La ciudad de la historia por Eugenio J. Vega Geán y Fco. Antonio García Romero

El Canal de Guadajabaque (V)

Proyecto de unión del Guadalquivir con el Guadalete, y por el Salado de Puerto Real con el Trocadero

Alberto Cuadrado, Jerez | Actualizado 15.10.2013 - 08:48
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 El presente artículo es continuación de la serie que venimos dedicando al río que tuvo Jerez en el pasado, hoy desaparecido, y a los proyectos de unión de los ríos Guadalete con Guadalquivir. El texto en el que me he apoyado para realizar dicho artículo se basa en el libro de Adolfo de Castro ‘Historia del Trocadero y Matagorda hoy dique de la Compañía Trasatlántica’, escrito en el año 1896. Asimismo en las Actas del Ayuntamiento de la ciudad de Cádiz.
El Ayuntamiento de Jerez de la Frontera, desde el siglo XVI, tuvo puesta la mira en hacer navegable el Guadalete para facilitar la llegada de las botas de vino de su campiña inmensa a la bahía de Cádiz, evitando los inconvenientes de su embarque en el muelle llamado el Portal. De esto vino a resultar el pensamiento de la unión de los ríos Guadalquivir y Guadalete, para lo cual se consultaron más de una vez, de orden del soberano, ingenieros notables, así españoles como extranjeros.
Curiosos son los dictámenes que se dieron sobre este asunto y en los males se descubre que intereses contrapuestos de varias poblaciones hubieron de intervenir para que no prevaleciesen otros, dando por perjudiciales, excesivamente costosos e imposibles a aquellos que se encaminaban a realizar especialmente la junta de los citados ríos.
La Ciudad de Cádiz, por la vecindad con la de Jerez de la Frontera y los lazos de intereses más comunes en ambos, siempre se manifestó adicta al  pensamiento (unión de los ríos), dirigiendo representaciones a los monarcas, en el deseo de que otorgasen el permiso y lo favoreciesen con concesiones y arbitrios. Llegó el año de 1624 y Felipe IV determina que con nuevos estudios se ilustrara la materia.
Para ello, dispuso que varias personas de esclarecida inteligencia reconociesen los terrenos para formar una idea de los sitios por donde la unión de uno y de otro río deberla verificarse.
He aquí el documento de estas diligencias en principio. Como consta en las Actas Capitulares del Municipio (de Cádiz):
‘Sábado 13 de Abril, salimos de Cádiz el Licenciado Juan de la Fuente Hurtado, Juez de la Torre; Leonardo Turriano , Ingeniero mayor del Reino de Portugal; Juan de Oviedo, Ingeniero militar y Jurado de Sevilla; Andrés de Oviedo, Maestro mayor de Sevilla; Joseph González, Maestro mayor de Cádiz de las fortificaciones de ellas, personas nombradas para ver y reconocer la parte mas corriente donde se puede abrir el canal, navillo de Guadalquivir para Guadalete; y asimismo Pedro Gutiérrez, asentista de las fortificaciones de la Mamora y Arrecio. Personas practicas en fortificaciones, y el Alférez Juseph de Montenegro, que sirve en la Armada Real del Mar Océano y yo Pedro de Chaves, Regidor perpetuo de esta dicha ciudad de Cádiz, Diputado, nombrado por ella para hallarme con todos los dichos a ello reconocimiento.
Y habiendo llegado dicho día a Puerto Real como a las cinco de la tarde, fuimos las dichas personas a caballo a reconocer la bocce del Trocadero (La boca del Trocadero), por la dicha parte de Puerto Real y  la boca del Salado que se llama río Sarmiento, y se reconoció la tierra que hay entre el dicho Trocadero y arroyo Sarmiento, por ver si por aquella parte puede tener comunicación la dicha abertura de río o navillo (canal) y siendo ya noche, nos dirigimos a la villa de Puerto Real...
Otro día, Domingo 14 del dicho mes, después de haber oído misa, se vino por dicho pasaje el día antes, y se pesó y sondeó la boca del dicho Trocadero con el terreno reconocido, y se mandaron abrir tres pozos en el dicho terreno, para ver en la profundidad, si menester fuese, la realidad de la tierra hasta el agua, para lo cual se dejaron señales, y se encargó este cuidado a Cristóbal Benítez Santos, Regidor de la dicha villa de Puerto Real.
Resultado de las diligencias,  en que se trató de dirigir el Guadalquivir por territorio de Trebujena y cerro o cabezos de Gibraltar (sic) hacia la Mesa de Asta, arroyo Tabajete y el valle del Guadajabaque al pie de la sierra de San Cristóbal:
Hemos reconocido, en muchas partes son pantanos que mucha parte del año están con agua y secándose; y dando lugar a cavar pozos, nos han informado algunas personas, que en parte, a , medio estadio se halla el agua; y otras, que en muchas brazas no se halla, y otras, que si no emprenden los pozos, dentro de un año se pierden, y toda la tierra que hemos reconocido encima es de poca sustancia o consistencia, suelta, y que se va con las aguas y se desmorona con los soles, aunque en alguna parte debajo descubre bondad, por lo cual se juzga que antes de acabarse se cegaran y especialmente con las tierras que llevaran las vertientes al dicho canal, que servirán entonces de desaguarlas, como lo hacen ahora los arroyos del Tabajete y del Guadajabaque; y obligara a limpiarlo a menudo cómo se hace en Flandes, Venecia y otras partes (de Europa) y estorban gran parte de la navegación. Sobre todos estos inconvenientes además en su dictamen se dice que el Guadalete se halla mas alto que el Guadalquivir con cinco pies...
En donde habrá de hacerse cortadura (el canal), crece en aguas vivas más de dos brazas. Y de aquel informan los dichos peritos, que vendríamos a perder a Guadalete y hace falta esta agua a la barra del Puerto (del Puerto de Santa María); que en «aguas vivas de bajamar solo tiene tres pies y vendría a quedar inútil para las galeras y navíos, y que por estos inconvenientes no tratamos del otro corte del Guadalete al Salado, de su barra, ni de llevarle al Trocadero, que «no tiene menos inconvenientes’.
El dictamen no puede aparecer más desolador. Pero lo mas extraño del asunto es, que se presentaba, como firmante primero y aceptando decididamente todo su concepto, Leonardo Turriano (al que dedicaremos un capítulo por su proyecto y decidida defensa de la construcción del canal que uniese a Guadalete con Guadalquivir).
No muchos días después, dirigió otro parecer a Felipe IV, y decimos otro, por ser distinto, y tan distinto, que es una total refutación suya (y del que trataremos en el siguiente artículo).
La Ciudad de Xerez de la Frontera no se conformó con el parecer de los ingenieros y demás que recorrieron las márgenes del Guadalete y las tierras del Guadalquivir hasta Trebujena, porque estaban convencidos de que no se habían hecho las nivelaciones debidas (y tenían toda la razón, como veremos en el artículo final de la serie) con lo que tacharon de insuficientes los estudios y de apa­sionados los conceptos formados en el asunto... Resucitaron en primer término para ello el parecer de otro ingeniero, dado en Gibraltar el 8 de junio de 1621. Era el célebre Julio Cesar Fontana, quien se mostraba muy entusiasta de la unión de entrambos ríos, y, considerándola como de grandísima utilidad pública.
El Ayuntamiento de Cádiz apoyó la nueva petición del de Jerez para conseguir la referida unión de ambos ríos y al fin el asunto quedó sin resolverse o porque cuidados mayores llamaron la momentánea atención del Rey y el Conde Duque de Olivares, harto fatigada con los conflictos que a la monarquía española suscitaban las naciones europeas.
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