Ciudad del Real Mourinho

  • El Madrid presenta su fábrica de talentos bajo el nuevo pulso que el luso provoca en la entidad, esta vez con Toril · Con Tito a 8 puntos, el portugués focaliza su crítica en casa

Mourinho es una máquina de ganar. Tan efectiva es, que nadie en la historia de un club tan ganador como el Real Madrid ha llegado a la redonda cifra de las 100 victorias tan rápido como lo ha hecho el hosco entrenador portugués. Nadie. Ni siquiera el inolvidable Miguel Muñoz que condujo a esa prodigiosa máquina de fútbol y goles a ganar 2 Copas de Europa y 9 Ligas. A Mou le han bastado 133 partidos para cerrar la centena de éxitos. MM, primero del escalafón hasta la goleada al Zaragoza del pasado sábado, lo hizo en 140. Lo único que le faltaba al bueno del portugués es volar por encima de las figuras sagradas del madridismo para creerse, definitivamente, plenipotenciario.

Florentino Pérez le ha entregado las llaves del club porque la mayoría de la masa social lo apoya a pesar de su arrogancia y sus despóticas maneras; y sobre todo, porque ha sido capaz de plantarle cara al arrebatador Barça que levantó Guardiola al otro lado de las trincheras. Pero con el Noi de Santpedor de año sabático, desintoxicándose de fútbol, Mourinho se ha encontrado con un nuevo campo de batalla. Tito Vilanova ha pasado de ser un simple ayudante del enemigo a sacarle 8 puntos en la lucha por la Liga. Y mientras persista esa enorme desventaja, al entrenador madridista no le conviene apuntar y disparar al gran emergió natural.

Él es el campeón doméstico, sí, pero bajo esa persecución necesita girar su punto de mira y encontrar algo a lo que disparar para hacerse oír, para inflar su pecho e imponer su autoridad. El motivo es bien claro: bajo ese clima de dialéctica, de confrontación y agitación, es como él exhibe su autoridad. Se siente legitimado para manejar ese vestuario de egos y estrellas galácticas. Así puede mandar al banquillo a Higuaín o Sergio Ramos sin menoscabar su mando y sin que nadie del entorno, ni siquiera en la planta noble del Santiago Bernabéu, rechiste y rebata sus medidas. Y así, puede mantener en el grupo esa tensión extrema que les hace responder en todos los frentes para que caigan los resultados favorables sin remisión. No puede ser de otra manera con esa rutilante plantilla.

¿Y hacia dónde ha apuntado ahora? De nuevo hacia dentro. Como sucedió en su día con Valdano. El elegido esta vez es Alberto Toril, el técnico del Castilla. "Nacho es un problema porque en el Castilla es central y en el primer equipo es lateral derecho", soltó ante la prensa Mourinho, responsabilizando claramente al técnico del filial blanco de esa desavenencia. "Es un problema porque la formación de los jugadores no debería tener contradicción. Si la educación tiene contradicciones es más difícil, es un proceso complicado", prosiguió el entrenador del primer equipo, que mira al filial más para facilitar traspasos (ahí están los casos de Carvajal o Joselu) que para ir dando entrada a los emergentes valores en el primer equipo, como se vio cuando se quedó sin un solo efectivo para el lateral izquierdo y tiró de Essien.

Ayer inauguró el club la tercera fase de la Ciudad del Real Madrid. Allí, Florentino Pérez lanzó un mensaje de apoyo sin fisuras a la política de cantera. Todos asentían. Pero... ¿alguien apostaría a que Mourinho preferirá callar y transigir si ve algo que no comparte dentro de esa política? Por algo se siente investido de la autoridad suprema, la que le confieren los resultados: ha conseguido en estas tres temporadas 100 victorias, 18 empates y 15 derrotas, con 359 goles a favor y 113 en contra.

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