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La otra Cartuja

  • La curiosa historia de la ermita de 'Salto al Cielo', levantada en el siglo XVIII por los monjes cartujos a una legua del Monasterio de la Defensión

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Dejad volar la imaginación hasta la imponente portada renacentista del Monasterio de la Cartuja. Traspasada la puerta, apreciad el aire de paz y tranquilidad que se respira entre las murallas de su inmenso patio y buscad, buscad entre las inmensas losas de piedra unos extraños 'dibujos' y signos grabados con punzón sobre el suelo que se mantienen desde hace más dos siglos. Estos 'dibujos' son líneas incisas de círculos concéntricos, arcos y capiteles que se cruzan y que correspondían al plano de montea de la planta de linterna que corona la bóveda de una ermita. Con los planos de montea, los arquitectos hacían en la época sobre el suelo los planos a tamaño natural para su posterior traslado.

Un viajero romántico francés, Antoine de Latour, se adentró en 1848 en las entrañas del derruido monasterio, observó aquellos signos y dedujo aquél misterioso enigma, que también estudiaría ese genio de la arquitectura que fue Francisco Hernández Rubio y, más recientemente, Francisco Pinto Puerto y José Antonio de la Rosa. Se trataba, como adelantó el francés Latour, de elementos de otra construcción cartujana, la ermita de 'Salto al Cielo'.

Una legua separa el monasterio de esta segunda Cartuja, la 'minicartuja'. Tomad el camino de la carretera de Jerez-Cortes hasta Cuartillos. Allí, girad a la derecha en dirección a San Isidro del Guadalete. El trayecto es un agradable paseo entre la deliciosa campiña jerezana hasta que, tras dos repechos, sorprende al caminante la silueta de una imponente cúpula, asentada sobre una loma, que pareciera salida de la nada entre viñedos y tierras de labor y desde la que se divisa el cauce del río Guadalete . Estamos a los pies de la inmensa finca 'Salto al Cielo', la antigua extensión hoy propiedad de los López de Carrizosa Domecq de nombre 'La Parrilla', entre cuyos límites encierra algunas historias. En 'La Parrilla' , se cuenta, seguidores de la 'mano negra' asesinaron a un hombre en los tiempos de convulsión y auge anarquista en los campos andaluces. Se llamó a aquello 'el crimen de La Parrilla'. Y hasta hace pocos años, en 2008, un grupo de inversores trataron de levantar sin éxito un ambicioso complejo de golf, un hotel de cuatro estrellas y una zona residencial con más de cuatrocientas viviendas.

Va  de historia

Bueno, y ¿por qué una segunda Cartuja? La historia tiene su miga. Una leyenda muy del gusto de los espíritus del romanticismo, atribuyó la construcción de la ermita a una especie de asilo, donde los frailes enfermos o moribundos esperaran en su muerte el 'Salto al Cielo'. La leyenda se quedó ahí, en leyenda: La documentación que ha llegado hasta nuestros días confirma la costumbre de que los monjes recibieran los cuidados médicos en sus propias celdas.

Existe otra versión: Muy al contrario, su construcción tendría que ver con la propia historia de la Orden a partir de sus fallidos intentos segregacionistas que, desde los tiempos de los Reyes Católicos, iban dirigidos a la independencia de la Gran Cartuja de Grenoble de las dieciséis sedes cartujanas que existió en los reinos de Carlos III y que, finalmente, prosperó en 1785. De ahí surgió la Congregación nacional Cartujana. Como primer Padre General de la Congregación se nombró al prior de Jerez, don Antonio Moreno de Miranda, que se establece junto a los seis miembros del Definitorio en la Cartuja jerezana, cuyas riendas tomó dom Juan Muñoz.

Una vez en la Cartuja dom Antonio Moreno de Miranda y sus seis monjes del Definitorio, se planteó una situación muy complicada en el monasterio, donde convivirán dos comunidades: por un lado, la que representan los monjes con su vida monástica normal, la dedicada a la oración, el silencio, el trabajo y el estudio y otra comunidad que formaba la curia generalicia. Puede ser entonces que la imposibilidad de la convivencia entre estas dos comunidades lo que aconsejase la construcción de un edificio cercano para alojar allí al Padre General y su Definitorio. De esta manera, no interferirían en las condiciones de soledad y silencio que los monjes precisaban. El inicio de la construcción de esta 'minicartuja' se ha situado entre los años 1793-94. Lo primero en construir fue una capilla adosada a tres arcadas del Claustro, alrededor del cual se añadirían las siete celdas destinadas a los monjes del Definitorio.

¿Capilla  o sala capitular?

Manuel Antonio García Paz, director del área municipal de Cultura y uno de los mejores conocedores de nuestro patrimonio, trató de echar más luz sobre esta construcción, días atrás, en una conferencia que ofreció en el Campus de Jerez. "En mi opinión -apuntaba García Paz- es que la construcción es un espacio circular, una sala capitular, no una capilla, donde los monjes podían celebrar sus reuniones. Las capillas de la orden de los cartujos eran siempre construidas de forma rectangular para instalar la sillería". Describe García Paz la construcción como una capilla circular con prolongación de presbiterio articulado con dos estancias anexas situadas simétricamente. En la cabecera de la capilla se ubica el altar, y a los pies una especie de logia que pudiera ser el apunte de un claustro inacabado. Este espacio se remata por una cúpula esférica con linterna.

La invasión francesa y la Desamortización de Mendizábal es la causa más probable del parón que sufrieron las obras de la ermita, que sólo alcanzaron hasta la cornisa. Aunque también se recuerda que en el capítulo general celebrado en la Cartuja de Valdecristo de Segorbe en mayo de 1794, deja de ser Prior General el padre Moreno y se decide establecer en ese monasterio la nueva sede Capitular.

El historiador Joaquín Portillo nos ha aportado el curioso dato de que "en la misma capilla le daban culto a una Divina Pastora, en la que todos los domingos y fiestas de guardar, decía misa un religioso de los Descalzos o de la Santísima Trinidad, pagada por los propios cartujos". Aún hoy, puede venerarse allí esa imagen de la Virgen María.

Otra duda surge a la hora de determinar el nombre del arquitecto autor del proyecto, aunque en esa baraja de nombres parece acertado el de Torcuato Benjumeda, hombre muy vinculado al grupo iniciado por Torcuato Cayón de la Vega, que había trazado para la Cartuja la Fuente del Claustrillo. Benjumeda fue, posiblemente, el autor de esos extraños signos que aparecieron en el patio anterior a la fachada retablo de la iglesia del monasterio. Benjumeda era natural de El Puerto y, en su bautizo, fue apadrinado por el propio Torcuato Cayón. A la muerte de Cayón, Benjumeda continuó con la labor emprendida por su maestro.

Caballos y toros

Cuando se decide que la ermita de 'Salto al Cielo' no continuaría como sede del Vicario General, y con las obras inacabadas, se acomete el cubrimiento superior del templo de una forma rápida y poco costosa. Por tanto, es casi seguro que tanto la bóveda como la linterna se construyeran bajo la dirección de otro arquitecto distinto a Benjumeda.

Los monjes no sólo dedicaron su esfuerzo a la cría caballar, la del caballo cartujano; este trabajo también se extendió a sus ganaderías de reses bravas, que cobrarían una enorme celebridad. Sin un sitio fijo donde concentrar al ganado, se levantó a finales del XVIII junto a la capilla, una recoleta placita de tientas de piedra con manga de entrada y corrales que se conserva en aceptables condiciones. Hasta llegar aquí, pasad por su curioso arco de entrada, donde pueden verse el escudo mariano con el anagrama de 'Ave María'; en el centro, el escudo del Monasterio, dos leones al pie de un árbol y, bajo este, la cartela con la fecha 'Año de 1797'.

La ganadería gozó de gran fama. De allí salieron toros que se lidiaron en Madrid o Sevilla. A los de mayor calidad, se les llamaba los toros de 'papillo y verruga', un defecto que tenía el entonces muy apreciado caballo cartujano y que avalaba su óptima calidad. Muchos ejemplares cartujanos solían tener el defecto del papillo tras la barba muy desarrollado y verrugas bajo la cola. La cría caballar se realizaba en otras propiedades de los cartujos, que acumularon una gran cantidad de riqueza en tierras, dehesas y cortijos. Se decía que, desde Jerez y hasta Morón de la Frontera, se extendían inmensas y ricas propiedades de la Orden de San Bruno.

Con los años, llegó el cataclismio. Los cartujos jerezanos fueron también 'monjes nómadas', por las constantes idas y venidas a consecuencia de la guerra napoleónica y los planes de exclaustración. Habían pasado 350 años de vida religiosa entre los muros del Monasterio y ya parecía cercano el final.

Llegan los franceses

La primera exclaustración de la comunidad se produjo con la llegada a Jerez de las tropas de José Bonaparte, conocido por el pueblo por Pepe Botella, aunque paradójicamente fuera abstemio. Desde el 30 de enero de 180 hasta finales de agosto de 1812 se vieron obligados a refugiarse en Cádiz y San Fernando Las tropas francesas ocupan el Monasterio para su uso como cuartel, dejando tras de sí un complejo totalmente destrozado y derruido.

Durante el trienio constitucional, que suprime oficialmente la vida comunitaria, los cartujos de la Defensión tuvieron que abandonar el Monasterio entre 1821 y 1823. Hay después un paréntesis de normalidad en la comunidad, que se prolongó unos doce años, hasta que en agosto de 1835 la ley de exclaustración y desamortización de bienes decretada por Mendizábal volvió a dejarlos en la calle. Es entonces cuando comienza el abandono y deterioro del Monasterio hasta 1948, año en que estuvo a pique de su desaparición. Providencial fue la intervención del recordado bodeguero Manuel María González-Gordon, el Tío Manolo, quien con mucho esfuerzo y gestiones ante la sede de Grenoble, logró la vuelta de una comunidad de monjes que ocuparon de nuevo el Monasterio.

Por fin, la comunidad de padres cartujos abandonó La Cartuja en 2002. Desde entonces, lo habitan las hermanas de Belén, que tienen como referente espiritual a San Bruno, al igual que los cartujos. En la ermita, su capilla fue restaurada, hace unas décadas, por la familia López de Carrizosa. También se conserva la placita de tientas, pero -a diferencia de los caballos- la ganadería de reses bravas desapareció.

Entretanto, ahí sigue como un vigilante sobre la campiña la antigua ermita de 'Salto al Cielo', la segunda Cartuja, la 'minicartuja'.

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