Una misa con un gancho familiar

  • Una parroquia duplica la asistencia gracias a eucaristías adaptadas a los niños

En el barrio la conocen como la misa de los niños. La Parroquia de San Lázaro de Málaga se abarrota de vecinos cada domingo al mediodía con cientos de familias del barrio de La Victoria. ¿Qué tiene de especial? Es una Eucaristía adaptada a los más pequeños.

"La homilía es sencilla y acomodada a sus características, con preguntas y respuestas con las que se implica a los niños y con muchos cantos", relata el sacristán Julio Castillo, poco antes de iniciarse la celebración.

A las 12:30, unos 300 vecinos ocupan los asientos de la llamada capilla interior de San Lázaro. Es el sacerdote, el padre Antonio Madueño, quien cada domingo le habla a los niños de tú a tú en la Victoria. Dos pequeños le auxilian en el altar como monaguillos. Y otros pocos le ponen música a la celebración desde los primeros bancos.

Cuando llega la homilía, el padre Madueño procura emplear palabras sencillas y citar ejemplos de la vida cotidiana. Habla, pregunta y escucha las respuestas de los más pequeños, que intervienen activamente con lecturas y peticiones. Se encarga de que su sermón no sea un discurso vacío, de los que entran por un oído y salen por el otro sin dejar huella ni alentar a la reflexión. En un momento dado invita a cuatro chavales a subir al altar. Su espontaneidad provoca alguna que otra carcajada entre el público.

"Los niños no tienen aún el pudor y los reparos de los mayores y son ellos mismos los que me llevan en la homilía", se felicita.

"Aquí no me aburro y entiendo mejor las cosas", dicen varias niñas. Los padres añaden que otros sacerdotes están muy pendientes de que reine un silencio sepulcral.

Son las 13:15 y la misa está a punto de terminar. El párroco se despide con una llamada a la solidaridad. Niños y mayores abandonan el templo entre saludos, encuentros y adioses. Muchas familias ya se conocen por su fidelidad a la misa de los niños.

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