Religión

Diques de tela y oración contra el virus

  • Las monjas de Santa María de Gracia, ‘Santa Rita’, transforman su taller de costura en una cadena de producción de mascarillas

Religiosas del convento de Santa María de Gracia haciendo mascarilas. Religiosas del convento de Santa María de Gracia haciendo mascarilas.

Religiosas del convento de Santa María de Gracia haciendo mascarilas. / (Jerez de la Frontera)

Las religiosas agustinas que habitan desde hace siglos en el convento de Santa María de Gracia, conocido popularmente en la ciudad como ‘Santa Rita’, han transformado su taller de costura en una barrera para contener el coronavirus a través de la producción de mascarillas de tela.

La idea surgió del propio prelado asidonense, monseñor Mazuelos Pérez, que sugirió a la comunidad agustina a que se pusieran en contacto con el cura Paco, responsable de la pastoral penitenciaria de la Diócesis de Jerez para la confección de mascarillas en la cárcel de Puerto II. El sacerdote, encantado de poder contar con las agustinas para repartir mascarillas entre los reclusos, hizo las gestiones oportunas para enviar un buen rollo de tela blanca y las monjitas comenzaron con la tarea. “El principio fue un poco caótico porque nunca habíamos hecho este tipo de prenda. No teníamos patrón pero teniendo como referencia una que pudimos conseguir, comenzamos a hacer las nuestras”, asevera la madre Fátima Román, superiora de la comunidad de religiosas. Poco a poco, añade la madre Fátima, “fuimos cogiéndole el tono al asunto y ya las hacemos con los ojos cerrados. Incluso se confeccionan con una cogida de gomilla o con tres tiras”. Son más de quinientas mascarillas las que ya han salido de las paredes del cenobio situado en el corazón de la ciudad, intramuros.

Cofradías

El pedido para el centro penitenciario quedó satisfactoriamente cumplimentado. Sin embargo, dentro del seno de la comunidad existía la inquietud de seguir haciendo más mascarillas. Y es ahí donde entran los cofrades de las Tres Caídas. La vecina cofradía de San Lucas, que el pasado año tuvo que unir, aún más si cabe, los lazos fraternales con las agustinas al tener en el convento a sus imágenes titulares mientras se llevaban a cabo las obras en San Lucas, comenzó a hacerles más encargos. “Ellos las reparten a personas que están trabajando en la calle y que necesitan estar protegidos. Por ejemplo, los taxistas”, afirma la religiosa. El problema estriba en el color. “Las hermandades —asegura la madre Fátima—están destinando telas compradas para hacer túnicas en mascarillas para poner un dique al virus. Este lote que estamos haciendo ahora es de color rojo. Es un rollo de tela de la hermandad de San Mateo”. Pronto vendrán telas blancas que los cofrades de las Tres Caídas destinarán a funcionarios de la Policía que siguen incansablemente haciendo sus maratonianas patrullas por unas calles sin apenas vida ni alma.

Hay que destacar que incluso algunos negocios de refinos también han puesto su pequeño granito de arena como la conocida mercería Cervera que ha donado tela blanca para que la producción no pare.

Las veinte religiosas de Santa María de Gracia debían en estos días de estar trabajando en los últimos detalles de las túnicas que confeccionan. Asimismo, también hacen labores de lavado y planchado de túnicas y todo tipo de prendas. Y las dejan tan impecables que lucen de maravilla cuando las capas se deslizan por la fina brisa del Domingo de Ramos, pongamos por caso. Pero este año ha tocado hacer mascarillas. Y en ello están. “La solidaridad de muchos está saliendo a flote ahora —comenta la madre Fátima—. No hay día en que los vecinos vengan a ver qué nos hace falta o un buen grupo de voluntarios que se acercan para hacernos los recados o tirar la basura. Ahora más que nunca florece lo mejor de cada persona”. Y de las monjitas de ‘Santa Rita’ también. Nadie sobra en este taller convertido en dique de contención. “Hasta la hermana María Auxiliadora que con más de noventa años también colabora aunque sea quitando pespuntes”, subraya. Y es que, contra el coronavirus, toda la ayuda es poca. Y hasta los más desgastados por el paso de tiempo se ponen a disposición de la comunidad. Que Dios las bendiga.

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