El máximo rigor de la pintura
Pepe Basto / Taller del artista (Jerez)
Imágenes de la inauguración de la exposición de fin de año de Pepe Basto
Existen artistas que tienen a sus espaldas una carrera de profunda significación, aprendida casi por sí solos, sin la ayuda de nadie y únicamente llevados por una pasión absoluta por lo artístico. Son llaneros solitarios, artistas totales que crean trabajando y trabajando con denuedo, incansables ante la propia adversidad de la profesión, abriéndose camino por ellos mismos, enchufados sin solución de continuidad a la soledad de los estudios, haciendo sin reservas lo que consideran, cayéndose y levantándose, buscando y perdiéndose, definiendo realidades y evolucionando sin caer en modas, ni compromisos con la modernidad y dejando que su credo sea el de ellos mismos, personales e intransferibles. Esta realidad creativa, la de ellos, la que consideran y quieren que sea, les dota de mucha credibilidad y a su obra no se le puede poner pegas porque mantienen expectantes todas las circunstancias que rodean el hecho creativo: interés, fuerza, técnica, entusiasmo, conocimiento y asunción de todos los elementos de la expresión artística. Por eso, su obra está siempre de actualidad; interesa y convence a la mayoría. Además, dentro de la industria artística son autores a tener en cuenta porque marcan rutas a seguir y porque mantienen vivos los recursos de un mercado que, siempre, siempre, cuenta con ellos.
Entre estos artistas que desarrollan un poderoso atractivo por sus múltiples cualidades consolidadas en el tiempo, se encuentra Pepe Basto; autor que goza de todos los predicamentos exigibles en este juego de lo artístico al que acuden muchos pero permanecen pocos. Y Pepe Basto lleva mucho tiempo desarrollando una indiscutible línea llena de personalidad pictórica con una obra que desentraña un marchamo de certeza y rigor. Es un pintor de raza, de los que parten de un oficio totalmente definido y determinante. Su obra acumula muchísimos años de sapiencia pictórica; sus actuaciones se basan en el conocimiento, en una experiencia desmedida que se ve potenciada por un trabajo minucioso, persistente, lleno de fuerza, de sobria técnica que le permiten generar cualquier situación por compleja que ésta fuera.
Es dominador claro de un paisaje realista, diferenciador, con las viñas en los distintos momentos estacionales de su proceso natural patrocinando su contundente realidad visual, con un dominio de las texturas que se manifiestan, sobre todo, en esas tierras de albariza que el pintor estructura con solvencia y dominio plástico, con unos lúcidos y acertados encuadres visuales, en los que la perspectiva ofrece un feliz episodio de racionalidad y absoluta veracidad. Pepe Basto ha desarrollado a lo largo de su carrera una pintura gozosa, de grandes logros formales, de sabias posiciones figurativas que interesan a una mayoría y que convencen por su serena posición pictórica, su exacta consideración artística que no deja lugar a la duda ni plantea posturas esquivas e innecesarias.
Como viene ocurriendo desde hace años, por estas fechas, Pepe Basto abre su estudio para presentar su personal e intransferible obra; esa pintura que desde hace tiempo descubre a un artista sin recovecos, con todos los valores que han hecho historia en un arte abierto pero que necesita de muchos y muy buenos argumentos para que sea grande, vislumbre y haga vibrar de emoción. Una obra que encierra las circunstancias plásticas y estéticas que siempre se han exigido y que el pintor jerezano lleva a sus altas consecuencias. En las obras expuestas en el taller del Arroyo nos encontramos con un artista más preocupado si cabe por los desarrollos y desenlaces de las texturas, a las que impone un especial sentido, ahondando en sus posibilidades, en las estructuras compositivas que pueden generar. Por eso, su obra se nos antoja más expresiva, con momentos, incluso, de gestualidad, de contundencia formal, de dar prioridad al elemento formal en detrimento, a veces, del propio espacio representativo. También se observa en esta nueva pintura un cambio estructural de la paleta, dando prioridad a unas gamas más vivas que acentúan los contrastes en la composición y permiten una bella dualidad que potencia la realidad expresada.
De nuevo nos encontramos la fortaleza formal de un artista maduro que plantea, asimismo, una pintura madura, que no antigua; una pinturasin tiempo ni edad; con los valores intrínsecos de un arte que es grande porque lo lleva a cabo un artista formado en el trabajo, en la pasión creativa y en el entusiasmo de ser más artista cada día.
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