Juan María Nin Génova. Abogado y economista.

"La gestión de la crisis fue meritoria, estamos mejor que en 2008"

"La gestión de la crisis fue meritoria, estamos mejor que en 2008" "La gestión de la crisis fue meritoria, estamos mejor que en 2008"

"La gestión de la crisis fue meritoria, estamos mejor que en 2008"

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-¿Por qué el Gobierno de España no ha sido más beligerante para contestar a Jeroen Dijsselbloem?

-Porque las declaraciones del ministro holandés, en su literalidad, no son lo que se ha publicado como tal. Él hizo una referencia más correcta políticamente y más de concepto que como se ha explicado aquí.

-Pero usted, en los días que se hizo público, fue muy beligerante, ¿no?

-En el sentido de que a mí me parece que cuando se pone en tela de juicio desde fuera la actuación de la sociedad española durante la crisis, una parte de la responsabilidad, la más importante cuando esto sucede, probablemente esté en nosotros mismos. En el sentido de que si nosotros predicamos una parte del todo sin tener en cuenta el gigantesco sacrificio que ha hecho la sociedad española durante esos años, que se diga que nos gastamos el dinero en otras cosas es una afrenta para la mayoría de la sociedad española y a una conducción de la crisis meritoria y seria.

-En su último libro es más cauteloso que el discurso oficial económico español.

-Una cosa es un libro académico, que por definición y por punto de partida ha de ser un libro que obligue a pensar en términos de contraponer, y otra cosa es ejercer responsabilidades prácticas de gestión con las cuales hay que ser extremadamente cuidadoso. En el libro lo que se viene a decir es que después del final de un largo ciclo de crecimiento de 50 años estamos en uno más corto donde hemos ganado tiempo, después de una brillante actuación de los bancos centrales y de los gobiernos, para acometer reformas estructurales que permitan superar algunos de los problemas que nos llevaron a esta crisis. Pero que haya deberes pendientes no significa que la salida de la crisis no sea positiva y que no estemos mejor que en 2008. Lo estamos.

-Un amplio sector de la sociedad sigue pensando que no hizo nada para causar esa crisis pero han sido la víctimas. ¿Cómo se les convence sin recurrir al populismo, que cuajó por este contexto?

-Con una explicación racional, sosegada, de lo sucedido. Y, como bien dice usted, sin acudir a posiciones extremas o al mundo de los sentimientos. Lo que también se dice en mi libro es que los errores son humanos, inevitables, y de ellos hay que aprender, pero tienen su parte positiva. Así, lo que toca es la exigencia de responsabilidades, de gestión, administrativas o puede incluso ser penales, pero también de comportamiento colectivo. Y también tener en cuenta que en la profunda naturaleza de la economía está la ciclicidad. El crecimiento no es fijo ni estará siempre. Las cosas, como corresponde a la fragilidad de todo lo humano, van mejor o peor. Lo que hay que hacer es atemperar como se pueda las caídas e intentar corregir una parte de esa ciclicidad.

-Varias voces experimentadas, como la suya, avisan de que no hay margen para ajustes fiscales. ¿Qué receta aplicamos? Porque aún tenemos problemas graves, como la deuda.

-Es un problema grave, pero la última publicación del Banco de España contiene datos positivos: el sector privado se ha desendeudado de manera importante. Está claro que el endeudamiento público tiene límites fijados en Europa -60% del PIB en 2030- y para corregir el alto endeudamiento lo que toca es cuidar en extremo los ingresos. Y para producirlos hay que fomentar la actividad empresarial y la creación de capital y de ahorro. Las medidas han sido muy valientes y buenas, pero se ha agotado el ciclo. En la mejora de la productividad está nuestra suerte. Porque coincide con una revolución. Aprovecharla es lo que nos sacará definitivamente de este ciclo.

-La revolución digital.

-Correcto.

-¿Vamos por buen camino?

-En términos generales, sí. Si concretamos habría que diferenciar.

-Al menos ahora somos líderes en fibra y hay condicionantes para no repetir el siglo XIX.

-Por supuesto. Nos quedamos atrás en la revolución del XIX y los que la aprovecharon tuvieron un incremento de bienestar muy importante. Ahora tenemos todos los instrumentos para no quedarnos detrás. Pero hay uno que es piedra angular: la educación. Adaptar nuestro sistema educativo a la revolución digital.

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