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Entrevista

Blanco: "Quien tributa 50.000 euros al año bien puede hacer una contribución extraordinaria"

  • El ministro de Fomento pide que "no se haga demagogia" con la subida de impuestos y que "no se saque de contexto lo que se está planteando".

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Uno de los hombres más poderosos de España aún conserva signos de timidez. Sus respuestas, sin embargo, son rotundas y claras, propias de quien sabe la lección al dedillo.

-El anuncio de congelación de sueldos a los funcionarios ha dividido a la opinión pública.

-¿Quién ha hablado de congelación? Hemos hablado de la necesidad de buscar fórmulas que permitan que el próximo año haya una contención de los salarios públicos de tal forma que no pierdan poder adquisitivo en un futuro, aunque este año con la crisis y la inflación negativa es aconsejable una contención considerable en la subida de los salarios.

-Cuando el Gobierno habla de subir los impuestos a las clases altas, hay quien teme que los acaben pagando las medias.

-Si vemos los ciudadanos que declaran a Hacienda, la inmensa mayoría tributan por menos de 30.000 euros de ingresos al año. Eso no sé si es clase media o no, pero cuando hablo de subir los impuestos a clases altas, me refiero a aquellos que declaran, por ejemplo, por encima de los 50.000 euros. Que no se haga demagogia y que no se saque de contexto lo que se está planteando. Una persona que tiene ingresos superiores a los 50.000 euros al año bien puede hacer una contribución extraordinaria en estos momentos de dificultad. La medida tiene bastante sentido.

-¿La crisis y ETA crucifican al Gobierno?

-La crisis es una preocupación del Gobierno, porque ya está durando demasiado tiempo en el ámbito internacional. Nos está llevando a tomar medidas extraordinarias para tratar de paliar sus consecuencias. Esperemos que pronto volvamos a una senda de crecimiento y recuperación económica que posibilite a nuestro país seguir generando bienestar. En relación con el terrorismo, la respuesta del Gobierno es acertada, y cada vez hace que la banda terrorista esté más debilitada y aislada, si bien es verdad que eso no evita que aún tenga capacidad para matar y hacer daño.

-¿Comparte la idea de que la crisis ha tocado fondo y de que España será uno de los países europeos que más tarde en salir de ella?

-No soy pitoniso ni tengo una varita mágica que me diga si va a tardar mucho o poco. Hay indicadores que apuntan hacia la recuperación. Es verdad que nuestro país, como consecuencia de un modelo económico sustentado durante demasiado tiempo en el ladrillo y con déficits claros de productividad, presenta rasgos propios que le pueden llevar a que aquí se tarde algún tiempo más en superar la recesión. Sin embargo, en España el PIB ha caído menos que en otros países europeos, como Alemania. Nadie sabe con certeza cuándo vamos a superar esta situación.

-La pérdida del Gobierno de la Xunta supongo que habrá sido para usted un momento amargo. ¿Qué balance hace de las directrices marcadas por Feijóo como presidente?

-No me corresponde enjuiciar la labor del presidente de la Xunta, con el que busco únicamente la concertación institucional para darle un impulso a la modernización de Galicia a través de sus infraestructuras. Lo que le pediría a Feijóo es que mirara más al futuro y que pensara menos en el pasado. En términos históricos el haber perdido el gobierno reviste una especial preocupación. El bipartito debería al menos gobernar durante dos mandatos. Pero eso es lo que han decidido los ciudadanos.

-¿Y la derogación del decreto sobre el gallego?

-Me he rebelado siempre contra las prohibiciones y contra las imposiciones. En materia de política linguística en Galicia hay dos lenguas, las dos cooficiales, el gallego y el castellano, y por las dos hemos de tener respeto.

-¿Se ve retornando a la política gallega a medio o largo plazo?

-No, ahora mismo no. En política nunca puedes decir de este agua no beberé, pero mi ambición política llegó, hace tiempo ya, a los límites que podía esperar. Hay vida más allá de la política y, por tanto, tengo otras ambiciones y otros retos en el ámbito personal que trascienden la vida política. No obstante, formo parte de un proyecto y no tengo la autonomía para tomar todas las decisiones que a uno le hubiera gustado tomar, entre otras cosas, porque mi caudal de gratitud hacia la persona que ha depositado en mí toda la confianza política en el partido y ahora en el gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, me obliga a no rechazar cualquier invitación que él pueda considerar que es de utilidad para el PSOE.

-¿Cuáles son esos retos personales al margen de la política?

-Hay muchos en el ámbito de la iniciativa privada que a uno le gustaría hacer. Una persona que, desde que tenía pantalón corto, estuvo metido en la dinámica política, pues siente la obligación de demostrarse a sí mismo que es capaz de hacer muchas más cosas que dedicarse a lo público. Algún proyecto tengo en la cabeza, pero es prematuro hablar de esas cosas. Ahora tengo una gran responsabilidad que es ser el ministro de Fomento del Gobierno de España, una tarea que debería llevarme hasta el año 2012.

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