En paralelo · Área formativa

Bailaores españoles en una vida anterior

  • Alumnos, sobre todo, extranjeros y mujeres copan los cursos del Festival de Jerez, ciudad en la que "querrían quedarse"

"Quizás en mi vida anterior viví en España. Me gusta todo lo que tiene que ver con este país. Lo amo y no sé por qué". Adriana no tiene familia en nuestro país. Ella es de Venezuela, pero se siente ya jerezana. "Venir y recibir clases con todos estos profesionales, en la cuna del flamenco, es una bendición". Menuda, morena y ojos bonitos baila desde hace tres años en su país, "pero necesitaba ver de cerca la técnica y el estilo de los artistas, en vivo, con cante y todo. El flamenco me permite estar cerca de España". "Sin aliento y sin palabras" asegura que se queda esta venezolana, alumna de Javier Latorre, cuando asiste a los espectáculos del Festival, "sin hablar del trato y la atención en la ciudad, que es impecable".

Es una de las muchas alumnas que participan en los cursos del Festival de Jerez que se desarrollan a lo largo de estas dos semanas, con varios niveles (básico, medio y perfeccionamiento) y que incluyen el aprendizaje de la técnica y estilo de las bulerías, alegrías, tangos, siguiriya, soleá, bata de cola, martinete, rondeña, farruca..., con Javier Latorre, Merche Esmeralda, Rafaela Carrasco, Mercedes Ruiz, Matilde Coral, Rocío Molina, Andrés Peña, Ana María López, Manuel Betanzos, Andrés Marín, entre otros muchos artistas.

"El flamenco es para mí como una droga. No puedo parar", cuenta María Dolores, una de las pocas españolas que hay en los cursos. Viene de Alicante, donde asegura que el flamenco no se ve mucho. "Ya vine hace cuatro años y prometí que tenía que volver. Y aquí estoy". "El flamenco me permite expresar muchos sentimientos. No puedo evitarlo. En esta ciudad es que es todo bueno", asegura emocionada, minutos antes de empezar su clase con Latorre.

"Jerez es muy famoso en Amsterdam. Tenía muchas ganas de estudiar flamenco en el Festival y además, tengo amigos que vienen todos los años", cuenta el holandés Ed, alumno de Latorre, que visita la ciudad por primera vez. "Me encanta el flamenco, el ritmo, el sentimiento. Me entró por los ojos. En Holanda también me dan clases de flamenco". Este músico reconoce que le encantaría vivir en Jerez.

Micaela es alta y rubia. Vamos, alemana. Se mueve con gracia mientras sigue las indicaciones de Rafaela Carrasco, su maestra. "Creo que es muy buena, me encanta". No es su primera vez en Jerez. Hace cuatro años que viene al Festival, "porque el flamenco para mí es una forma de expresarme, de bailar y escuchar música a la vez. Me gusta". Por eso, hace diez años que Micaela empezó a aprender este arte, y ha terminado montando una escuela en su país, con dos amigos. Se puede decir que vive del flamenco. "Cuando acabe el curso tengo que marcharme a Alemania pero me encantaría quedarme aquí".

Un novio español hizo que otra de las alumnas de Rafaela Carrasco se enamorara de este país. Su suegra le enseñó a amar la cultura española, "así que enseguida me apunté a bailar". Cuenta, que ya es visitante asidua de Jerez, no sólo durante el Festival, sino el resto del año. "Me llevo muchas cosas para mi país. La técnica del tango ya que también soy profesora de flamenco en Alemania. Le voy a enseñar todo esto a mis alumnos".

La mayoría de los alumnos de estos cursos son extranjeros. Es mínimo el porcentaje de asistentes españoles. Para la artista Rafaela Carrasco, que lleva 9 años participando en ellos, "muchos de los alumnos que tengo están bastante familiarizados con el flamenco, porque no es la primera vez que vienen a España, además nosotros damos muchos cursos fuera. El idioma no es imprescindible para comprender". Carrasco dice que se trabaja "especialmente el cuerpo, más que pasos de coreografía. Ya tendrán tiempo para ello. Es más importante la formación que la coreografía". Habla de nacer o de hacer y asegura que lo primero "ayuda, la verdad, porque la persona que ha nacido y se ha criado aquí lo ha vivido desde que eres pequeño. Sale todo como más natural". "Dar clases me alimenta mucho, quita energía, pero la gente es muy amable. Es algo recíproco. Yo enseño, pero los alumnos también me aportan. Se crea un vínculo muy fuerte", comenta.

Para Javier Latorre, que lleva ya doce ediciones de cursos, asegura que cada año "la cosa va evolucionando, hay más conocimiento, más nivel, se amplia el abanico de alumnos de países participantes, aunque sigue habiendo una pequeña representación de alumnos españoles". Dice el bailaor que debería apuntarse "todo al que le guste el baile, y más el que vive de él. Los profesionales no aparecen por ellos, y creo que la dinámica de formación y de mantenimiento del deportista de élite, que es al fin y al cabo lo que somos, no la hay". Se nace o se hace, inevitable pregunta, y Latorre pone como ejemplo "es como si para ser músico de jazz hubiera que ser negro, gordo y de Nueva Orleans. Yo soy valenciano, y a efectos del flamenco, es como ser alemán en este país. En Valencia todavía no se conoce nada del flamenco y no hay ningún sitio donde pueda haber flamenco. Por lo tanto, no, hay que sentirlo. Siempre he dicho que la grandísima ventaja que hay en Andalucía es que lo están mamando desde que nacen. Algo adquirido de mucho valor. Pero el flamenco, como arte y cultura universal, está abierto a todo el mundo que tenga capacidad de sentir. Luego, el aprendizaje técnico es cuestión de horas".

Latorre asegura que los cursos "se están solidificando cada año, hay oferta más variada de profesores, de espacios, y se abren mucho más a la gente de Jerez, algo importantísimo, porque la ciudad tiene que participar del Festival". A este respecto, dice que el certamen parecía "un coto cerrado abierto sólo a los que venían de fuera. La ciudad se está abriendo mucho y la repercusión se ve". "Es un lujo este Festival -añade- y este año, que predominan las mujeres, hay más calidad. Por cada hombre que baila bien hay diez mujeres que bailan bien. La competencia hace la calidad".

Merche Esmeralda es pionera en esto de los cursos del Festival, y asegura que este año "la cosa está más desigual, ya que hay gente que está en un nivel medio y otras que no tanto, pero aquí trabajamos para todos". "Me siento muy feliz -asegura- cuando vengo al Festival de Jerez porque se pasa bien, hay un ambiente muy bonito. Y hay muchos extranjeros porque es un certamen que llega a todo el mundo. Hay gente que se tira todo el año ahorrando para participar en los cursos". A lo largo de estos años, Merche Esmeralda se ha ido adaptando a los movimientos del flamenco, pero respetando siempre a los clásicos, a los orígenes y a la escuela andaluza. Los alumnos no son los únicos que se van con la bolsa llena de cosas nuevas, "y yo también aprendo mucho. Recuerdo que un profesor me dijo una vez que del alumno menos aventajado se pueden sacar cosas buenas. Y es verdad, porque de todo el mundo se puede aprender, aunque no sepa bailar bien, pero sus gestos pueden ser bonitos", comenta. "El maestro debe tener vista, oído y paciencia. Y los alumnos..., la técnica y el arte no se pueden mezclar. Y si se tienen las dos cosas pues es la última Coca-cola del desierto" (ríe).

Melody es francesa y baila desde que tenía 9 años. Su ilusión es aprender el baile más clásico, como las alegrías. Es su segunda vez en Jerez y le encanta que la profesora "nos dé tanta caña porque estamos aprendiendo un montón".

Lola es valenciana y baila en su tierra. Le encanta el flamenco y más Jerez. "Es el primer año que vengo y lo estoy disfrutando mucho. Me estoy empapándome de todo. Creo que ya me abono a esta ciudad".

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