Santa Marta

El luto se hace cofradía en San Mateo

  • La hermandad retoma su ansiado itinerario de ida por el entramado de las calles de San Marcos.

LAS calles aún siguen de resaca cofrade cuando el barrio de San Mateo ofrece su otra cara, la más solemne, la más dolida, la más severa. Toda una joya arquitectónica la que guarda la capilla del Cristo de la Caridad, con uno de los conjuntos más completos, dolientes y estremecedores de la Semana Santa, salido por completo de las gubias de Antonio Eslava. Cristo muerto sobre una de las escaleras de la Santa Cruz es llevado por los Santos Varones, José de Arimatea y Nicodemo, con semblante serio y de circunstancia. La muerte ha ganado, por el momento. Al lado del Señor, Santa Marta, titular de la hermandad, porta los clavos de Cristo, que es acompañado al otro lado por María Magdalena y María Salomé. Bajo la cruz, es llorado por la María Santísima de Penas y Lágrimas, San Juan y María la de los Zebedeo.

Nueve imágenes, nueve improntas y nueve formas de expresar el dolor de la muerte del Hijo de Dios. Por delante, decenas de jerezanos se postran frente a la puerta de la capilla del Cristo de la Caridad para dar su propio pésame, solano mediante. Da cosa dar la espalda a la iglesia de San Mateo en este ejercicio, pero esta hermandad bien lo vale. Los penitentes, de negro luto, presiden el cortejo del paso de misterio que ya empieza a alcanzar la plaza del Mercado cuando la banda de cornetas y tambores Caridad y Amor comienza las marchas fúnebres. Este año solo los costaleros mecen la Sábana Santa sobre la va Cristo, ni el viento se atreve a interrumpir.

Una de las estampas más bonitas del Miércoles Santo, la jornada más larga y completa de la Semana Mayor, se da a puerta cerrada del barrio de San Mateo cuando las hermandades de Santa Marta y Tres Caídas comienzan a hacer estación de penitencia, juntas, desde la plaza del Mercado. A partir de ahí, la calle Justicia y el callejero del barrio guarda el secreto a estas solemnes cofradías hasta que su camino se separa a final de la calle Francos y se vuelve a reencontrar en la Carrera Oficial. Uno de los estrenos de la jornada cofrade es este trayecto de ida por la zona de San Marcos, itinerario que era habitual para la hermandad. Las dos hermandades vuelven a hacer su particular Carrera Oficial a la ida a sus respectivos templos.

En los libros sigue la historia de esta cofradía, una de las protagonistas del ahora ansiado Sábado Santo, cuando dejaba su impronta por las calles de Jerez junto al Santo Entierro. Las marchas del paso de misterio aún suenan en la plaza del Mercado cuando los nazarenos de luto, ahora con capas blancas, anuncian la llegada de Madre de Dios del Patrocinio, que lleva su propio acompañamiento musical, como es la banda municipal de música Enrique Galán de Rota.

Bajo un palio de malla que parece que nunca va a terminar de bordarse, Patrocinio se reencuentra, de cara con San Mateo, esa sede canónica que tantas veces vio salir a la hermandad de los panaderos. Una cofradía que va dejando su propio sabor de hacer Semana Santa allá por donde pasa. Aún es más emocionante contemplar el marchar de esta cofradía por los callejones oscuros que ofrece la plaza Belén y la calle Cabezas a su vuelta, que coge un pellizco en el alma cofrade.

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