Mutilación verbal

ME cuenta un amigo que, además de muchos inmigrantes buscándose el sustento, no son pocos los casos de chavales que se bajan de los  cerrados valles del catalanismo feroz hasta Barcelona con la intención de aprobar el examen de taxista. Entre las condiciones de la prueba se encuentra tener suficiente conocimiento de castellano como para atender a un cliente. Ahí caen a puñados. El inmigrante porque lo habla mal o no lo habla. Pienso en el caso de los catalanes y me sorprendo. Se trata, es evidente, de jóvenes que han tenido la desgracia de ser educados por padres que les mutilaron, en muchos casos a conciencia. Quizás tenían la vana esperanza de que, si el ‘nen’ les salía estudioso, la Universidad de Granada (por ejemplo) les buscaría un profesor ‘catalá’ para enseñarles las asignaturas de Biblioteconomía. Pues no. La vida no es un juego. Y menos aún un lugar para que todos se plieguen a tus caprichos. Por muy diferente que seas.

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