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Arenas se presenta como alternativa de gobierno frente a "un proyecto agotado"

  • El popular regresa "rejuvenecido y dispuesto a dialogar", pero desconfía de Chaves

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"Ya no me acordaba de este ambiente tan cordial", ironizó ayer Javier Arenas durante su intervención en el debate de investidura de Chaves como presidente de la Junta. El líder de los populares andaluces volvió a ocupar uno de los sillones del Parlamento andaluz tras abandonar su escaño en 1996, precisamente tras el debate de investidura de la tercera legislatura de Chaves, para incorporarse al Gobierno de José María Aznar.

Doce años después, Arenas afirmó sentirse "rejuvenecido" y con una "extraordinaria satisfacción" en su regreso a la Cámara, pese a ejercer el papel desde la oposición y no como presidente. Pero el análisis que hacen los populares de los resultados del 9 de marzo, con la consecución de diez diputados más que en 2004, les presenta según Arenas como "una alternativa real de gobierno", frente a un proyecto político, el del PSOE, "agotado tras 30 años de poder".

Bajo este argumento, Arenas justificó el no de su grupo a la investidura de Chaves como presidente, al tiempo que combinó propuestas y críticas a la gestión del Gobierno con batallas dialécticas contra la bancada socialista, a modo de prólogo de las próximas sesiones. En el reto del PP de hacer visible ante la ciudadanía su trabajo parlamentario, cabe la gresca y Arenas se mostró tan escrupuloso en que se respetasen los tiempos de sus intervenciones como rápido en contestar las descalificaciones de los socialistas, sobre todo, las que procedieron de Gaspar Zarrías. "Me ha llamado cínico y no tolero los insultos", se quejó ante la presidenta del Parlamento, Fuensanta Coves. Las filas populares arengaron a su líder con aplausos. Ya le habían aclamado en la condena del acto terrorista en Bilbao, que precedió al anuncio de una proposición de ley para el apoyo a las víctimas del terrorismo.

Arenas se mostró algo más conciliador con la oferta de pactos que Chaves ofreció el día anterior, en un discurso que calificó de "intemporal, que no aporta nada nuevo".

El presidente del PP andaluz aceptó la oferta, "pero concediéndole la mínima credibilidad". A cambio, Arenas apeló al consenso entre los dos grupos mayoritarios en un "paquete" de materias, que priorizaría la educación, la siniestralidad laboral, la justicia y la defensa de los intereses andaluces ante el Gobierno de la Nación y la UE. Arenas agregó que su partido llevará a la Cámara, antes del verano, cinco proposiciones de Ley, referidas a inclusión social, participación de los ayuntamientos en los ingresos de la comunidad, supresión de los impuestos de donaciones y sucesiones, sobre convivencia escolar y de regulación de los tiempos máximos en listas de espera hospitalarias.

La economía y el déficit de agua ocuparon las principales reivindicaciones de Arenas. Sobre la "desaceleración del ritmo de crecimiento", como denomina Chaves a la "crisis", exigió un plan de medidas extraordinarias para las familias y reclamó especial atención a los hipotecados "angustiados" -entre los que se incluyó, ante la sorna de los diputados de enfrente- con la creación de un fondo que palíe las subidas del Euríbor.

En política de aguas, Arenas lamentó el "silencio traidor" de Chaves tras confirmarse el minitrasvase del Ebro a Barcelona. La política hídrica del presidente andaluz es para el popular un "mar de contradicciones", puesto que ha pasado de decir "sí a los trasvases, con fotos junto a Aznar, a aceptar la derogación del trasvase del Ebro a Almería". Y en este punto, lanzó otra propuesta de "gran acuerdo", nacional, a lograr entre el Gobierno y los presidentes autonómicos para solucionar el problema del agua.

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