El liberalismo redentor

21 de enero 2026 - 05:38

Desde la caída del trono y del altar, que tuvo su exponente máximo en la revolución francesa, la crueldad racional no ha dejado de crecer. Sobre todo, en la feroz persecución contra los católicos. La revolución, bajo el lema Libertad, igualdad y fraternidad, no se privó de sembrar terror y violencia. Si tiránico fue el absolutismo, no lo fue menos el liberalismo revolucionario. Baste leer el episodio del levantamiento contrarrevolucionario de la Vendée para darnos cuenta de que el poder no estaba en manos de Santa Luisa de Marillac, ni de que fuesen consecuentes con su cacareado lema.

Su inmenso odio hacia la religión creó tantos o más mártires que en España el Frente Popular (que ya es decir). Aquello fue un ‘populicidio’. Para entendernos, un genocidio sin distinción de sexo y edad. Un antecedente del Paracuellos nuestro. En nombre de la razón que rechazó la Revelación, por supuesto. Las emociones fueron exaltadas, las pasiones divinizadas y las conciencias oscurecidas. Quitaron el trono y el altar, pero ¿a quién pusieron?

Francia renegó de sus raíces; ahora Europa, capaz de elevar a derecho constitucional la muerte del no nacido. Vomitivo. Pero la ideología no ceja en su intento de pretender reescribir la historia queriendo atacar a la Iglesia, como lo hiciera antaño, acusándola de medieval y oscurantista. No saben que el bien, la verdad y la belleza se esgrimía entonces con más dignidad que ahora lo hace el Parlamento europeo, tan diluido y desacreditado como la revolución liberal. Los nuevos ilustrados en el poder andan sobrevalorando la naturaleza sin la gracia, y nos van a llevar a donde te lleva siempre la naturaleza natural, a la letrina. Han conseguido la razón sin la fe; pero también la autoridad sin libertad (y si la hay, que venga Dios y la vea). Se han sentado en el trono sin Dios, y, si te descuidas, con la eliminación sistémica de cualquier disidente.

Esa independencia absoluta del hombre frente a Dios que proclama el liberalismo, habrá que ver a qué se refiere y respecto a quienes se ejerce, si dejan. Porque los católicos la ejercemos desde la ley moral trascendente que nos fundamenta para mayor libertad (la que ahora intento ejercer, por ejemplo) ¿Lo harán los correligionarios liberales respecto a los suyos sin miedo a que les decapiten? ¿Qué significa, según esto, que algo sea políticamente correcto? Me lo expliquen.

Desde su nacimiento, el liberalismo y el catolicismo son concepciones totalmente opuestas, por más que algunos ‘no se hayan enterado de la misa la mitad’. Uno mira a la tierra y otro al cielo. Uno con la Realeza de Cristo y otros con la Constitución Liberal de Bruselas. Esa es la diferencia. El don preciado de la libertad, del que hablaba Cervantes, mucho antes que el ilustrado Robespierre, lo han convertido en un becerro de oro enfrentado al sentido religioso que defienden los católicos. Razón por la que tanto molestan. Porque yo no me supedito a la libertad política que me venden sino a la que me fundamenta en Dios, que me da más libertad que los asaltantes de la Bastilla.

Con los nuevos derechos, basados, según el liberalismo, en la soberanía del individuo, se están atascando las cañerías del sentido común, rompiendo la ley natural y creándonos un relato en que la realidad ya no es lo que es sino lo que se siente. De este modo la mujer autónoma podrá decidir sobre la viabilidad o no del feto engendrado, la gestación podrá ser subrogada, el anciano podrá adelantar su muerte, y cualquier perversión tendrá rienda suelta para realizar su capricho ¿Esto es liberalismo? ¿el transgenismo, el suicidio asistido, la manipulación genética, el derecho a envilecerse?

Ahora la voluntad popular es la fuente de la moralidad: el criterio de bien y verdad lo determinan los votos y no la instancia de la conciencia, apañados vamos. La tolerancia colectiva al vicio y al error ya no puede soportar la verdad. Se entiende que se persiga con ‘odio calculado’ a las instituciones católicas cuando éstas apelan a valores superiores e inmutables que regulan la humanización y la conciencia. ¿Nos han de regular los políticos y las instituciones internacionales con su democrática tiranía liberal? ¿Hemos de tragar la nueva religión de la Agenda 2030 (que hasta Bill Gates pone en duda) y el desarrollo sostenible? ¿Aceptar el menú que nos propongan y el lugar al que tengo que viajar? ¿son ellos los que me dictan lo que es justo, verdadero y bello?

Hemos pasado, gracias al liberalismo intrascendente, de la tolerancia a reprimir toda discrepancia con el pensamiento imperante. Eso tenemos, eso mamamos. Nos quitan la patria, la familia y a Dios para dejarnos en la soledad inerme frente al estado, constituido ahora en el gran padre controlador de todas nuestras miserias. Estamos más intervenidos que nunca, más controlados que con el Dios del Antiguo Testamento.

Ahora somos hombres errados, solos e indefensos frente al pantagruélico estado liberal. Y lo que es peor, sin la posibilidad de levantar los ojos al Dios que tanto estorbaba. ¿Creías sólo en el hombre? Pues toma hombre y aguanta su tiránico proceder. ¿Alguna diferencia entre el control del comunismo y el liberalismo?

Sólo el Estado prevalece, controla, dirige y ejecuta; y el individuo a su servicio: la trazabilidad de la persona es perfectamente controlada, o por el dinero digital o por la estupenda administración que nos ofrece todo lo que satisface a los sentidos, todo menos dignidad y libertad verdadera ¿Habrá que rescatar el limbo para los no liberales que tampoco queremos ser comunistas? Lástima que la Iglesia lo haya desestimado, porque en estos momentos es el único lugar en el que me siento salvado. Del liberalismo económico, baste mirar la Doctrina Social, que bastante he dicho.

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