Diario de una gran hazaña | Capítulo 30 (18 de octubre de 1520) Magallanes se cansa de esperar

  • Los 53 días que lleva la flota de las Especias en su segundo confinamiento en la Patagonia exasperan a su capitán general, que decide zarpar pese a los fuertes vientos

  • Las cuatro naos de la expedición ponen rumbo sur en busca del paso interoceánico

  • La flota suma 16 bajas durante su invernada primero en San Julián y luego en Santa Cruz

Todo tiene un límite en esta vida, hasta la paciencia de Magallanes. Después de un segundo confinamiento de 53 días en Puerto Santa Cruz, y que se suma a uno anterior de 145 días en un punto un poco más al norte, en Puerto San Julián, el capitán general de la flota de las Especias ha decidido liarse la manta la cabeza y zarpar de nuevo con sus cuatro naves, desafiando de este modo a los fuertes vientos reinantes en este punto tan al sur del continente americano.

El marino portugués ha esperado con una paciencia infinita que la climatología mejorara en este enclave de la Patagonia. Pero, aunque es verdad que el frío parece haberse quedado atrás, no se puede decir lo mismo de los vientos, que siguen soplando con una intensidad desmedida.

Pero, basándose en su experiencia como navegante, Magallanes ha llegado a la conclusión de que igual esto es así todo el año, que en estos confines del planeta, superados los 50 grados de latitud sur, la realidad es la que es y hay que asumirla.

Por eso, y porque empieza a temer que estalle un nuevo motín encabezado por la parte de la oficialidad que se posiciona abiertamente a favor de regresar ya a España, Magallanes ha decidido que hoy, 18 de octubre de 1520, la flota ponga de nuevo proa a la mar.

Su objetivo no ha cambiado, de ahí que sus órdenes estén clarísimas: hay que poner rumbo sur, a una distancia prudente de tierra para evitar chocar con las rocas y supervisando cualquier entrada que haya en tierra.

El marino portugués sigue teniendo el convencimiento absoluto de que no muy lejos del lugar en el que se encuentran tiene que estar el ansiado paso marítimo que permita a la flota llegar al océano que hay al otro lado del continente americano, aquel que Núñez de Balboa vio desde un promontorio de Panamá durante una expedición a pie hace ahora siete años y que bautizó como el Mar del Sur.

Entre los miembros de la expedición a las Molucas está corriendo el rumor de que Magallanes ha llegado a un acuerdo con los mandos de la flota que quieren abandonar ya el continente americano. Según esas fuentes, el marino portugués mantendrá el rumbo hasta llegar como máximo a los 75 grados de latitud sur. Si superado ese listón no se ha dado con el paso interoceánico, las cuatro naos darán media vuelta pero no en dirección a España sino a la Especiería aunque atravesando el cabo de Buena Esperanza, al sur de África. Lo que Magallanes tiene clarísimo es que no regresará a España con las manos vacías. Eso sería una deshonra para él.

La Trinidad (con el propio Magallanes al frente), la San Antonio (con Álvaro de Mezquita como capitán), la Victoria (que comanda Duarte Barbosa) y la Concepción (a las órdenes de Juan Serrano) navegan ya a esta hora con rumbo sur tras zarpar a primera hora de la mañana de hoy. Las cuatro naos hace tiempo que fueron reparadas y están razonablemente bien pertrechadas de víveres y de agua potable. Tras de sí dejan 16 bajas acumuladas en la Patagonia entre enfermedades, ejecuciones, accidentes y destierros. En Puerto Santa Cruz, donde desembarcaron el pasado 26 de agosto, queda un cementerio improvisado con los últimos cuatro cadáveres, los de un sobresaliente sevillano, un carpintero vasco, un marinero italiano y un lombardero condestable alemán.

De estos 53 días del segundo confinamiento en Puerto Santa Cruz, y en los que no ha habido enfrentamiento alguno con los indígenas de la zona, la tripulación guarda en su memoria el momento único vivido hace exactamente una semana. Y es que el 11 de octubre, pasados unos minutos de las 10 de la mañana, todos los hombres pudieron presenciar un fenómeno poco habitual como es un eclipse de sol. El improvisado apagón apenas duró unos minutos pero levantó la lógica expectación. Algunos entendieron ese fenómeno como un buen presagio de lo que les queda por vivir. Pero Magallanes no está para presagios. Y es que en estos 13 meses de expedición lleva ya muchos reveses acumulados. Demasiados quizás.

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