Zahara de la Sierra

Un pueblo seguro de sí mismo

  • Zahara de la Sierra lleva medio año sin seguridad municipal y sus vecinos son ejemplo de civismo porque no ha habido ningún altercado considerable

La localidad lleva seis meses sin vigilantes municipales y la normalidad impera. La localidad  lleva seis meses sin vigilantes municipales  y  la normalidad impera.

La localidad lleva seis meses sin vigilantes municipales y la normalidad impera. / Ramón Aguilar

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Zahara de la Sierra es un pueblo sin multas. Desde hace seis meses, el Ayuntamiento no tramita ni un solo boletín de denuncia. No hay ni un agente de la autoridad que saque lápiz y papel si un coche no respeta la señal de prohibido aparcar o si algún vecino comete una infracción. Pero la vida sigue pese a que este municipio serrano, de 2.000 habitantes, lleva medio año sin servicio de seguridad municipal ya que los tres vigilantes del Ayuntamiento que hacen las funciones policiales están de baja médica por enfermedad. “El pueblo es muy tranquilo. Como la gente tampoco es follonera pues nos basta y nos sobra”. Lo dicen con la retranca que dan los años Diego y Antonio, dos jubilados asomados a ese infinito balcón suspendido que da a la plaza del Ayuntamiento y que se abre a las magníficas vistas del pantano y al paseo urbano de los pinsapos.

Así que Zahara de la Sierra se vigila a sí mismo y sus gentes se han hecho cargo de este vacío de seguridad ciudadana, echando una mano. En todo este tiempo, no ha habido ningún altercado reseñable. Y eso, que Zahara ha metido este verano entre sus calles a más de 70.000 turistas y no había presencia policial. Sí el Ayuntamiento ha tirado de seguridad privada en momentos puntuales y de la presencia de policías locales de Morón en algún evento masivo.

Uno de los ejercicios más encomiable de sus ciudadanos fue cuando hace unos meses se perdieron dos montañeros en la Garganta Verde durante dos días y la gente se movilizó a través de redes sociales para localizarlos. “Estuvieron arriaos. Y la gente se echó al monte como voluntarios”, cuentan. Eso sí, si la cosa va a mayores, los habitantes de este pueblo declarado como uno de los Más Bonitos de España desde el año pasado pueden acudir al puesto de la Guardia Civil del municipio para que intervenga. También el teléfono móvil de los agentes se lo ha echado al bolsillo el alcalde, por si hay emergencias.

Unos vecinos dicen que la ausencia de los vigilantes no ha deparado en una mayor inseguridad en las calles. El “aquí nos conocemos todos” es un mantra que se repite de continuo entre los paisanos, para expresar que ese alegato les da tranquilidad. Otros vecinos, sin embargo, quieren que se reconduzca la situación entre el Ayuntamiento y los tres trabajadores disconformes con los cuadrantes y las horas de trabajo. “Unos están a favor de unos y otros a favor de los otros. Pero nadie quiere hablar, nadie se quiere exponer por la cercanía”, admite un trabajador. El pueblo es chico y nadie quiere señalarse. Pero no todo es de color de rosa. La ausencia de seguridad municipal acarrea algún inconveniente en la convivencia. Alguien recuerda que hay quien ha aprovechado la picaresca y se ha montado una obrita en su morada sabedor de que los vigilantes no van a ir por allí. Y otro alguien también recuerda que más de un vecino se ha visto ejerciendo de guarda de tráfico de manera accidental. “Los fines de semana hay en el centro muchos turistas y se forma un cacao de tráfico. Pusieron este verano un vigilante para informar para que la gente no aparcara en sitios prohibidos. Pero se han metido caravanas y microbuses y no tenían por dónde salir. Y ahora, ¿a quién llamas?, ¿de quién tiras? La gente del pueblo echa manos, se pone en una esquina para que puedan maniobrar, le informa a los turistas si una calle es de un único sentido para que no haya más lío. Pero ese no es nuestro trabajo. Lo hacemos porque no hay más remedio”, admite una vecina. También los hay que se han relajado un poco con los horarios de cierre de negocios de ocio. “Es que es normal. Las terrazas estaban llenas este verano. No los vas a echar. Y encima no hay nadie que te recuerde la normativa. Y si hay escandalera en la calle, te dicen que llames a la Guardia Civil. Pero si no está la patrulla del pueblo y tienen que venir los de fuera, cuando llegan ya se ha acabado todo”, admite otro zahareño.

Independientemente de estos achaques, los vecinos de Zahara dan gracias a que no ha habido un solo altercado grave en el pueblo durante este medio año pese a no haber vigilancia municipal. “Demasiado bien está todo para lo que podría pasar si hubiera algún desmadre”, añaden. Coincide con ello el alcalde de la localidad, Juan Nieto. “Es admirable cómo la gente se ha hecho cargo de este vacío y ha puesto de su parte. Está actuando de forma civilizada y con exceso de responsabilidad”, apunta

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