Tribuna

Manuel Alejandro

Compositor

Un año después del homenaje, de la orquesta Álvarez-Beigbeder, a mi padre (y II)

La primera Banda de Música Municipal de Jerez , el día de su estreno. Al frente, su fundador, Germán Alvarez Beigbeder , 9 de octubre de 1930. La primera Banda de Música Municipal de Jerez , el día de su estreno. Al frente, su fundador, Germán Alvarez Beigbeder , 9 de octubre de 1930.

La primera Banda de Música Municipal de Jerez , el día de su estreno. Al frente, su fundador, Germán Alvarez Beigbeder , 9 de octubre de 1930.

En aquel tiempo imperaba la obediencia ciega a los padres antes que el fluido diálogo; así es que sin querer queriendo... alguna ojeada se me escapó más de una vez... Se carteaba con Fauré, Dukas, Pedrell, Casals... y con todos con mutua admiración y cercanía. De Hugo Riemann, el pedagogo alemán, había recibido instrucción y aún guardo obras de aquél dedicadas. Pero a pesar de tanto privilegio, lo que más me llamaba la atención eran los más largos que anchos libros contables de la bodeguita, donde veía que había anotadas expediciones, además de a Barcelona, a distintos puntos de Centroeuropa, y todas dirigidas a maestros e intérpretes célebres e incluso a formaciones orquestales... ¿Cajas de vino vendidas? No lo creo, supuse siempre que eran obsequios a todo maestro o músico que trataba en sus viajes. Después de su segunda “turné” ya con treinta años, la bodega quebró y fue cuando sin ningún impedimento y como única tabla de salvación se instaló en Madrid con el objeto de que el maestro Pérez Casas, entonces director de la Banda de Alabarderos, lo preparara para obtener plaza de Músico Mayor en la Armada; ocupación, sin duda, deseada desde su aprendizaje con Pérez Monllor, en San Fernando, y ya acuciante para poder salir de aquel lamentable atolladero de indefensión económica. Nos contaba que impartiendo clases de música, tocando el piano en cines donde proyectaban películas mudas o dirigiendo orquestas en teatros de operetas o de cuplés, donde la vedet de turno se buscaba picarescamente la “pulga” entre sus ropas, pudo sostenerse en Madrid hasta conseguir el podio que deseaba.

Nota: aquellos libros contables y muchos de aquellos recuerdos, junto con gran cantidad de hojas sueltas de papel pautado, donde había anotaciones de decenas de proyectos musicales, y, me consta, múltiples temas para un concierto de piano y orquesta, que llegó incluso a tocarme trozos de él en el piano, fueron desechados a los basureros por algún inconsciente deudo después de su muerte; como también el piano Stella Bernarelli que le acompañó toda su vida... Por ahí sonarán esos compases de ese concierto inacabado... ¿o acabado ya en el vaivén de la nada?... sobre esas vibraciones “descompuestas”, o acariciando nuestros oídos mezclados con los vientos de nuestra albariza... Guardad silencio y avisadme si los escucháis...

Cuando el maestro Pérez Casas descubre el valor de lo ya compuesto por su alumno entre bota y bota, le aconseja que opte a una beca para conseguir el Premio de Roma, que en aquellos tiempos catapultaba al compositor que lo obtenía; pero aquella aventura le ocuparía largo tiempo y residir en Italia, en Villa Medicis. Opta por renunciar a la gloria en vida que le podría proporcionar aquel premio romano y elige lo que yo creo que había deseado siempre; vivir en su patria chica y escribir su música lejos de la lucha y el mundanal ruido, dándole plena satisfacción a su espíritu...

Ustedes allí y yo aquí, se diría, que no perturbe nadie mis costumbre... mi horario inamovible... mi oración matutina... mi saludable remedio... mis ejercicios pianísticos mañaneros con Moskovsky o Liszt... mi saludable desayuno leyendo el 'Ayer'... mi 'Teresa, el agua caliente'... mi circular jubileo... mi deambular por los malillos rincones... mi copita de jerez de “medio tapón” mientras tocaba el Carnaval de Schumann o la Auorora de Beethoven... mi frugal alimento... mi reposo ineludible... mi apuntalar lo compuesto en la noche anterior... Y ya en la tarde, el ensayo con la agrupación musical donde además de 'El Sitio de Zaragoza' o 'La Verbena de la Paloma' que interpretarían en el próximo concierto, ensayaba trozos de lo compuesto reciente, en aquella Banda que construyó para compartir con sus paisanos más humildes y soñadores; donde los metales y las maderas volaban por caminos de celestiales cuerdas, y en cuyo conjunto, como el Quijote en sus alucinaciones, creía, y nos hacía creer, oír la Filarmónica de Berlín... y no andábamos muy descaminados...

Ya, de vuelta a casa, por la angosta calle Francos, le aparecía majestuosa en la noche la siluetas del gótico tardío Santiago, su refugio... Y de nuevo ante su viejo piano, donde solo cuando el alma rebozaba, la vaciaba en el pentagrama como un torrente natural, fluido, transparente... Finalmente, en la soledad, mantenía su necesario encuentro con el Dios que obedecía, temía y adoraba.

De vez en cuando, un viaje a Barcelona, donde el maestro Casals le estrenaba una tal 'Sinfonía en Sol Menor para Instrumentos de Cuerda', quedando dicha obra de estudio obligado en la clase de Conjunto Instrumental del primer conservatorio barcelonés... O una visita a Sevilla para oír su 'Sonata para Violín y Piano' que interpretaban los catedráticos de virtuosismo del Conservatorio de Madrid, Iniesta y Cubiles, y que también quedaría como obra obligada en los exámenes de Música de Cámara del viejo caserón de Jesús del Gran Poder... O asistir a la Catedral Hispalense donde la Orquesta Bética, con el Orfeón Donostierra, interpretaba su magistral 'Stabat Mater', de cuya audición guardo una reseña del insigne maestro Almandoz diciendo que brillaba por encima de todos los Stabat Mater oídos... O a Bilbao, donde el maestro Arambarri le dirigía su 'Rincón Malillo'... O a Madrid a montarle a la Filarmónica el poema sinfónico 'Campos Jerezanos'... Ya, con su ausencia física, pero vivísimo su espíritu entre nosotros, sus hijos, nos emocionan las reacciones recientes del público melómano de San Petersburgo al oír la 'Sinfonía para Instrumentos de Cuerda' interpretada por la Orquesta del Hermitage... o nos vanagloriamos y nos revelamos al tiempo al oír las palabras del maestro Bátiz después de dirigirle a la Orquesta Sinfónica del Estado de México el 'Rincón Malillo' en el Palacio de Bellas Artes de la Avenida Juáres: “¡Cómo no he conocido hasta ahora esta bella obra!”... Estamos en conseguir buenas grabaciones de todas sus obras para que lleguen a cualquier punto del planeta, pero las orquestas que deberían acogerlas, están dirigidas por clanes que contemplan otras galaxias musicales, y jamás se preocuparon por saber qué sigue prefiriendo el oído del ser humano. Pero mientras que lo conseguimos, tenemos que hacer porque los jerezanos oigan asiduamente la obra de su paisano en las versiones que haya, que la disfruten y se sientan orgullosos y lleguen a tararearlas como aquel 'Corazón partío' de mi ahijado Alejandro Sanz o el reciente 'Despacito' del fenómeno Fonsi,

Otro día habrá más, pero con estos datos quiero agradecer a los jerezanos e instituciones que han hecho posible asistir debido a achaquillos de mi cuarta juventud. Agradecer la encomiable tarea del Club Filatélico hasta conseguir perpetuar la imagen de Don Germán entre tanto coleccionista; y enviar el beso y el cariño de toda la familia a Magdalena Garrido, que gracias a su férrea voluntad mantiene esa formación musical que airea el nombre de Germán Álvarez Beigbeder por el mundo.

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