Los alimentos, por las nubes

  • Los precios ponen a los consumidores contra las cuerdas en plena época prenavideña al dispararse un 4,1%. La peor partida se la llevan alimentos como la leche, el pan o la carne, que repuntan por encima del 10%

Malas noticias para los bolsillos. Los datos definitivos del Índice de Precios al Consumo (IPC) confirman las peores previsiones: los precios subieron un 0,7 por ciento en noviembre respecto al mes anterior y un 4,1 por ciento en tasa interanual, la cifra más alta desde enero de 2006. ¿Lo peor? Que en plena época prenavideña, los alimentos figuran entre los sectores más inflacionistas, con un encarecimiento anual que llega al 6,6 por ciento, frente al 4,9 de octubre. El Gobierno admite que es un mal dato y advierte que la inflación no dará tregua hasta pasada la primavera, así que deberemos apretarnos el cinturón hasta el segundo semestre de 2008. Incluso ya hay analistas, como los de Funcas, que prevén un repunte de la inflación del 4,2 por ciento en diciembre y del 4,4 a principios de 2008.

Junto a los alimentos y bebidas no alcohólicas, los principales responsables de la subida de precios en noviembre fueron el vestido y el calzado, con un incremento del 3,2 por ciento con respecto al mes anterior por los últimos efectos de la temporada de invierno; el transporte, que se encareció un 1,4 por ciento por el alza de carburantes y lubricantes; y los gastos de la vivienda, que subieron cinco décimas debido al repunte en los combustibles para calefacción. Eso sí, la bajada de los viajes organizados en un 3,4 por ciento y de los hoteles, en un 3,9, unidos al abaratamiento de los automóviles contribuyeron a que el incremento de los precios no fuera aún mayor.

Pero lo cierto es que las subidas más espectaculares correspondieron a alimentos básicos de la cesta de la compra. En el último año, la leche se ha encarecido cerca de un 30 por ciento, el pan un 14 por ciento, el pollo un 11,4, los huevos ya cuestan un 9,7 por ciento más y los productos lácteos un 9,6. Aún así, los carburantes tampoco se han quedado atrás en la subida interanual, puesto que se han encarecido un 13,4 por ciento, elevando el alza del grupo de transporte al 6,6 por ciento. El grupo de vivienda también ha repuntado un 4,7 por ciento y la enseñanza un 4,1.

La inflación subyacente, que no tiene en cuenta la evolución de los alimentos frescos ni de los productos energéticos, repuntó cinco décimas en el mes para situarse en el 3,2 por ciento en tasa interanual, una décima más que en octubre. Por otro lado, el diferencial de precios con la UE se mantuvo en el 1 por ciento, lo que demuestra que la subida de precios está siendo común a todos los países hasta situar la tasa de inflación en la Eurozona al 3,1 por ciento en noviembre, el nivel más alto desde inicios de 2001.

Ante este panorama, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, aseguró ayer que habrá que esperar hasta mediados del próximo año para asisitir a una moderación de los precios, unas palabras que contrastan con las pronunciadas hace apenas un mes, cuando afirmó que los precios bajarían a partir del mes de diciembre.

Zapatero señaló, sin embargo, que la subida ha sido común a todos los países y responde al repunte de los precios del petróleo y el alza de los alimentos provocado por el incremento de la demanda, especialmente en los países asiáticos.

La valoración de sindicatos y partidos de la oposición fue mucho más pesimista. El secretario ejecutivo de Economía del PP, Miguel Arias Cañete, aseguró que el dato de inflación es "catastrófico" e ironizó con que la receta del Gobierno para combatirlo es "recomendar a los españoles que pasen las Navidades comiendo conejo". Un asunto éste último que también levantó ampollas entre los productores de cerdo y vacuno, que lamentaron que el Gobierno emprendiera una campaña de promoción del consumo de conejo como producto alternativo a los menús tradicionales de Navidad, mientras toda la ganadería atraviesa una de las mayores crisis de su historia a causa del encarecimiento de los piensos.

Para IU, la evolución del IPC es "una losa más a espaldas de las economías domésticas", mientras que para los sindicatos la cifra genera preocupación en un contexto de rápida ralentización económica.

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