HABLANDO EN PLATA

Historias flamencas: La bulería y el jaleo de Jerez

Muchos teóricos del baile consideran el jaleo de Jerez como antecedente de la bulería que, por otra parte, otros estudiosos atribuyen su creación, como cante, al jerezano Loco Mateo. Pero el jaleo de Jerez, del cual existían varias versiones, según me confesaba el viejo maestro de la guitarra Rafael del Águila, tuvo su gran apogeo durante el el siglo XIX.  Un baile de la escuela bolera, rozando lo límites flamencos que, tal vez, influyera en el remate que el Loco Mateo le hacía  a su cante por soleares. Eso hizo creer al maestro Antonio Mairena y al poeta y flamencólogo Ricardo Molina que el nombre de dicho cante y baile bien podría proceder de “bolera” y así de bolera, bolería, acabaría siendo bulería por corrupción del vocablo. De ser esto cierto, la bulería habría sido en origen un baile popular de los siglos XVIII y XIX. Nada menos cierto, ya que la teoría expuesta carece de consistencia.

De todas maneras, puede que Mateo el jerezano se inspirara algo en el jaleo, sobre todo si el remate de su cante era bailable, como parece ser que fue en realidad. Y de ahí, de esa fusión surgiera la bulería con la enorme fuerza de un verdadero jaleo de palmas, guitarra, zapateado y gritos jaleadores, como siempre suele manifestarse, por lo que en realidad, dado que jaleo equivale a bulería, por eso se la llame también fiesta. Cantar por fiesta. Lo que es tanto como convertir el cante en fiesta.

Para el viejo maestro gaditano, Aurelio Sellé, las bulerías constituyen el comienzo de la fiesta, ambientándola y predisponiendo al auditorio para que escuche después el cante serio. La bulería asegura y pone en condiciones la voz para cantar mejor. Y esto lo hacía perfectamente, en tiempos antiguos el célebre desconocido Antonio la Peña, uno de sus mejores intérpretes. Al igual que esa otra desconocida que fuera Isabelita de Jerez, quien poseía un eco gitano insuperable y todo lo cantaba con la mayor enjundia. Aunque lo suyo, su fuerte, fueron siempre sus bulerías para bailar. Las mismas que se llevó a la tierra, el día de su inesperada muerte, acaecida en Zamora, durante una gira artística, formando parte del espectáculo de Pastora Imperio.

Unos artistas, conocidos por Los Fabianos, llevaron a la capital de Francia, en 1859, el baile del jaleo de Jerez y, años después, en 1875, dos estrellas del ballet francés, la Noblet y la DuPont, atraídas por la moda del baile español castizo, aceptan contrato para actuar en el teatro del Liceo, de Barcelona, y aprovechan su estancia en nuestra patria, para identificarse con el repertorio nacional, llegando a una superación ejemplar, bailando el jaleo de Jerez, uno de los bailes más populares de aquella época.

Era tanto el auge del jaleo y el de la bulería, prácticamente de la mano, uno de la otra, que en 1917 se celebra un gran festival en el mencionado coliseo de la ciudad condal, a beneficio de los heridos de la primera guerra europea, actuando juntas la bailarina regional Nati la Bilbainita y la tonadillera Raquel Meller, dándose el caso de que esta última incluso se atrevió a bailar unas bulerías que hicieron furor entre el público que llenaba el Liceo.

La Macarrona, La Malena, las Antúnez, La Geroma, Ramírez, Estampío... quizás no hicieran el jaleo ni los demás bailes boleros, pero si es fama que eran extraordinarios por bulerías, el baile que era toda una novedad en la época dorada del mejor arte flamenco. Y la bulería siempre, entre las manos y los pies de nuestros artistas, fueron dándose a conocer en teatros y cafés cantantes, hasta ser consideradas no como un baile de chufla, o chuflillas, como hubo quien así las denominara, sino como una forma de bailar bastante difícil y de grandeza única, que todos los demás flamencos querían aprender.

Para el maestro Manuel Fernández Molina Parrilla de Jerez, uno de los grandes de la guitarra flamenca de nuestro tiempo, el toque más dificultoso no era el de las seguiriyas, como muchos creían, sino las bulerías. Un toque precisamente que él llegó a dominar como el mejor de todos los tocaores nacidos en esta tierra.   

Podemos afirmar, sin lugar a dudas, que el cante y  el baile de Jerez, por antonomasia, no son otros que la bulería, aunque estas se canten y se bailen en otras zonas, pero aquí nacieron y aquí se perfeccionaron, hasta alcanzar la categoría que actualmente tienen como estilos más emblemáticos de nuestra ciudad, de sus cantaores y de sus bailaores. Una fiesta en Jerez no se entenderá nunca si no es a base de bulerías; porque, como ya hemos dicho, bulería es sinónimo de fiesta; flamenca, se entiende, naturalmente.

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