerta de los creadores: la inteligencia artificial

Alfombra roja en el Festival de Málaga, el año pasado.
Alfombra roja en el Festival de Málaga, el año pasado. / JAVIER ALBINANA
Miguel Escassi
- Director de Relaciones Institucionales y Políticas Públicas de Google España y Portugal

07 de marzo 2026 - 07:00

El Festival de Málaga es una celebración de la audacia, de esas historias que nos atrapan en la butaca y nos recuerdan el poder del cine. Desde el primer cinematógrafo hasta el CGI que redefinió los blockbusters, la historia del séptimo arte es la historia de su idilio con la tecnología. Cada innovación fue recibida con una mezcla de asombro y escepticismo, pero siempre ha encontrado su máxima expresión en manos del talento que supo ver en ella una oportunidad para contar historias aún más memorables. Hoy, una nueva herramienta creativa llama a la puerta: la inteligencia artificial.

Es natural que, ante una transformación de esta magnitud, surjan preguntas y un sano escepticismo. Pero la IA no es el fin de la creatividad, sino una herramienta para expandirla. Es el pincel, no el pintor; la cámara, no el director. Su verdadero valor no reside en su capacidad para crear de forma autónoma, sino en su poder para acelerar el proceso más complejo y, a veces, frustrante para un creador: dar forma a una idea.

Un ejemplo claro es el de Atresmedia, quien ya está utilizando la tecnología de Google Cloud para desarrollar e implementar soluciones de IA de vanguardia con el objetivo de optimizar procesos internos y generar usos pioneros de la IA en el sector de los medios de comunicación.

Para un cineasta, el reto de la "página en blanco" es legendario. La IA actúa como un catalizador contra ese vacío. Herramientas como Veo, nuestro modelo más avanzado de IA capaz de generar vídeo de alta definición a partir de texto, desarrollado en estrecha colaboración con artistas, ahora pueden transformar una simple idea en una visión cinematográfica coherente. Esto permite a un director visualizar conceptos estéticos en minutos o explorar ángulos de cámara imposibles, reduciendo la fricción entre la visión y la ejecución.

El director y creador en YouTube, Alec Hernández, es un claro ejemplo. Él no ha delegado su creatividad en un algoritmo; la ha potenciado. "La IA me ayuda a ser más director y menos técnico", afirma. Al automatizar tareas repetitivas, puede dedicar su energía a lo que ninguna máquina puede hacer: la dirección de actores, la emoción de una escena, el alma de la historia. Utiliza la tecnología para visualizar tráileres de "películas que no existen", demostrando que los únicos límites ahora son los de la imaginación, no los del presupuesto.

Miguel Escassi, director de Relaciones Institucionales y Políticas Públicas de Google España y Portugal
Miguel Escassi, director de Relaciones Institucionales y Políticas Públicas de Google España y Portugal / M. G.

Ahí reside la verdadera democratización. No se trata de que cualquiera pueda pulsar un botón y generar una obra maestra merecedora de la Biznaga de Oro, sino de que un talento emergente, con una visión brillante pero sin el respaldo de un gran estudio, pueda prototipar sus ideas a un nivel profesional y competir por la atención.

Por supuesto, el debate sobre la sustitución y la homogeneización es importante. Pero la historia nos enseña otra lección: cuando la tecnología reduce costes, las obras no tienen por qué abaratarse, sino que pueden volverse más audaces y visualmente espectaculares. Los ahorros se reinvierten en ambición.

En este Festival de Málaga veremos historias que nos harán reír, llorar y pensar. Ninguna de ellas habrá sido concebida por una IA, porque a las máquinas les falta algo esencial: la vivencia, el conflicto, la "chispa humana".

El futuro del cine no será escrito por un algoritmo, sino por cineastas que, armados con nuevas y poderosas herramientas, se atrevan a contar historias más personales, arriesgadas y memorables que nunca. El reto, como siempre, no está en la tecnología, sino en el talento para dominarla.

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