Opinión

Pepe Marín

Espontánea colaboración para exaltar la figura de Rafael de Paula

25 de enero 2026 - 03:08

Un martes y 13 parece no ser el día ideal para lanzar una proclama que tenga como personaje central la figura de un gitano –ni de un payo-; un gitano principal, un gitano del mejor cartel de la torería, un gitano que allí donde está, -San Pedro es vigilante perpetuo-, mano a mano con Tío José, Tío Borrico, los Terremoto, la Paquera, los Soto, los de la Morena, los Moneo, los Parrilla y un siempre añorado e incontable número de figuras por las que Jerez guarda luto permanente, un gitano que encabeza la antología del mundo taurino: Rafael de Paula, cuya memoria continúa acaparando, como lo hizo en vida la atención del resto de los gitanos y de quienes no lo somos, de su Jerez, del mundo del toro, de Andalucía toda y de quienes configuran una comisión -en estrecho contacto con el Ayuntamiento- que quiere y desea la erección de un monumento en bronce que perpetúe la figura del gitano torero o torero gitano, que fundido e indivisible, alcanzó la fama y la gloria que perpetúan su nombre: Rafael de Paula.

Obran en mi poder tres romances que me gustaría –siquiera uno-, poder leer al pie de su monumento. Es una pretensión por mi parte que quiero brindar desde hoy a la comisión sobre la que el periodista y amigo, presidente de la Cátedra de Flamencología de Jerez, Fran Pereira, se ocupa en su crónica, inserta en Diario de Jerez el martes, 13, de enero –que guasa, ¿verdad, Fran?-, de este 2026.

Son autores de los tres trabajos citados, Manuel Ríos Ruiz, Benito Pérez y Rafael Lorente, titulados respectivamente ‘Tarde de toros’, ‘Brindis por el brindis de Rafael de Paula’ y ‘Al compás de la torería’ –que su autor funde con el recuerdo buleaero de Juan Moneo Lara ‘El Torta’-. Extraordinario fundido.

No fueron muchas las ocasiones en que coincidí –fuera del coso taurino- con Rafael de Paula. Tampoco es que fueran muchas las ocasiones en que pude disfrutar de su arte, aun cuando bastara una única vez para entenderlo y admirarle. Recuerdo con algo de fidelidad la presencia del torero en los Claustros de Santo Domingo con ocasión de uno de los muchos homenajes que recibió en vida Álvaro Domecq Romero, acto al que así mismo acudieron Curro Romero, Juan-José Padilla, ganaderos, familiares y amigos, en homenaje al inmenso jinete. Otra de las ocasiones coincidentes con Rafael de Paula la propició la peña flamenca Tío José de Paula al entregar su más preciado galardón, Medalla de Oro, a otra de las grandes figuras, gitano de la mejor estirpe –al que felizmente pude abrazar hace apenas unos días-, excelentísimo señor don Manuel Morao. Allí, en las instalaciones bodegueras de los Estévez, Rafael y Manuel, Manuel y Rafael, brindaron con un emotivo abrazo poniendo de manifiesto que los mundos taurino y flamenco –como escribió el poeta-, “son dos hermanos gemelos”.

Como término de este comentario, tres piropos al matador, extraídos de los tres trabajos antes citados, a manera de prólogo a los versos que tengo en reserva para leer a los pies de su monumento: “nadie sabe qué puede ocurrir/cuando le soplan los duendes gitanos/a éste soberano de sangre cañí”; de parte de su tocayo. “Cuando soplaron las musas/la seda al viento dió jaque/Paula cita a “Diamantino/en el adviento del arte”; de un sanluqueño-jerezano que fue. “Rafael de Paula, amigo, te pondrás de pie como lázaro gitano, bajarás la vista hasta tu sombra entre múltiples clamores. Perpetúas lúcido a la estética, alcanzas las cimas, nazareno del arte, gritan tu gracia…” De un jerezano que amaba el flamenco, el toreo, el vino… jerez.

stats