Jerez, capital y catedral de un arte "sin fronteras"

  • Medio centenar de espectáculos para un público de 35 países, el festival se supera año tras año

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La ciudad volverá a erigirse en los albores de la primavera del año próximo, entre el 22 de febrero y el 8 de marzo, en la catedral mundial del flamenco, un arte sin fronteras que encontrará nuevamente en el Festival de Jerez, que cumplirá doce ediciones en plena forma, un escaparate inigualable para mostrarse al gran público en toda su dimensión, sin prejuicios y en pleno período de ebullición y reconocimiento. Prueba irrefutable de esto último reside en el hecho, sin ir más lejos, de que la duodécima edición de la muestra contará en su programación, avanzada ayer en el Teatro Villamarta por la organización y cuyas entradas y abonos saldrán a la venta el próximo 12 de diciembre, con los últimos galardonados con el Premio Nacional de Danza, la sevillana Manuela Carrasco; y el Nacional de Música, el badalonés Miguel Poveda, un incondicional del festival.

Ambos formarán parte de una nómina de medio centenar de espectáculos y cientos de artistas que en cuatro escenarios diferentes -los ya habituales de Villamarta, Compañía, Apóstoles y Villavicencio- y dieciséis días de reunión flamenca tomarán el pulso a las constantes vitales del jondo contemporáneo y mostrarán a un público original de más de 35 países sus últimas creaciones y variaciones conceptuales.

Para la apertura de la muestra no ha podido elegirse mejor y más castizo estreno absoluto. ¡Viva Jerez!, coproducción de la Agencia Andaluza del Flamenco y el Teatro Villamarta, pondrá en escena a dos de las adalides del baile jerezano actual, María del Mar Moreno y Mercedes Ruiz, quienes junto a Fernando Terremoto y la inestimable colaboración de Angelita Gómez trazarán un recorrido intergeneracional por el arte flamenco del terruño, todo ello orquestado en la trastienda por Javier Latorre, Paco Cepero y Francisco López.

Pero habrá mucho más en dieciséis días de maratón flamenca. Y el tiempo, el maldito tiempo, será el eje argumental y reflexivo de gran parte de las propuestas que se exhiban. La soleá de La Yerbabuena; el genio creativo de un outsider como Israel Galván; el tirón de Rafael Amargo; la casta de Andrés Marín, Farru y Barullo; la farruca de El Güito; el poderío de Isabel Bayón; y el viaje intimista de El Pipa.

Todos ellos irán cayendo en cascada en ese exquisito cóctel de emergentes y consagrados, clásicos e innovadores. Al talentoso y enérgico baile se unirá el inimitable bordón de Manolo Sanlúcar; el soniquete salvaje de Capullo de Jerez; la veteranía de José Menese y Calixto Sánchez, quienes intervendrán en un importante ciclo de cantaores que culminará con la frescura de Antonio Reyes y el metal único de Manuel Moneo. En definitiva, si alguna vez en el festival hubo de todo y para todos, en esta ocasión la oferta se eleva a la máxima potencia.

Notorio es ciertamente que el festival ha ganado peso en los últimos años a la hora de ampliar su oferta y diversificar su temática central, el baile flamenco y la danza española, pero destacada es también la apuesta de la dirección técnica de la Fundación Teatro Villamarta, encabezada por Francisco López, por configurar un cartel inteligente, equilibrado y, sobre todo, incapaz de caer en la miopía y el conformismo del sota, caballo y rey imperante en muchos certámenes. Por esa máxima lampedussiana de cambiar todo para que nada cambie, las propuestas más arriesgadas de esta nueva edición no sólo pasarán por ciclos más minoritarios, sino que en esta ocasión esos nuevos impulsos creativos se trasladarán al primer escenario y al prime time de la muestra. Ejemplos: Estévez y Paños, entre los grandes triunfadores del año anterior; y Son de la Frontera, el encantador hipnotismo del tres cubano en la atmósfera única de Los Apóstoles. Quién da más.

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