Ramiro Calle

"No quiero que me vean como un gurú, me incordia, porque no lo soy"

  • Este profesor de yoga y escritor considera que "la herencia espiritual y el legado artístico de la India son fabulosos, pero hoy es materialista".

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Ramiro Calle (Madrid, 1943) es el pionero de la enseñanza y divulgación del yoga y el orientalismo en España. Es director desde 1971 del centro Shadak, en Madrid, considerado el mayor centro de yoga de España. Ha impartido clases en la Universidad Autónoma de Madrid y ha participado en programas de televisión y radio. Es un reconocido autor de más de 200 libros de yoga, orientalismo, autoayuda, novelas y guías de viaje. Ha viajado más de 100 veces a la India. Su libro En el límite cuenta su experiencia cuando estuvo a punto de morir en 2010 por una listeriosis que lo tuvo en coma varios días.

-¿El yoga está de moda en Occidente? 

-Se puso de moda hace tiempo. Después ha subido y ha bajado en popularidad, pero es verdad que ahora está inmerso en gimnasios, centros deportivos, hogares de la tercera edad y hasta en algunas parroquias.

-Algunos lo confunden con un deporte…

-Es lo más lamentable que le ha podido suceder al yoga. Por ejemplo, lo del Bikram Yoga, que lo practican a 42 grados. Eso es sólo un culto al cuerpo.

-¿El yoga es espiritual?

-En el yoga verdadero, el papel de la mente es esencial. Yo siempre digo que el peor daño para el yoga es que pasó por América, porque esas cosas tan desvirtuadas vienen de allí.

-Entre todas las formas de yoga, ¿cuáles recomienda?

-Lo que recomiendo y hago es practicar el verdadero Hatha Yoga, y combinarlo con la meditación. Así, por el cuerpo pasamos a la mente y vamos armonizando.

-¿También está desvirtuada la meditación?

-Menos… Pero hay maestros que no tienen ni idea. Hoy se dan títulos de profesor de yoga por negocio y sin merecimientos a personas que no saben.

-Ha publicado más de 200 libros. ¿Cómo lo hace?

-A base de disciplina y con mucha voluntad, desde hace muchos años. Ahora estoy escribiendo una novela, pero he cultivado todos los géneros, desde los libros de yoga, a la superación, relatos, guías de viajes…

-Entre tantos libros, dígame los tres que considera imprescindibles.

-Pues le diría El faquir, que podemos considerar como un relato místico espiritual. También uno de los últimos, En el límite, que explica mi experiencia al borde de la muerte, cómo instrumentalizar el aspecto positivo de una grave enfermedad. Y uno esencial es El gran libro de la meditación, un manual muy completo para meditar.  

-¿No cita ninguno de yoga?

-El fundamental es Yoga para todos.

-Con la popularidad que tienen sus libros, ¿no es usted un gurú?

-La popularidad no la he buscado. No quiero que me vean como un gurú, me incordia, porque no lo soy.  Me considero un buscador espiritual. Un auténtico gurú es sólo el que está realmente liberado, y habrá cinco o seis en el mundo. Los que se llaman gurús son como actores o políticos frustrados, con un ego desmedido.

-Entonces Ramiro Calle no es como un Osho español…

-Mucho de lo publicado por Osho son charlas que han recopilado. El problema de Osho era que predicaba, pero él no lo practicaba. Tenía Rolls Royces y hasta le descubrieron un arsenal de metralletas. Aunque no practicaba, algunos de sus libros son brillantes. Intenté verlo en su ashram de Poona (India) y no me quiso recibir.

-El tantrismo o Tantra también se ha puesto de moda.

-En la enseñanza del tantrismo es donde hay más caraduras por metro cuadrado... Hay gente que se presenta como profesor de Tantra sólo para dar rienda suelta a su sexualidad. Otros publican libros de técnicas tántricas con fotos eróticas…

-Algunos creen que el Tantra es como un yoga sexual.

-Es falso. En el Tantra, la sexualidad es apenas un 10 %, no es un Kamasutra. Ahí sí puedo decir que, en la enseñanza del Tantra, hay muchas falsedades. Es lamentable que adulteren una enseñanza tan valiosa.

-¿Usted se considera budista, hinduista o qué?

-Me considero universalista. Me nutro de lo mejor, de Jesús, Buda, Lao Tse, Mahavira… Desconfío de las religiones institucionalizadas.

-¿El cristianismo debería recuperar su lado místico?

-Totalmente. El cristianismo auténtico es contemplativo, místico. No se puede dar de lado a la vida monacal, que es muy valiosa. En otros tiempos, la propia Iglesia católica había despreciado a San Juan de la Cruz y otros místicos.

-¿Por qué no se fomenta la mística?

-No es sólo un problema de la Iglesia católica, también pasa en el Islam y en el budismo. El místico parece que no es productivo, cuando meditar es una gran contribución para todo el mundo.

-Ha viajado más de 100 veces a la India. ¿Qué visión tenemos de ese país?

-Distorsionada. La India vive hoy de sus talentos pasados. ¿Qué sucede? Es el país donde florecieron más religiones y grandes maestros. Su herencia espiritual y su legado artístico son fabulosos. Sin embargo, hoy es más materialista que Occidente. Ha copiado lo peor y no suelta las tradiciones más opresivas, como las castas y el papel de las mujeres.

-Algo bueno tendrá…

-Para mí es sorprendente la aventura, el viaje, pero también te hace sufrir. Se puede ir a una búsqueda espiritual y encontraremos allí templos únicos, paisajes bellísimos, campos, el Himalaya, núcleos tribales insólitos… Lo tiene todo.

-En 2010 estuvo a punto de morir, por una infección cerebral que le causó una bacteria, tras un viaje a Sri Lanka. ¿Qué sintió después?

-Estuve entre la vida y la muerte. Los médicos llegaron a considerar inevitable mi muerte. Cuando volví a la vida, tuve dos sentimientos muy profundos. Uno de humildad, porque somos vulnerables; y otro fue que me di cuenta de que lo único importante es el amor y el cariño. Entré en el Hospital de La Paz, de Madrid, pesando 70 kilos y salí con 54 kilos. Después volví al yoga y estoy recuperado.

-Dicen que fue un milagro.

-Es una palabra ambigua. Fue asombroso. Me emocioné al enterarme de que habían estado meditando o rezando por mí monjes budistas de Sri Lanka, maestros hindúes, las monjas Clarisas Franciscanas en Valladolid… Se formaron grupos de meditación en Barcelona, Valencia y Andalucía. Fue muy emotivo.

-Al final, ¿cómo se define?

-Me defino como un buscador romántico de otras realidades. Soy un intermediario que pasa sus conocimientos a los demás, que es lo que hago en mi centro de yoga desde hace 41 años.

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