La crítica

Alta (y fría) costura

  • El Ballet Flamenco de Andalucía inaugura anoche con un Vilamarta repleto la muestra jerezana

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Algo más de 15 años después, Rubén Olmo ha vuelto al origen. Ahora es él quien manda, ordena y dispone. Aquel alumno imberbe que participó en el taller coreográfico de la compañía andaluza entonces dirigida por María Pagés es hoy, a sus 32 años, el máximo responsable de renovar las viejas habitaciones del Ballet Flamenco de Andalucía, donde cundía la cuesta abajo de unos tobillos machacados y en donde casi todos decían que primaba el carné antes que cualquier otra cosa. En esta nueva etapa, nada mejor que una mente preclara y brillante para evitar, a priori, contaminaciones que nada tengan que ver con el arte. Aun así, como todo es mutable y todo pasa y todo queda, que diría aquel, Rubén Olmo no sólo se enfrenta a la necesaria renovación en el BFA sino que probablemente deba luchar por sobrevivir al cambio político que ya se huele tras el 'espectáculo' del 25-M. Veremos entonces.

Entretanto, aparece Metáfora, la primera producción en esta nueva etapa del remozado ballet andaluz que anoche fue el encargado de inaugurar en el Teatro Villamarta la décimo sexta edición del Festival de Jerez. Concebida en dos partes, una primera en la que Olmo exprime su vena más flamenca, y una segunda en la que cobran todo el protagonismo el clásico español, la escuela bolera y el contemporáneo, Metáfora se nos revela tan bella y plástica, tan bien rematada y confeccionada en lo formal, como epidérmica y gélida en su concepción y desarrollo. A todas luces excesiva en su 'metraje' y un tanto pobre en un correlación de números dancísticos que sólo nos enganchan a ratos y nos dejan frío, desconectado, en muchos otros pasajes.

Lejos del sugerente y abundante discurso que el bailarín sevillano proponía en Tranquilo alboroto, la celebrada obra de orfebrería que trajo a la última edición del Festival de Jerez, en esta producción del Instituto Andaluz del Flamenco decide ceder por completo el protagonismo -pensábamos que era casi imposible bailar menos en un espectáculo que lo que lo hacía la anterior directora del BFA- y dirige y desenvuelve una sucesión de climas y paisajes de alta costura llenos de lírica y colorido sin más pretensión ni profundidad aparente que el goce por el goce y la belleza por la belleza. Una sucesión que se nos antoja más como compendio academicista de quien es considerado como uno de los legatarios del tesoro de la danza española en su amplio significado, que como una de sus obras personales a las que nos había acostumbrado con su propia compañía, con quien lo mismo biografió a Belmonte que reconstruyó el cuento de Pinocchio.

Al preciosismo de Metáfora ayuda desde luego un abnegado cuerpo de baile comandado por Patricia Guerrero y Eduardo Leal -protagonistas también en el referido trabajo que Olmo presentó el año pasado en Jerez-, que actúan como puntas de lanza que ponen de relieve la maestría del que llegara a ser primer bailarín del Ballet Nacional de España a la hora de dar rienda suelta al montaje de sus coreografías y de mover en escena a los bailarines, guiándoles para que se desplacen con sentido y sutileza hacia los espacios, no ocupándolos sin más.

Más allá del impecable y exquisito vestuario de cada pieza, un acertado diseño de luces y de un discutible trabajo de escenografía, las dos llaves maestras que abren de par en par las puertas de la monotonía coral que impera en el montaje son las artistas invitadas, Pastora Galván (en la suite flamenca) y Rocío Molina (en la vertiente de danza española en su amplio significado). Y por supuesto, la Orquesta Sinfónica de Córdoba, que ofrece en directo una magistral partitura creada ex profeso para el espectáculo que da cuerpo sonoro a toda la segunda parte de la producción. En la médula del trabajo, Rubén Olmo a lo Escudero. Duende y misterio de la danza. Con sus elevaciones imposibles, sus entrecruzados fulgurantes, sus diagonales, sus escorzos, su inestable estabilidad de alma estilizada que se evapora. Tanto esperarlo y apenas le disfrutamos unos instantes.

Si en la suite flamenca sobresale el nervio y la voluptuosidad en los movimientos de Pastora, llena es de gracia especialmente en los jaleos, es en la segunda parte cuando Molina, con esa forma tan sui generis, se pavonea entre las arquerías moriscas que decoran el escenario bajo una perspectiva bailaora en el avant-garde de la danza. La malagueña es un auténtico animal escénico. Su físico de aire comprimido se torna en un cañón sobre la tabla que nos bombardea a cada paso y mudanza. Qué forma de llenar el proscenio con un toque de cuello u hombros. Galván y Molina, sevillana y malagueña, bien valen la producción. Sólo por verlas desfilar ya mereció la pena esta Metáfora.

Baile

'Metáfora' 

Ballet Flamenco de Andalucía. Dirección y Coreografía: Rubén Olmo. Solistas: Patricia Guerro y Eduardo Leal. Bailarinas: Sara Vázquez, Ana Agraz, Marta Arias, Mónica Iglesias, Maise Márquez (becaria). Bailarines: Juan Carlos Cardoso, Ángel Fariña, Fernando Jiménez, Álvaro Paños. Cante: Fabiola, Manuel El Zambullo. Guitarra: David Carmona, Manuel de la Luz. Percusión: David ‘Chupete’. Artistas invitadas: Rocío Molina, Pastora Galván. Música en directo: Orquesta Sinfónica de Córdoba. Ayudante de dirección: Rocío Coral. Maestra repetidora: Sara Vázquez. Diseño de vestuario: Eduardo Leal Ruiz. Diseño de escenografía: Juan Ruesga. Asistencia escenografía: Margarita Ruesga. Diseño iluminación: Juan Gómez Cornejo. Composición música ‘suite flamenca’: David Carmona. Composición musical para orquesta ‘ Transición’ y ‘Metáfora’: Agustín Diassera, Jesús Cayuela. Director musical: Juan Luis Pérez. Realización vestuario: Justo Robles ‘Salao’ (mujeres), Carmen de Giles (hombre). Peluquería y maquillaje: Manuel Cortés. Zapatería: Gallardo. Lugar: Teatro Villamarta. Día: 24 de febrero. Aforo: Entradas agotadas.   

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