LA CRÍTICA

Una representación que no envejece

  • 'La Traviata' sigue cautivando a los incondicionales del Teatro Villamarta

Ópera: La Traviata de G. Verdi O. Filarmónica de Málaga. Director: J. M Moreno. Coro del Teatro Villamarta, director: Joan Cabero. Reparto: Raquel Lojendio; José Luis Sola; Javier Franco; Marina Pardo; Inmaculada Salmoral; Joan Cabero; Luis Álvarez; David Lagares; Ángel Rodríguez; Pedro Talavera; Javier Barea; Rafael Berdún. Teatro Villamarta. Jerez. 30.0.2017 Aforo completo. Calificación: ****

La producción villamartina de 'La Traviata' no envejece con los años. Su montaje, de corte clásico, con la escena mostrando amplios salones, y con los personajes ataviados con la ropa al uso de la alta sociedad parisina de mediados del siglo XIX, sigue cautivando a los incondicionales del coliseo jerezano. Y a los no incondicionales también, a juzgar por el lleno total de público en la sala en las dos representaciones.

En realidad, la mayoría del público cuando asiste a una representación de 'La Traviata', espera ver eso mismo, porque a mi modo de ver se trata de una ópera que no encaja bien interpretaciones escénicas muy diferentes. Quizá la labor de la producción, si se quisiera introducir alguna variación, podría estar en intentar acortar los tiempos, ya que, aunque el libreto exige tres actos, de hecho, y debido a la complejidad de cambiar los decorados de las escenas I y II del segundo acto, se termina convirtiendo en una ópera de cuatro actos y tres intermedios. Si se lograra reducir un intermedio, el público, a buen seguro, lo agradecería.

Pero volviendo a la representación, decir que salí del teatro con una agradable sensación, y con renovadas fuerzas de seguir siendo asiduo del Villamarta, pese a las adversidades presupuestarias.

Para mi modo de entender, la soprano canaria Raquel Lojendio, Violetta en la representación, triunfó con su puesta en escena. Su voz, poderosa y agradable, llegó a los corazones del público. Y aunque es cierto que la vi más segura en los momentos menos dinámicos de la obra, sobre todo en la Iª escena del segundo acto, en general balanceó muy bien su calidad canora con la dramática. El público la aplaudió con ganas.

Su pareja artística, José Luis Sola, es decir Alfredo en la obra, en mi opinión cantó muy bien. Quizá se le fue un poco la mano en las ganas de hacerlo bien en la segunda escena del segundo acto. En él preponderó la calidad canora sobre la dramática, aunque estando en todo momento a la altura de un papel dramáticamente muy complicado en algunos momentos de la representación.

Javier Franco, Giorgio Germont en la representación, asumió con aplomo el papel de padre inflexible y decimonónico que requiere el guión. Su presencia le dio solidez a la representación. En su caso, preponderó vis dramática, sobre su calidad canora, dentro de un nivel de ambas cualidades muy alto y envidiable.

Por último mencionar las intervenciones de la sanluqueña Inma Salmoral y del propio director del Coro, Joan Cabero, en los papeles de Annina y Gastone.

La Orquesta filarmónica de Málaga le tiene muy bien cogida la medida al foso del Villamarta, y tal como ocurrió en esta ocasión, estuvo a la altura. No sé si por la acústica de la localidad que ocupé en la representación, pero noté un poco de desequilibrio, en algunas ocasiones, a favor de los metales y en detrimento de la cuerda. En cualquiera de los casos, la orquesta supo arropar y no tapar a los cantantes.

Por último, el coro del Villamarta, que sigue moviéndose en la calificación de notable alto y en ascenso; estuvo fenomenal. Muy bien.

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