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Treinta años pegado a la venencia

  • Desde su estreno en el 88, Jesús Rubiales ha paseado por medio mundo el arte de la venencia y el nombre de Jerez

  • Su empresa, Venenciadores S.L., ostenta el récord Guinness de este oficio

Imagen de la concentración de 61 venenciadores en Sevilla en 2005 con la que la empresa de Rubiales estableció el récord Guinness, siendo la única de Jerez que ostenta este certificado. Imagen de la concentración de 61 venenciadores en Sevilla en 2005 con la que la empresa de Rubiales estableció el récord Guinness, siendo la única de Jerez que ostenta este certificado.

Imagen de la concentración de 61 venenciadores en Sevilla en 2005 con la que la empresa de Rubiales estableció el récord Guinness, siendo la única de Jerez que ostenta este certificado.

Confiesa que en su estreno como venenciador le temblaban hasta las cejas. Corría el año 88 cuando le contrataron por primera vez para una boda en Arcos. Y la experiencia resultó tan satisfactoria que, tras sobreponerse a los nervios iniciales gracias al cariño y la amabilidad de los invitados, se percató de que la venencia le acompañaría toda su vida. De eso hace ya treinta años, los mismos que lleva difundiendo el arte de la venencia por todo el mundo,

Fue su bautizo y su consagración como venenciador, profesión que Jesús Rubiales compaginó en los primeros años con la de tonelero, hasta que a mediados de los noventa decidió establecerse por su cuenta con la fundación de Venenciadores S.L., empresa que ostenta el récord Guinness a la mayor concentración de venenciadores.

Los comienzos fueron duros, explica Rubiales, quien recuerda que los fines de semana se vestía de corto y cogía la venencia porque el sueldo de tonelero, profesión en la que se inició en el 86 como aprendiz en Sánchez Romate siguiendo los pasos de su padre y de su abuelo, no daba para mucho.

"Había hecho algunas vendimias con Romate y, como no era buen estudiante, mi padre me animó a aprender un oficio y entré en la tonelería. En la bodega conocí a Agustín Coro, que trabajaba los fines de semana de venenciador. Me llamó la atención y, como el sueldo de aprendiz era bajo, en los ratos libres me ponía a practicar con una tina llena de agua y la venencia para poder sacar algún complemento extra".

Para su primeros desplazamientos, principalmente a Huelva y Málaga, pedía prestado a su padre el 'Seíta'. Su simpatía y profesionalidad le brindaron cada vez más contratos, hasta que a mediados de los noventa decidió establecieres por su cuenta y dedicarse en exclusiva a la venencia.

"Me dijeron que estaba loco, cambiar un trabajo fijo de siete a tres para aventurarme por mi cuenta, pero la venencia me cautivó desde el principio; te sientes un embajador de Jerez y de sus vinos y la gente se queda encantada", señala Rubiales, quien puntualiza que le cogió miedo a la carretera por el cansancio acumulado. "Me echaba agua por encima y me daba golpes en la pierna para no quedarme dormido al volante; llegaba a Jerez de madrugada y a las cuatro horas tenía que incorporarme a la bodega".

Su profesión le ha reportado grandes alegrías, como el homenaje promovido por el Club Taurino Jesulín de San Fernando y la ya fallecida María del Carmen Ruiz en 1996; el reconocimiento y la entrega de la Medalla de Oro de la Virgen del Rocío por parte del Ayuntamiento de Benalmádena en las Fiestas de San Juan de 1999; el del programa de Canal Sur 'Senderos de Gloria' de 2001 o el premio Castañuelas de Plata que le concedió el Café de Chinitas de Madrid en 2009 por su trayectoria profesional como venenciador.

Ese mismo año, el de 2009, Rubiales volvió a vestirse de corto después de un paréntesis de cinco años en el que colgó la venencia para centrarse en dirigir su empresa. "La crisis me cogió de lleno y volví a venenciar, pero ahora sé que ya no me vuelvo a quitar el traje hasta que me muera, porque es lo que más me gusta, con lo que disfruto haciendo a la gente feliz y me siento como un artista".

Simpatía y profesionalidad, son los valores que Jesús Rubiales transmite a sus trabajadores -venenciadores, cortadores de jamón, y azafatas- en cada servicio que presta su empresa, con la que ha llevado el arte de la venencia y la difusión del vino de Jerez, también acompañado de flamenco y espectáculo ecuestre, por medio mundo: EEUU, México, Italia, Reino Unido, Alemania, Holanda.

"Sólo me queda Japón", explica este venenciador con tres décadas de experiencia a sus espaldas que entre sus grandes logros cita tanto el récord Guinness logrado en 2005 con la concentración de 61 venenciadores en Sevilla, como la inauguración de la Feria del Caballo de 2007, en la que sirvieron 36.000 copas de jerez recibiendo, venencia en mano, a los jerezanos y visitantes en todos los accesos del Hontoria.

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